Marruecos se sube al carro de las renovables

La carretera serpentea monte arriba, cruza un pequeño pueblo donde los niños caminan al borde del camino para ir a la escuela -apenas un barracón- y acaba en un bosque de pinos. Varios burros suben cargados de leña y provisiones, y las cabras pastan en las estrechas cunetas. Desde lo alto se vislumbra Tánger y, al otro lado del Estrecho, se ve España. Allí el viento sopla fuerte y frío. Más de 120 enormes aerogeneradores dan al paisaje un aspecto irreal, fuera de contexto en su modernidad.
Los gigantes pertenecen al mayor parque eólico de África, con 140 megavatios (MW) de potencia instalada, un proyecto llave en mano construido por Gamesa cuya primera fase se inaugurará, casi con seguridad, a finales de este mes. Pero no será el único. En Tarfaya, en el territorio del Sáhara Occidental, Marruecos tiene planeado un megaproyecto eólico que duplicará en potencia al de Tánger, con 300 MW.
Marruecos tiene grandes planes para las energías renovables, y un marco temporal también muy preciso: en 2012 el país norteafricano espera obtener el 10% de su consumo energético global y el 18% de la demanda eléctrica nacional de fuentes limpias. El Plan de Desarrollo de Energías Renovables espera que en 2030 el sector haya creado más de 25.000 empleos, evitado la emisión de más de 20 millones de toneladas de CO2 al año y ahorrado la importación de 2,6 millones de toneladas de combustible fósil al año.
Despegue energético
Como explica Mohamed el Mniai, de la dirección regional de Tánger del Ministerio de Energía, Minas, Agua y Medio Ambiente, este ambicioso plan pretende «asegurar el aprovisionamiento energético, reducir la dependencia de las importaciones de energía, que están en torno al 97%, y diversificar el mix energético».
En los últimos diez años, con el despegue económico marroquí, el consumo energético también se ha disparado. Actualmente, la red eléctrica llega a más del 90% de los hogares, aunque el consumo per cápita marroquí (unos 640 KW por ejercicio) sigue siendo una décima parte de la electricidad que gasta cada español en un año.
A pesar de este auge del consumo, Marruecos apenas produce hoy en día 6.000 MW de potencia, por lo que la importación resulta imprescindible. De hecho, la electricidad que actualmente se consume en el país procede en más de un 75% de centrales térmicas (entre carbón, con un 47,3%, petróleo y gas). Más del 17% de la electricidad se importa directamente del extranjero, a través de las conexiones con España y Argelia.
Con estas cifras, el potencial para el desarrollo de energías renovables es enorme. La costa atlántica marroquí es azotada por fuertes y constantes vientos y el estrecho de Gibraltar, donde se ha instalado la planta de Gamesa, es un pasillo natural para las corrientes, que pueden alcanzar una media de 10 metros por segundo. En cuanto al sol, el país cuenta con más de 3.000 horas de sol al año, y las zonas desérticas ofrecen una gran disponibilidad de terrenos y áreas con potencial de hasta 5,5KW/h por metro cuadrado.
«Marruecos ha hecho una apuesta seria por las renovables, ya que la promoción viene directamente del gobierno», asegura Ángel Rabanal, director de construcción del parque de Gamesa en Tánger. A su juicio, este país se ha convertido en un ejemplo a seguir para otras economías en vías de desarrollo, que también podrían beneficiarse enormemente del comercio de los créditos de carbono.
Estos créditos, contemplados en los mecanismos de flexibilidad del protocolo de Kioto, pueden conseguirse con la certificación MDL (Mecanismo de Desarrollo Limpio) y ayudan a los proyectos a obtener ingresos adicionales, como es el caso del parque eólico de Tánger. Además, explica Jesús Abadía, presidente de Endesa Carbono, «con este sistema se potencia la introducción de una serie de nuevas tecnologías, como son las que utilizan las energías renovables, en países donde sería difícil que llegaran de otra forma».

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