Suiza podría estar a punto de lograr algo que parecía imposible en el mundo del combustible. La creciente preocupación por el cambio climático y la necesidad de acotar las emisiones de gases de efecto invernadero están transformando el planeta tal y como lo conocemos. Ya es posible vislumbrar los nuevos hábitos de la humanidad en cosas sencillas como la elección del combustible. Antes los elegidos eran la gasolina y el diésel, ahora el usuario se decanta por la electricidad, el hidrógeno y otros tipos de combustible.
Suiza planea llegar más lejos que nadie con esto: pretende convertir fotones en combustible
Mientras Alemania apuesta por el combustible del futuro, Suiza se permite lograr lo que parecía imposible. La Universidad de Basilea, en Suiza, ha logrado un importante avance en su intento de imitar la maquinaria química de las plantas.
Ha creado una molécula capaz de almacenar en simultáneo dos cargas positivas y dos negativas cuando recibe luz. El propósito no era reproducir la fotosíntesis solo por su belleza. La prioridad era hallar la clave para un combustibles solares. ¿Cómo? Transformando la luz solar en combustibles neutros en carbono.
En la fotosíntesis, las plantas recurren a la energía del Sol para transformar el CO2 en azúcares ricos en energía. Un importante número de científicos considera que este mecanismo natural es la mejor inspiración para alcanzar combustibles solares sostenibles. Por ejemplo, hidrógeno, metanol o gasolina sintética.
Estos compuesto se queman y solo difunden el dióxido de carbono absorbido con anterioridad. De esta manera, alcanza un balance neutro. Un artículo publicado en Nature Chemistry, el profesor Oliver Wenger y el doctorado Mathis Brändlin, dejó plasmada la síntesis de una molécula especial.
Ha sido creada exclusivamente para almacenar cuatro cargas simultáneas bajo la exposición a la luz: dos positivas y dos negativas.
El nuevo combustible que promete Suiza: el Sol es vital para su producción
El establecimiento del equilibrio es vital para convertir la energía solar en energía química. Conseguirlo permite impulsar diversas reacciones, como la separación del agua en hidrógeno y oxígeno. La conformación de la molécula se distingue en cinco segmentos alienados en cadena. Cada uno con una función concreta.
Dos de sus elementos trabajan como donadores de electrones, produciendo cargas positivas. Luego, los otros dos captan estos electrones para convertirlos en negativos. Los químicos ubicaron una especie de “panel solar” a nivel molecular en la parte céntrica.
Una unidad que capta la luz y comienza el viaje de electrones, disparando la reacción. Con el fin de acumular las cuatro cargas, los científicos escogieron un sistema en dos pasos. Usaron dos destellos de luz. El primer pulso produce una carga positiva y otra negativa, enviadas a los extremos opuestos de la molécula.
Al aparecer el segundo destello, el procedimiento se repite hasta culminar las dos cargas positivas y las dos negativas. Se trata de una excitación escalonada que permite emplear una luz mucho más tenue. El equipo comprobó que las cargas obtenidas se conservan estables un tiempo prudencial.
El suficiente para permitir reacciones químicas subsecuentes. A pesar de este avance, la molécula todavía no es la clave definitiva para recrear la fotosíntesis en el laboratorio. Sin embargo, se ha encontrado una importante pieza del rompecabezas.
Un nuevo horizonte se abre con el sistema que llega desde Suiza
El trabajo de Suiza sirve para aclarar el panorama de los sistemas internos de la transferencia de electrones. Una pieza central del desafío de la fotosíntesis artificial. La perspectiva del equipo es continuar contribuyendo al establecimiento de un futuro energético sostenible. Podríamos decir que Suiza ya está logrando lo imposible: convertir fotones en combustible. Algo que no ha conseguido ni siquiera China con su motor del futuro.

















