Eficiencia, costes de transacción y energías renovables

Esta Directiva no hace más que identificar los principales problemas energéticos a los que se enfrentan las economías desarrolladas actualmente, a saber, dependencia energética (casi el 80% en España

El año 2020 se configura como elemento clave de la política de ahorro energética de la UE. Conocido es el triple objetivo marcado por la Directiva 2009/28/CE para 2020 en la que se establece un ahorro del 20% en el consumo de energía primaria, un aumento del 20% de la producción de energía procedente de fuentes de energía renovables y una reducción en un 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Esta Directiva no hace más que identificar los principales problemas energéticos a los que se enfrentan las economías desarrolladas actualmente, a saber, dependencia energética (casi el 80% en España y el 50% Europa depende de fuentes energéticas externas), seguridad de suministro (dado el agotamiento de algunas fuentes de energía primaria no renovables) y sostenibilidad (es decir, lograr el necesario equilibrio entre crecimiento económico y contaminación).

En este contexto cobra especial importancia la preocupación por la eficiencia energética. ¿Por qué? Si queremos lograr nuestro triple objetivo para 2020, se hace necesario reducir el consumo energético, esto es, ahorrar energía. En España, supone un importante reto ya que es un país de una alta intensidad energética, esto es, el consumo de energía por unidad de PIB es muy alto.

Los Planes de Acción de Eficiencia Energética 2008-2012 llevados a cabo en los países de la UE-27 bajo la Directiva 32/2006 y los recientemente aprobados para 2011-2020 se plantean con un doble objetivo: el ahorro energético y el ahorro de emisiones de CO2. Los planes nacen con el objetivo de mejorar la eficiencia energética de los países de UE-27. La mejora de la eficiencia energética se puede lograr, o produciendo la misma cantidad pero consumiendo menos energía, o bien produciendo más cantidad pero consumiendo la misma energía. En definitiva, el conjunto de medidas propuestas en los citados planes de acción pretenden reducir el consumo de energía por unidad producida, lo que conlleva reducir la intensidad energética. A partir de estos ahorros energéticos, los planes incorporan objetivos de reducción de emisiones de CO2, contribuyendo así a otro de los grandes objetivos de 2020.

En el caso español, el Plan de Acción de Eficiencia Energética 2008-2012 estimaba un ahorro de energía final de 59.454 Ktep para todo el periodo. Asimismo, el plan estimaba una reducción de las emisiones de CO2 en 238.130 KtCO2. La incorporación de los resultados alcanzados en 2010 en el Plan de Acción de Eficiencia Energética 2011-2020, permiten poner de manifiesto la eficacia de los planes, en cuanto a la consecución de los objetivos previstos. En 2010, los resultados alcanzados tanto de ahorro final de energía como de ahorro de emisiones superan las previsiones. Así, en 2010, el ahorro final de energía efectivo es casi un 3% superior a lo previsto, alcanzando la suma de 11.946,20Ktep, mientras que el ahorro efectivo de emisiones supera las estimaciones en un 45%, lo que se traduce en un ahorro de 66.120 KtCO2.

En este sentido, es interesante destacar que en el desempeño de las medidas encaminadas a la mejora de la eficiencia energética y de la reducción de las emisiones de CO2, se demuestra que los costes de transacción presentan una alta variabilidad, lo que se traduce en que, en algunos casos, pueden llegar a suponer una verdadera rémora para el éxito de tales medidas.

La necesidad de sustituir fuentes de energía primarias no renovables por renovables constituye uno de los principales focos de atención de la política energética europea. Sin embargo, la política de incentivos de fomento de fuentes de energías renovables no está exenta de polémica. En el caso español, el sistema de incentivos basado en primas a la producción ha dado lugar a un importante volumen de déficit de tarifa del sistema eléctrico. El incremento en la producción de energía procedente de fuentes de energía renovables contribuye sin duda a alcanzar los objetivos para 2020, sin embargo, el montante en forma de primas destinado a su introducción en el mercado eléctrico español es cuestionado.  Hasta julio, el déficit de tarifa alcanzaba la cifra de aproximadamente 3.800 millones de euros.

Si a modo de ensayo, tomamos el valor económico de las emisiones de CO2 evitadas con el uso de fuentes de energías renovables (EE.RR.) sujetas al Régimen Especial (RE.) en el Mercado eléctrico español (es decir, las energías renovables que reciben primas) y lo comparamos con el volumen de primas que reciben, observamos que, aproximadamente sólo entre un 15-20% de las primas vendrían explicadas por la reducción de emisiones de CO2 que estas fuentes de energía renovables de RE generan (tomando el precio del CO2 en bolsa). Lógicamente, estos resultados cambian dependiendo del precio del CO2 considerado. No obstante, son cálculos a tener en cuenta a la hora de tomar las decisiones de política energética.

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