Según la información difundida junto a la grabación, una cámara de fototrampeo ha captado el paso de un lobo ibérico adulto en una zona montañosa del norte de Granada, al sur del Parque Natural de Sierra Mágina. La secuencia habría quedado registrada la noche del 2 de marzo de 2026 a las 23.37. Es una señal muy seria, probablemente una de las más claras en años, de que el lobo todavía puede alcanzar Andalucía. Pero conviene pisar el freno. Ver un ejemplar no equivale a recuperar una población estable ni a confirmar una manada reproductora.
La diferencia importa, y mucho. El último informe oficial andaluz sobre la especie, elaborado por la Junta, fue rotundo al concluir que en 2020 no había indicios de presencia de lobo en Andalucía. Ese mismo documento añadía que no existían evidencias de grupos reproductores desde 2003 ni datos contrastados de algún individuo desde 2014. Aun así, dejaba abierta una puerta que hoy suena menos teórica que entonces, la de una posible recolonización a medio y largo plazo por la expansión del lobo en el norte y el centro peninsular. Para llegar a esa conclusión, el seguimiento cubrió 44 cuadrículas y más de 2.052 kilómetros de recorridos en Córdoba, Jaén y Sevilla.
¿Entonces qué significa realmente el vídeo de Granada? En la práctica, encaja bastante bien con lo que los ecólogos llaman dispersión. Un lobo abandona su grupo natal, cruza territorios nuevos y busca espacio, alimento y, con suerte, pareja. El censo nacional coordinado por el MITECO entre 2021 y 2024 contabilizó 333 manadas en España, un 12 por ciento más que en el recuento anterior. Además, el Ministerio sitúa a Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura entre los territorios en expansión, justo en el borde meridional de la distribución actual.
La capacidad de viaje del lobo ayuda a poner el hallazgo en contexto. En 2024, la Universitat Autònoma de Barcelona documentó el caso de un ejemplar que recorrió 1.240 kilómetros desde Alemania hasta Lleida, atravesando Francia. Eso no significa que cada lobo vaya a hacer una travesía épica, claro. Pero sí deja una idea muy clara. Carreteras, cultivos, pueblos y montes muy humanizados no siempre frenan del todo a la especie. A veces la complican. A veces la desvían. Pero no la borran del mapa.
Hay otro dato interesante. Un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana ha identificado en el lobo ibérico una pequeña herencia genética procedente de antiguos perros, inferior al 5 por ciento, con genes que podrían influir en funciones del sistema inmune y en rasgos de comportamiento. Los investigadores plantean que esa huella genética pudo ayudar a su adaptación a paisajes más humanizados. Ojo, esto no demuestra de dónde viene el ejemplar de Granada ni explica por sí solo su presencia. Pero sí ayuda a entender por qué el lobo ibérico puede moverse, aguantar y aparecer donde muchos daban ya la historia por cerrada.
Con todo, la pregunta importante sigue siendo otra. ¿Ha vuelto el lobo a Andalucía? Hoy por hoy, lo prudente es decir que hay una prueba sólida de paso, no de asentamiento. Para hablar de regreso real harían falta más registros, muestras genéticas, seguimiento continuado y, sobre todo, indicios de reproducción. Ese es el salto que cambia un avistamiento llamativo por una noticia ecológica de fondo. Hasta entonces, conviene mirar el vídeo con interés, sí, pero también con calma.
El comunicado oficial más reciente citado en esta noticia, el censo nacional del lobo 2021-2024 del MITECO, y para el contexto andaluz sigue siendo clave el informe oficial de la Junta sobre el lobo en Andalucía en 2020.

















