Un ejemplar juvenil de gran tiburón blanco ha sido confirmado en el mar Mediterráneo español tras una captura accidental entre Dénia y Xàbia, a unos 20 kilómetros de la costa. El animal medía en torno a dos metros y pesaba entre 80 y 90 kilos, y su identidad se ha verificado con análisis genéticos en un nuevo estudio científico.
La noticia despierta una mezcla de curiosidad, fascinación e inevitable pregunta veraniega. ¿Hay que preocuparse ahora al meterse en el agua en la Costa Blanca? La respuesta corta es no. La larga tiene mucho que ver con conservación marina, pesca y un depredador que casi ha desaparecido en silencio.
Un hallazgo excepcional frente a la Marina Alta
El 20 de abril de 2023, un barco que faenaba al atún capturó accidentalmente un tiburón de algo más de dos metros a unas 11 millas náuticas de la costa de Dénia y Xàbia, frente al Cabo de la Nao. El ejemplar quedó enredado en las artes de pesca; los marineros avisaron a los científicos, tomaron fotos, vídeo y muestras, y devolvieron el cuerpo al mar al comprobar que no era una especie comercial.
Investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y de la Universidad de Cádiz analizaron el tejido mediante código de barras de ADN. El resultado mostró una coincidencia genética del 98% con la especie Carcharodon carcharias, el gran tiburón blanco.
Esa cifra no solo despeja dudas con otros tiburones de gran tamaño, como el marrajo. Confirma también que, a día de hoy, el “rey del mar” sigue visitando las aguas españolas, aunque lo haga de forma muy esporádica y casi siempre lejos de la arena y las sombrillas.
Presencia «persistente, pero extremadamente rara» en España
El nuevo trabajo no se limita a describir este caso. El equipo ha revisado registros históricos desde 1862 y confirma 66 citas fiables de tiburón blanco en el Mediterráneo español. Su conclusión es clara: la especie mantiene una presencia «persistente, pero extremadamente infrecuente» y con una detectabilidad muy baja en nuestra zona económica exclusiva.
El ejemplar de Alicante es además el tercer registro verificado en aguas españolas en menos de once años, tras un tiburón de unos cinco metros cerca de Cabrera, en las Islas Baleares, en 2018, y otro de más de cinco metros capturado accidentalmente cerca de la playa de Bolonia en Tarifa en 2015.
Estudios recientes apuntan a descensos muy fuertes de esta población en distintas partes del Mediterráneo, con caídas que superan el 70% en algunas zonas y se acercan al 90% en áreas concretas del norte de la cuenca. La UICN la cataloga como vulnerable a escala global y como una de las subpoblaciones de tiburón blanco más amenazadas del mundo.
¿Hay peligro para los bañistas?
Aquí entra la parte que suele preocupar cuando sube la temperatura y bajamos a la playa. ¿Significa este registro que hay tiburones blancos merodeando junto a los bañistas? Los datos dicen otra cosa.
En más de 160 años de documentación en aguas españolas solo se han registrado dos incidentes confirmados con personas: uno mortal en Málaga en 1862 y otro en los años ochenta en el que un tiburón mordió la tabla de un surfista en Tarifa. Dos casos en siglo y medio no convierten a la especie en una amenaza cotidiana para quien se da un baño en la orilla.
Además, el ejemplar confirmado frente a Alicante se encontraba mar adentro, en una zona donde operan pesqueros de altura y donde también pasa su tiempo una de sus presas principales, el atún rojo. Para el bañista medio que se moja hasta la cintura, la escena es otra: agua poco profunda, ruido, mucha gente. No es precisamente el territorio favorito de un gran depredador especializado en presas grandes.
Los expertos insisten en rebajar el alarmismo alimentado por el cine. Con los datos disponibles, no es posible afirmar que la población mediterránea de tiburón blanco esté recuperándose, pero tampoco que represente un riesgo relevante en nuestras playas.
Un depredador clave en un mar cada vez más presionado
Donde sí hay motivos para preocuparse es en el estado del propio tiburón blanco. La especie es un depredador ápice. Regula poblaciones de otros peces, controla a sus presas y contribuye al equilibrio del ecosistema. Cuando desaparecen estos grandes animales, se desajusta toda la cadena alimentaria y se resiente la salud del mar.
En el Mediterráneo, la presión pesquera es especialmente intensa. A pesar de que el tiburón blanco figura entre las especies protegidas por acuerdos internacionales que prohíben su captura y venta, informes científicos señalan que la región es un auténtico punto caliente de riesgo de extinción para tiburones, rayas y quimeras, con más de la mitad de las especies en categorías de amenaza.
La sobrepesca, las capturas accidentales, la degradación del hábitat, la contaminación y el calentamiento del agua se acumulan sobre un mismo escenario. El resultado es un mar en el que los grandes depredadores son cada vez más raros y en el que la gestión del atún, los palangreros y el resto de la flota sigue siendo clave para el futuro de estas especies y de las propias pesquerías.
Cada avistamiento cuenta
Para la ciencia, este tiburón de algo más de dos metros vale mucho más que una anécdota. Confirma que la subpoblación mediterránea sigue viva, ayuda a refinar mapas de distribución y sirve para ajustar medidas de protección en un mar saturado de barcos, redes y contaminación.
Los investigadores subrayan la importancia de la colaboración con el sector pesquero. Sin las fotos, los vídeos y las muestras tomadas a bordo, este registro se habría perdido y el ejemplar habría sido solo “otro tiburón” en una jornada de pesca.
El siguiente paso pasa por reforzar el seguimiento a largo plazo, combinar registros tradicionales con herramientas como el ADN ambiental o la telemetría y hacer cumplir de verdad las normas que prohíben la captura de especies protegidas. No es solo una cuestión de admirar a un gran depredador: es una pieza más del esfuerzo por tener un Mediterráneo vivo y funcional, capaz de sostener pesquerías, turismo y biodiversidad al mismo tiempo.
La investigación completa que describe este nuevo registro de tiburón blanco juvenil ha sido publicada en la revista científica Acta Ichthyologica et Piscatoria.






