612 kg de vapor por lanzamiento: EEUU necesita hervir agua del mar en el portaaviones nuclear Abraham Lincoln para evitar un problema crítico en sus sistemas

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Publicado el: 16 de abril de 2026 a las 21:59
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Olas del mar golpeando estructura costera, representación del origen del agua usada en sistemas navales de vapor.

Cuando ves despegar un caza desde un portaaviones, el detalle que más llama la atención suele ser esa nube de vapor que se queda flotando sobre la cubierta. Lo curioso es que, en el USS Abraham Lincoln, ese vapor empieza siendo agua de mar que primero se convierte en agua dulce y después en vapor a presión.

La razón es bastante «de andar por casa». La sal y los minerales del océano acaban creando depósitos y corrosión en tuberías y equipos sensibles, y ahí los riesgos se disparan. Por eso el barco desala agua de manera continua y puede producir más de 400.000 galones de agua potable al día (más de 1,5 millones de litros), parte de ella destinada también a sistemas del reactor.

El vapor no sale del mar tal cual

A bordo del Abraham Lincoln hay cuatro unidades de destilación que se encargan de convertir el agua de mar en agua potable, según explica la propia US Navy. «El agua de mar se aspira y después se hierve rápidamente para convertirla en vapor», detalla el maquinista Joel Cogan.

Después se condensa ese vapor y se recoge como agua destilada. «El vapor se bombea y se condensa, para recogerlo como agua destilada», añade el teniente Daniel Sanchez, y luego se añaden productos como cloro para que sea segura. La sal y la salmuera se separan y se devuelven al mar.

Una fábrica de agua

Más de 400.000 galones al día equivalen a unos 1.514 metros cúbicos diarios. Es agua para cocinar, lavar ropa, limpiar, ducharse y beber, con una demanda constante que no perdona. Cuando la producción baja, la vida a bordo cambia rápido.

En el propio barco hablan de «water hours» cuando toca racionar. Son franjas en las que se limita el uso de duchas o se cambian rutinas para gastar menos, incluso con menaje desechable para reducir lavados. Suena extremo, pero es pura logística.

Agua pura para las catapultas

Los portaaviones de la clase Nimitz usan catapultas de vapor y ese vapor no puede arrastrar sales disueltas sin dejar residuos. Antes de calentar y presurizar, hay que quitar la sal del camino. Si no, el sistema se degrada y el mantenimiento se dispara.

Los números ayudan a entender por qué no vale cualquier cosa. Según NAVAIR, hay cuatro catapultas de vapor capaces de impulsar un avión de unas 48.000 libras (casi 22 toneladas) a lo largo de 300 pies (unos 91 metros), pasando de 0 a 165 millas por hora (unos 266 km/h) en dos segundos. Y todo ocurre en un suspiro.

La US Navy también describe cómo llega ese vapor hasta la cubierta. En un Nimitz como el Dwight D. Eisenhower, el vapor se toma del reactor y se presuriza en un acumulador, con vapor a 520 psi (unos 36 bar), y se conduce hacia una válvula de lanzamiento que actúa como un muelle. Esa cadena solo funciona bien si el agua del circuito está muy controlada.

La cara ambiental

Esta historia es una ventana al «nexo agua y energía» del que se habla cada vez más. La Agencia Internacional de la Energía recuerda que la presión sobre el agua aumenta y que la desalinización gana peso para asegurar suministro, pero a cambio exige energía.

Y no solo eso. También genera salmuera concentrada que, si se gestiona mal, puede dañar ecosistemas, algo que el propio análisis de la IEA subraya. En plantas de ósmosis inversa de agua de mar, la energía total suele moverse en rangos aproximados de 2,5 a 6 kWh por metro cúbico, y por cada litro de agua desalada se pueden producir entre 1,5 y 4 litros de salmuera.

En un barco la descarga se hace en mar abierto y el volumen es pequeño comparado con una gran planta costera. Aun así, la idea es la misma. Cada litro «limpio» viene con su coste energético y con un residuo salino que hay que devolver y diluir.

España y la factura

La desalinización no es solo cosa de portaaviones. España la usa para asegurar suministro en zonas con estrés hídrico, sobre todo en el arco mediterráneo y en las islas. Un ejemplo es la desaladora de Torrevieja (Alicante), diseñada para una capacidad de 240.000 m³ al día.

La comparación coloca el dato del barco en su escala real. El Abraham Lincoln produce del orden de 1.514 m³ diarios, mientras Torrevieja se mueve cerca de 160 veces por encima. Por eso, a nivel civil, la pregunta clave suele ser con qué electricidad se desala y cómo se gestiona el vertido.

La buena noticia es que hay margen para bajar impactos. La literatura técnica reciente sobre ósmosis inversa sitúa consumos típicos en torno a varios kWh por metro cúbico en plantas reales, y la IEA describe una transición hacia soluciones más eléctricas y eficientes. Si esa electricidad viene cada vez más de renovables, también baja el CO2 asociado a cada litro.

Lo importante

Si alguien te vende la desalinización como una solución «infinita», ponle un asterisco. Funciona y es útil, pero su impacto depende de la energía disponible, del diseño y de cómo se maneja la salmuera. Y eso marca la diferencia.

También hay una idea simple que no falla. El agua más barata y más limpia es la que no se desperdicia, desde arreglar fugas hasta ajustar hábitos diarios.

La nota oficial sobre este sistema de producción de agua a bordo del portaaviones ha sido publicada por la US Navy.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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