La frase de Stephen Hawking que pasó desapercibida pero es un aviso de lo que está por llegar: «Los extraterrestres nos visitan, el resultado será como cuando Colón llegó a América, lo que no salió tan bien para los nativos americanos»

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Publicado el: 14 de mayo de 2026 a las 18:43
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Stephen Hawking durante una conferencia con imágenes de planetas y la Tierra al fondo.

Stephen Hawking dedicó su vida a mirar hacia el universo, pero muchas de sus advertencias más incómodas apuntaban directamente a la Tierra. El físico británico hablaba de agujeros negros, tiempo y galaxias, sí, pero también de contaminación, energía, cambio climático y de la capacidad humana para destruir aquello que nos mantiene vivos.

Su mensaje no era una predicción mágica ni una frase hecha para redes sociales. Era una llamada a usar la ciencia antes de que los problemas se hagan demasiado grandes. Y vistos los últimos datos del clima, sus palabras suenan menos lejanas que nunca. Según Copernicus, 2025 fue el tercer año más cálido registrado y el periodo 2023-2025 fue el primero de tres años consecutivos por encima de 1,5 °C respecto a la era preindustrial. No es poca cosa.

Hawking miraba al cielo, pero pensaba en la Tierra

Stephen Hawking fue conocido por sus trabajos sobre los agujeros negros y por su enorme capacidad para explicar ideas difíciles con palabras sencillas. Penguin Random House recuerda que también fue una voz relevante en asuntos sociales y humanitarios, además de autor de Brief Answers to the Big Questions, su último libro.

Ese detalle importa. Hawking no era climatólogo, pero sí entendía algo básico que a veces se olvida. La supervivencia humana no depende solo de saber más, sino de usar mejor lo que ya sabemos.

En el fondo, su advertencia era bastante clara. La inteligencia no sirve de mucho si se combina con codicia, falta de cooperación y una tecnología cada vez más poderosa. Es una idea simple, pero pesa.

La frase que resume el problema

Una de las ideas más repetidas de Hawking es que el peligro no está solo en la naturaleza, sino en nosotros mismos. En su discurso de 1989 al recibir el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, habló de armas nucleares, del efecto invernadero y de otros riesgos globales que podían acabar afectando a toda la humanidad.

No lo planteaba como una película de catástrofes. Lo planteaba como una cuestión de responsabilidad. Si tenemos poder para transformar el planeta, también tenemos la obligación de medir las consecuencias.

¿Qué significa esto en la práctica para cualquier persona? Que el cambio climático no es una discusión abstracta. Se nota en las olas de calor, en la factura energética, en los cultivos que sufren y en ese verano cada vez más pegajoso que ya todos conocemos.

El clima ya no espera

Hawking advirtió en 2017 que el cambio climático era uno de los grandes peligros para la humanidad. En una entrevista recogida por Time, dijo que estábamos cerca de un punto en el que el calentamiento global podía volverse irreversible.

Hoy los datos no permiten relajarse. La Organización Meteorológica Mundial confirmó en su informe sobre el clima global de 2025 que el periodo 2015-2025 reúne los 11 años más cálidos registrados y que 2025 estuvo alrededor de 1,43 °C por encima del promedio de 1850-1900.

Esto no significa que todo esté perdido. Significa que cada décima cuenta. Un poco menos de CO2, una ciudad más fresca, un transporte más limpio o una red eléctrica mejor preparada pueden parecer cambios pequeños. Pero suman.

Energía limpia sin humo

Hawking también miró hacia una solución energética que todavía está en desarrollo. En 2010, preguntado por Time sobre qué avance científico quería ver en vida, respondió que le gustaría que la fusión nuclear se convirtiera en una fuente práctica de energía, capaz de ofrecer energía sin contaminación ni calentamiento global. ITER recoge esa respuesta en su web oficial.

La fusión no debe venderse como una solución inmediata. Todavía necesita superar retos técnicos enormes antes de abastecer hogares, fábricas o trenes. Pero la idea de fondo sí encaja con el presente. Necesitamos mucha energía, pero no puede salir siempre de quemar carbón, petróleo y gas.

Ahí está el gran choque. El mundo habla de transición ecológica, pero las emisiones fósiles siguen creciendo. El Global Carbon Project proyectó que las emisiones de CO2 de origen fósil alcanzarían un nuevo récord en 2025, con unos 38,1 mil millones de toneladas.

Coches eléctricos y ciudades más respirables

En sus últimas reflexiones, Hawking también defendió el cambio hacia los coches eléctricos. No era solo una cuestión tecnológica. Era una manera de reducir contaminación, ruido y dependencia de combustibles que ensucian el aire de las ciudades.

La movilidad eléctrica ya no es una rareza. La Agencia Internacional de la Energía señaló que las ventas de coches eléctricos crecieron más de un 20 % en 2025, hasta alcanzar 21 millones de unidades, lo que equivale a uno de cada cuatro coches vendidos en el mundo.

Pero el vehículo eléctrico tampoco es una varita mágica. Para que tenga sentido ambiental, la electricidad debe ser cada vez más renovable, las baterías deben reciclarse mejor y las ciudades deben apostar también por transporte público, bicicleta y calles menos saturadas. Menos humos. Menos ruido. Más vida.

Ciencia frente a la ilusión de saber

Otra lección de Hawking encaja de lleno con la crisis ecológica. La ciencia funciona porque observa, mide y corrige. No porque siempre tenga una respuesta cómoda.

Ese matiz es clave en temas como el clima. Hay incertidumbres, claro, pero no son una excusa para no actuar. Los datos de temperatura, emisiones, océanos y hielo van en la misma dirección desde hace años.

Hawking insistía en mirar la realidad con curiosidad y razón. Aplicado al medio ambiente, eso significa escuchar a quienes miden el planeta, no a quienes venden dudas eternas para ganar tiempo. El problema es que el reloj corre más deprisa que la política.

Un mensaje menos espacial de lo que parece

Cuando Hawking hablaba de colonizar otros mundos, muchos se quedaban con la imagen de cohetes y planetas lejanos. Pero su advertencia tenía otra lectura más cercana. Si queremos tener futuro, primero debemos aprender a no estropear nuestro propio hogar.

La Tierra no necesita frases bonitas. Necesita decisiones sostenidas. Energía limpia, menos emisiones, ecosistemas protegidos, consumo responsable y ciudades preparadas para un clima más extremo.

Quizá ahí está la parte más útil de su legado ecológico. No se trata de admirar a Hawking como si fuera una estatua, sino de entender lo que repetía con distintas palabras. La inteligencia es adaptarse al cambio. Y ahora toca adaptarse antes de que sea el cambio quien nos arrastre.

El libro oficial que recoge sus últimas grandes reflexiones, Brief Answers to the Big Questions, ha sido publicado por Penguin Random House.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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