A veces pensamos que el aire “malo” está fuera, en la calle, entre coches y humos. Pero, ¿y si el problema estuviera en la cocina de tu casa, justo cuando preparas la cena?
Un estudio liderado por la Universidad de Stanford ha puesto números a una sospecha que llevaba tiempo rondando a los expertos en salud ambiental. Cocinar con gas (o propano) puede disparar la exposición al dióxido de nitrógeno (NO₂) dentro del hogar, y cambiar a cocina eléctrica reduce esa exposición de forma clara. En promedio, el recorte supera el 25% y en los hogares que más usan el fuego puede llegar a alrededor del 50%.
Por qué el NO₂ importa más de lo que parece
El NO₂ es un contaminante asociado a problemas respiratorios y cardiovasculares, y se ha relacionado con asma y otras enfermedades. No es un detalle menor, sobre todo en viviendas pequeñas o con poca ventilación, donde los contaminantes se quedan “dando vueltas” más tiempo.
Lo llamativo del trabajo es que compara por primera vez la exposición combinada (lo que llega desde fuera más lo que se genera dentro) a gran escala. Y su conclusión es incómoda, pero fácil de entender. En muchos casos, cocinar con gas hace que el aire interior tenga una carga de NO₂ comparable a la que provocan el tráfico y la industria del entorno.
Lo que encontró el estudio cuando miró hogar por hogar
Los investigadores integraron datos de contaminación exterior con modelos y mediciones en viviendas para estimar exposiciones a nivel nacional en Estados Unidos. El resultado dibuja un patrón bastante consistente.
Para quienes tienen cocina eléctrica, la exposición al NO₂ en casa depende casi por completo del aire exterior, porque dentro no hay combustión. Para quienes cocinan con gas o propano, se suma una fuente directa en el punto más crítico, el fogón.
El dato que más impacta es el de “los 22 millones”. Según el estudio, alrededor de 22 millones de personas en Estados Unidos bajarían por debajo de la guía de exposición a largo plazo de la OMS si redujeran o dejaran de cocinar con gas o propano.
Y hay otro matiz importante. Los autores estiman que las cocinas de gas y propano son responsables de prácticamente todas (más del 99%) las superaciones residenciales de la guía de la OMS para NO₂ a corto plazo (promedio de 1 hora). Es decir, esos picos que aparecen durante la cocción son el gran “punto caliente” del problema.
Quién sale peor parado y por qué
No todos los hogares parten del mismo punto. El estudio y la comunicación de Stanford apuntan a una combinación que se repite en los grupos con mayor carga. Casas más pequeñas, menos ventilación efectiva, mayor dependencia del gas y menos margen económico para cambiar electrodomésticos o mejorar la extracción.
En la práctica, esto encaja con algo muy cotidiano. Si cocinas en un piso pequeño, con la cocina integrada en el salón, y la campana es más bien decorativa, lo que generas se reparte por toda la casa. Y se nota.
Qué puedes hacer sin entrar en obras
Cambiar de tecnología ayuda, pero no todo el mundo puede hacerlo mañana. Aun así, hay medidas que reducen riesgo desde ya.
Usar una campana extractora que realmente expulse el aire al exterior (y no solo lo recircule) puede recortar parte de la exposición, aunque no siempre lo elimina todo. Ventilar abriendo ventanas durante y después de cocinar también ayuda, especialmente en cocciones largas.
Si estás pensando en dar el salto, la inducción es la alternativa más directa. Evita la combustión en interior y suele ser más eficiente. Incluso una placa portátil puede servir para reducir el uso del fogón de gas en comidas diarias sencillas.
¿Significa esto que el aire exterior ya no importa? En absoluto. De hecho, el propio estudio subraya que, para gran parte de la población, la mayor parte del NO₂ sigue viniendo de fuera. Pero precisamente por eso, cuando el aire exterior mejora, las fuentes interiores ganan peso relativo.
El estudio científico completo ha sido publicado en la revista PNAS Nexus.


















