La prohibición del gas ruso aprobada por los ministros de la Unión Europea ha sido recibida con cautela por Greenpeace, que reclama no sustituir esta dependencia por gas estadounidense. La organización exige acelerar la transición hacia energías renovables y advierte del riesgo de cambiar una dependencia autoritaria por otra.
La prohibición del gas ruso y la nueva dependencia energética
Greenpeace pide a la UE acelerar las renovables y denuncia que sustituir el gas ruso por gas estadounidense mantiene la dependencia fósil y geopolítica.
La autonomía estratégica de Europa está estrechamente vinculada a la independencia energética, argumenta Greenpeace, advirtiendo que sustituir el gas ruso por suministros estadounidenses crea una nueva forma de vulnerabilidad. Una mayor dependencia del gas fósil estadounidense aumenta la exposición a presiones geopolíticas.
La organización considera que la prohibición del gas ruso resulta muy apropiada, pero es tardía. Y advierte contra la sustitución de una dependencia por otra. Explican que la eliminación gradual del gas fósil y la aceleración de un sistema energético totalmente renovable se presentan como la única vía hacia una seguridad real.
En el día en el que los ministros de la Unión Europea han aprobado la prohibición de importar gas ruso, Greenpeace demanda que no lo sustituyan por gas estadounidense sino por energía renovable.
Greenpeace protesta frente al Consejo de la UE
Activistas de la organización han colocado dos figuras hinchables de 10 metros de largo de Vladímir Putin, presidente de Rusia, y Donald Trump, presidente de EE. UU., sentados en un buque cisterna de gas frente a la sede del Consejo de la UE, para denunciar la dependencia de Europa de las importaciones de combustibles fósiles de países con líderes autoritarios.
Cada día llegan a Europa una media de dos a tres buques cisterna que transportan gas licuado desde Estados Unidos, según nuevos cálculos.
La autonomía estratégica de Europa va de la mano de la independencia energética”, ha afirmado Lisa Göldner, portavoz de Greenpeace: “Cuanto más depende Europa de Estados Unidos en materia de energía, mayor es su vulnerabilidad a la presión de Trump.
Cada euro que se gasta en gas estadounidense refuerza la agenda autoritaria de Trump en su país y sus ambiciones imperialistas en el resto del mundo. La única forma de que Europa proteja su independencia política y logre una verdadera seguridad energética es eliminar gradualmente el gas fósil y acelerar la transición hacia un sistema energético totalmente renovable.
Para Greenpeace, la prohibición del gas ruso es una medida que debería haberse tomado hace mucho tiempo y es, sin duda, la decisión correcta. Pero Europa no puede celebrar su independencia de Putin al tiempo que se encadena a una nueva dependencia del gas fósil de Trump.
Gas estadounidense: un riesgo creciente para Europa
En 2025 se duplicaron las importaciones de gas de EE. UU. a España, que alcanzó el segundo puesto (30%) solo detrás de Argelia. Se estima que más de 112 buques cisterna con gas estadounidense llegaron a España el año pasado, por los que los usuarios de gas españoles habrían pagado unos 1.180 millones de euros.
Por otro lado, Rusia fue la segunda fuente de gas a España en 2024 y actualmente sigue presente: en 2025, suministró más de un 11% del total (llegaron 47 buques de gas), la mayoría fletados por Naturgy.
Y esta dependencia del gas de EE. UU. y de Rusia podría ir a peor si no se pone remedio. En 2025, los países de la UE obtuvieron el 57% de sus importaciones de gas licuado de EE UU, una cuota que podría aumentar hasta el 80% en 2030, según un análisis reciente de la IEEFA. Este estudio destaca el contrato de suministro de gas de EE UU firmado por Naturgy hasta 2050.
España duplica las importaciones de gas de EE. UU.
España, pese a su potencial renovable, continúa dependiendo del gas, firmando contratos a largo plazo con EE. UU. e incrementando su consumo en el sistema eléctrico.
Esta política energética nos sigue haciendo dependientes de este combustible fósil que, a su vez, aumenta nuestra vulnerabilidad al chantaje geopolítico, eleva las facturas de luz y gas de los hogares y perpetúa las emisiones de gases de efecto invernadero.
Greenpeace pide a la UE que cancele el acuerdo de importar energía estadounidense por valor de 750.000 millones de dólares, principalmente gas fósil, para 2028, y que detenga inmediatamente todas las negociaciones para nuevos acuerdos de compra con proveedores de gas estadounidenses.
Renovables frente a chantaje geopolítico de la prohibición del gas ruso
Greenpeace también pide a la UE un plan para poner fin a la dependencia del gas estadounidense y rescindir antes los contratos de suministro a largo plazo existentes, así como medidas adicionales para reducir la demanda de gas en Europa y acelerar la transición hacia las energías renovables autóctonas.
Desde la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022, Greenpeace se ha movilizado contra los envíos de petróleo y gas rusos en toda Europa: en Finlandia, en Reino Unido, en Bélgica (Zeebrugge y Amberes), en Dinamarca y en Italia.
Greenpeace Francia también bloqueó la instalación de una terminal de gas licuado en Le Havre, advirtiendo de que podría utilizarse para importar gas ruso, y Greenpeace España protestó en una central termoeléctrica de gas en Málaga, de la empresa Naturgy, que quemaba gas procedente de Rusia.
España ilustra claramente el dilema del gas. En 2025, las importaciones de gas estadounidense se duplicaron, alcanzando el 30 % del suministro total, mientras que el gas ruso aún representaba más del 11 %. Los contratos a largo plazo profundizan esta dependencia.
Greenpeace insta a la UE a cancelar los planes de importación de energía estadounidense a gran escala. Al tiempo que pide reducir la demanda de gas y finalizar anticipadamente los contratos de suministro a largo plazo. Además de impulsar las energías renovables nacionales para reducir las emisiones, los costes y los riesgos geopolíticos. Seguir leyendo en ENERGIAS RENOVABLES

















