Un equipo liderado por la Universidad Tecnológica de Chalmers (Suecia) ha demostrado que es posible generar hidrógeno mediante fotocatálisis sin recurrir al platino, usando nanopartículas de polímeros conjugados diseñadas para “llevarse bien” con el agua. El resultado no es un pequeño ajuste, sino un salto de rendimiento que reabre el debate sobre qué parte del sistema estaba limitando de verdad la eficiencia.
La clave del avance es casi contraintuitiva. En vez de buscar un metal alternativo al platino, el trabajo se centra en hacer que el propio fotocatalizador orgánico sea más hidratado y permeable. Para ello, los autores diseñan polímeros de bajo coste en torno a la unidad BTSO (dibenzotiofeno S,S sulfóxido) y los convierten en nanopartículas estables en agua mediante nanoprecipitación. Esa combinación (estructura química más procesamiento) permite que protones y especies redox “entren” mejor en la nanopartícula, donde ocurre la reacción.
Los números que explican por qué esto importa
En condiciones optimizadas, el material líder alcanza una tasa de evolución de hidrógeno de 209 mmol g⁻¹ h⁻¹ sin cocatalizador de platino. En la comunicación institucional de Chalmers se traduce el impacto a una métrica fácil de imaginar en laboratorio (con 1 gramo de material se pueden producir unos 30 litros de hidrógeno en una hora, bajo condiciones de prueba descritas por el equipo).
Además, el propio artículo subraya el enfoque de coste (se reportan polímeros por debajo de 20 dólares por gramo en su tabla de costes) y un diseño pensado para escalar, justamente porque se trabaja en dispersión acuosa.
El giro técnico con más “lectura industrial”
Hay un detalle que suele pasar desapercibido en titulares sobre hidrógeno solar. Muchos fotocatalizadores orgánicos rinden bien en disolventes mixtos o en condiciones donde el agua no logra acceder a los sitios reactivos. Aquí, el trabajo apuesta por agua como medio real de operación y convierte la compatibilidad con el agua en una variable de diseño, no en un problema secundario.
Ese “miedo al agua” se corrige con dos palancas principales. Primero, cadenas laterales más polares (oligoetilenglicol) que aumentan la hidratación y facilitan el acceso de protones y del donante sacrificial. Segundo, una arquitectura donador aceptor (introduciendo tiofenos en cierta proporción) que mejora propiedades optoelectrónicas sin destruir el equilibrio entre absorción, separación de carga y presencia de unidades BTSO (que parecen correlacionar con la actividad).
Otro punto con implicación práctica es el pH. El estudio muestra que mover el pH cambia el balance entre protones disponibles y la forma reactiva del donante sacrificial (ácido ascórbico). En su ventana óptima (alrededor de pH 2,5) se maximiza la tasa sin “ahogar” el sistema por un lado u otro del equilibrio de cargas.
Lo que todavía falta para llamarlo “hidrógeno solar perfecto”
El propio equipo enfatiza el siguiente gran paso (hacer funcionar el proceso sin un químico auxiliar como el ácido ascórbico, avanzando hacia división completa del agua con producción simultánea de oxígeno). En otras palabras, el récord de rendimiento es real, pero aún está en el marco típico de laboratorio con donante sacrificial.
Si el campo consigue mantener esta eficiencia cuando el “sacrificio” desaparezca, el impacto sería doble. Se elimina el platino (coste, disponibilidad y riesgos asociados) y se simplifica la arquitectura del sistema, acercándolo a reactores acuosos escalables donde lo que manda no es un metal caro, sino cómo se organiza la materia orgánica a escala nanométrica.


















