Una diseñadora dejó un sueldo de 75.000 dólares para coser uniformes en Yellowstone

Adrián Villellas
Publicado el 8 de octubre de 2026 a las 09:44
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Terrazas de Mammoth Hot Springs, junto al pueblo de Mammoth donde se alojan trabajadores de Yellowstone

Zoe De La Paz, de 26 años, compartía dormitorio en Yellowstone con una mujer a la que había conocido apenas unos meses antes, no tenía coche y algunas noches la despertaba a las tres de la madrugada el bramido de un uapití, el gran ciervo norteamericano, al que llamaba su «despertador de pesadilla». Por esa cama pagaba 96 dólares al mes, según contó a CNBC Make It.

Hasta hace poco trabajaba como diseñadora mecánica en una empresa de ingeniería de Chicago y ganaba unos 75.000 dólares al año. En junio de 2026 se marchó al parque nacional para coser uniformes en el departamento de vestuario de Xanterra Parks & Resorts, la concesionaria que gestiona hoteles, alojamientos, restaurantes y otros negocios dentro de Yellowstone.

En el parque cobraba 19,25 dólares la hora, bastante menos que en la oficina, aunque aseguraba que gastaba menos en vivienda y comida que en la ciudad. «Para mí el cambio merece mucho la pena, porque puedo vivir en uno de los lugares más bonitos del mundo», explicó.

Una visita a un amigo en 2024 le hizo replantearse su trabajo

En 2024 viajó a Yellowstone para ver a un amigo que tenía allí un empleo de temporada. La belleza del parque y la libertad que veía en él le metieron en la cabeza la idea de dejar su trabajo de oficina de nueve a cinco y mudarse algún día.

«Fue lo que me hizo darme cuenta de que la vida era demasiado corta y de que era muy infeliz en mi trabajo corporativo», contó a CNBC Make It.

De La Paz había empezado a coser de adolescente para hacerse trajes de cosplay, la afición de recrear el vestuario de personajes de ficción. En Chicago aceptó trabajos de noche y de fin de semana en salas de conciertos y, mientras servía el catering de un concierto de The Weeknd, conoció al equipo de vestuario del artista, que la contrató para trabajar en la ropa de los bailarines de la gira.


A principios de 2026 buscó un empleo de costura más práctico y creativo y lo encontró entre las ofertas de Yellowstone, que revisaba de vez en cuando desde aquel viaje. «Desde pequeña me habían dicho que el trabajo tenía que ser trabajo y el juego, juego, y que no existe necesariamente un mundo que permita que ambos convivan», recordó. «Nunca pensé que mi afición pudiera convertirse en mi profesión».

Cremalleras, botones y más de 40 pantalones en un día

Su jornada empieza con el autobús de empleados de las 6.45, que en unos 15 minutos la lleva desde su residencia en Mammoth Village, en la parte de Wyoming al norte del parque, hasta el taller de Gardiner, ya en Montana. Trabaja 40 horas a la semana, de lunes a viernes, más o menos de 7 a 16 horas con una hora para comer. A ese ritmo ingresa unos 770 dólares brutos a la semana y unos 3337 al mes, según nuestros cálculos, frente a los unos 6250 mensuales que le daba su sueldo de Chicago.

Cose parches, arregla corchetes y cambia botones y cremalleras en los uniformes de miles de empleados de la concesionaria, desde el personal de limpieza y los vigilantes de seguridad hasta los camareros y los guías. Al arrancar la temporada de verano, con cientos de trabajadores incorporándose en pocas semanas, ella y la otra persona que cose en el equipo llegaron a hacer el bajo a más de 40 pantalones algunos días, con entrega en la misma jornada.

Le gusta ayudar a que la plantilla, que en buena parte trata con el público, pueda «trabajar cómoda con su uniforme», según dijo. Su superior directo tiene 73 años, se dedicaba a la enseñanza antes de jubilarse y trabaja en el parque desde 2023, y en el equipo hay también alguien que estudia un posgrado y pasa allí el verano y una persona que dejó la peluquería para ver más mundo.

El taller también se dedica a reaprovechar material, y cuando el parque empezó a exigir mochilas transparentes convirtió las mochilas antiguas que repartía la empresa en riñoneras. Son arreglos pequeños que alargan la vida de las prendas y evitan que acaben como residuo textil.

Una cama compartida por 96 dólares al mes

Los 96 dólares se descuentan cada mes de su nómina e incluyen la cama en un dormitorio que comparte con hasta dos personas más, además del wifi y los suministros. La residencia tiene baño comunitario, lavandería, zonas comunes y actividades sociales.

Xanterra explica en su página sobre la vida en las residencias de empleados que todos sus trabajadores tienen «al menos un compañero de habitación», que la mayoría de los edificios tienen baños comunitarios y que el wifi tiene un ancho de banda limitado, de modo que la conexión «no siempre será estable ni fiable».

Los familiares y amigos que la visitan pueden dormir en una habitación del parque por 5 dólares la noche. «Aunque los parques nacionales son tierras para que la gente venga a visitarlas, existe una distancia geográfica y luego una distancia económica para poder venir y alojarse en el parque», reflexionó De La Paz. «Alojarse en Yellowstone puede ser tan caro como viajar al extranjero, y estoy muy agradecida de poder vivir dentro del parque prácticamente por cuatro céntimos».

La comida le cuesta casi cuatro veces más que la habitación

Además del alojamiento, le descuentan unos 359 dólares al mes por el plan de comidas de los seis comedores para empleados de Xanterra, casi cuatro veces lo que paga por la habitación. Entre las dos partidas suman unos 455 dólares mensuales, de los que la habitación supone apenas el 21 %.

En julio de 2026, el mes que detalla el reportaje, gastó otros 383 dólares en comida fuera de esos comedores, entre restaurantes y pedidos a domicilio por DoorDash, y el total en alimentación llegó a 742 dólares. Fue el mes de su cumpleaños y, según contó, gastó más de lo habitual porque se regaló un bolso y una máquina de coser nueva y recibió a varios grupos de familiares y amigos.

Sus gastos discrecionales de ese mes, en regalos, ocio, cosas para casa y el cuidado de su gata, sumaron 1162 dólares. Paga 200 dólares al mes a la persona con la que compartía piso en Chicago para que cuide de Pepperjack, la gata que dejó allí, y en suscripciones y teléfono se le fueron otros 54 dólares.

Aun así, apartó 586 dólares para ahorro e inversión; suele aportar a sus cuentas de Robinhood y Acorns. Tiene un fondo de emergencia de casi 11.000 dólares y un 401(k), el plan de jubilación de empresa habitual en Estados Unidos, de su anterior empresa, con más de 34.000 dólares. No paga seguro médico y dice que tiene acceso a una clínica de bajo coste para empleados, donde una consulta por un resfriado le costó 15 dólares.

Un oso grizzly en su segundo día en el parque

De La Paz creció cerca de Peoria, en Illinois, estudió en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y se instaló después en Chicago. En su segundo día en Yellowstone salió de excursión y se cruzó con un oso grizzly, y desde entonces va pendiente de animales potencialmente peligrosos, como los uapitíes y los bisontes.

«Por mucho que sea una chica de ciudad y adore Chicago con todo mi corazón, de verdad siento que estoy conectada y viviendo con la naturaleza, y no como un ser separado que vive fuera de ella y elige cuándo meter los pies», explicó. «Estás en el territorio de la naturaleza, y no al revés, y tienes que tenerle mucho respeto».

Ese respeto tiene normas concretas. El Servicio de Parques Nacionales pide quedarse al menos a 91 metros de osos, lobos y pumas y a 23 metros de bisontes y uapitíes, y no dar nunca de comer a la fauna, para que animales como los osos pardos no se acostumbren a buscar comida entre las personas. Los lobos del parque descienden en parte de los 14 ejemplares que los biólogos trajeron de Canadá en 1995.

Lo que su presupuesto no permite generalizar

Las cifras corresponden a una sola persona y a un solo mes, y la propia De La Paz reconoce que julio fue más caro de lo normal. El precio de su habitación es el de un alojamiento para empleados que se descuenta de la nómina, así que los visitantes del parque no pueden reservarlo.

El empleo, además, es de temporada, y ella dio el salto con un colchón de ahorro que no todo el mundo tiene. El reportaje tampoco aporta datos sobre cuánta ropa o material salva de la basura el taller con sus arreglos.

Un contrato que terminaba en septiembre

Su contrato en Yellowstone duraba hasta finales de septiembre. Cuando la entrevistaron estudiaba ofertas en Los Ángeles, para proyectos de cine o giras de conciertos, y en Nueva York, donde tenía contactos para trabajos de vestuario en teatros regionales y un posible puesto de sastre, y pensaba tirar de sus 11.000 dólares de ahorro para la mudanza.

«Da miedo pensar que hace menos de seis meses estaba en mi trabajo corporativo, fichando con mi tarjeta, y ahora es como: ¿y ahora qué?», admitió. Le gustaría volver algún día al parque, como temporera o como visitante. «Estar aquí me ha cambiado la vida», dijo. «Sé que, acabe donde acabe, el trabajo que haga seguirá teniéndome detrás de una máquina de coser».

El reportaje original se publicó el 19 de septiembre de 2026 en CNBC Make It, dentro de su serie Millennial Money.

Imagen: NPS / Parque Nacional de Yellowstone (dominio público)

Adrián Villellas

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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