Los científicos no se lo pueden creer pero acaban de descubrir en Australia una especie desconocida de koalas con 28.000 años de antigüedad

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Publicado el: 24 de mayo de 2026 a las 23:26
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Cráneo fósil de la especie extinta de koala Phascolarctos sulcomaxilliaris hallada en Australia Occidental

Un equipo de investigadores ha confirmado que los koalas que habitaron el suroeste de Australia Occidental no eran «visitantes» del koala moderno, sino una especie propia ya desaparecida. La han bautizado como Phascolarctos sulcomaxilliaris y la pista está en unos surcos profundos en el pómulo, bajo la cuenca del ojo.

La datación y el contexto ambiental reconstruidos a partir de los fósiles apuntan a una extinción hace unos 28.000 años, coincidiendo con un episodio climático del final del Pleistoceno que redujo los bosques de eucalipto de los que dependía. La historia, además de curiosa, deja una idea clara, cuando el hábitat se encoge, incluso un icono puede quedarse sin sitio.

Un cráneo que no encajaba

La investigación arrancó con un gesto muy humano, una donación. En 2024 el Western Australian Museum recibió un cráneo hallado en la cueva de Moondyne, en la región de Margaret River, y ese hueso «tenía algo extraño» que invitaba a mirar con calma.

Lo que llamó la atención no fue un diente roto, sino una hendidura redondeada en la zona de la mejilla. En el relato del equipo, era un rasgo tan marcado que «podías meter el dedo» en esa depresión.

A partir de ahí tocó hacer lo menos vistoso y lo más decisivo, comparar y medir. Revisaron material guardado en colecciones y lo pusieron frente a esqueletos de koala moderno procedentes de museos del este del país.

Qué hace diferente a este koala

El rasgo estrella es ese surco profundo en el maxilar, por debajo de la órbita. Es tan característico que inspira el nombre sulcomaxilliaris, que alude a una «maxila acanalada», y no aparece con esa intensidad en los koalas actuales.

No es el único detalle. Los análisis describen un cráneo más corto y robusto, cambios en la región del hueso del oído y dientes más anchos, junto con diferencias en otras partes del esqueleto.

¿Para qué servía ese «hoyuelo»? Los autores plantean que en esa zona se insertan músculos de labios y nariz, así que un surco tan pronunciado podría haber hecho sitio para un músculo facial grande. Eso encaja con la idea de unos labios más móviles para manipular hojas duras o con la posibilidad de «abrir» más las fosas nasales y mejorar el olfato.

Un koala de cuevas y un mapa más amplio

No hablamos de un animal raro hallado en un punto aislado. Los fósiles atribuidos a esta especie aparecen en más de una docena de depósitos de cuevas del sur de Australia Occidental, con yacimientos en Yanchep, en la zona de Margaret River y en la llanura de Roe, cerca de Madura.

Esto cambia una idea instalada durante más de un siglo. Los koalas fósiles de Australia Occidental se conocen desde principios del siglo XX, con hallazgos en Mammoth Cave ya en 1910, pero durante décadas la mayoría eran mandíbulas o dientes sueltos. Con dos cráneos adultos relativamente completos encontrados en los últimos años, el rompecabezas por fin tuvo piezas con las que ajustar la forma.

La lectura también ayuda a entender por qué hoy no hay koalas silvestres en esa parte del país. Según la reconstrucción difundida por ABC, no hay registro del koala moderno viviendo de manera natural en la costa oeste, más allá de poblaciones introducidas en el siglo XX, como la colonia de Yanchep National Park establecida en 1938.

Qué pasó hace 28.000 años

La datación radiométrica realizada por la Universidad de Queensland sitúa la desaparición de Phascolarctos sulcomaxilliaris alrededor de los 28.000 años. En la nota del museo se vincula ese momento con un evento climático del final del Pleistoceno en el que los bosques de eucalipto se contrajeron hasta cerca del 5 por ciento de su extensión actual.

La pieza de ABC añade contexto desde la paleoecología, con indicios de una caída fuerte de las lluvias en el suroeste y señales en registros de polen. El relato incluye la posibilidad de incendios y un escenario en el que la vegetación no logra recuperarse por falta de agua, un golpe directo para un animal que depende de hojas y refugio en el dosel.

Lo inquietante es que la recuperación del bosque no fue inmediata. En esa misma reconstrucción se habla de una reforestación progresiva unos 10.000 años después, cuando quizá ya era tarde para una especie que había quedado sin alimento ni corredores.

El espejo incómodo para el koala actual

Es tentador tratar esta noticia como una rareza de museo, pero la moraleja es muy actual. Los koalas son especialistas y su vida está ligada a un tipo de paisaje, así que cuando el bosque se fragmenta, el margen se estrecha.

En el presente, Australia ya ha tenido que elevar el nivel de alerta para parte de sus poblaciones de koala. El Gobierno australiano recuerda que el koala en Queensland, Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana fue incluido como «en peligro» bajo la ley ambiental federal (EPBC Act) en 2022.

La conservación no se juega solo en rescates puntuales, sino en conservar y restaurar el mosaico de eucaliptos que sostiene a la especie. Si el pasado enseña algo, es que una contracción prolongada del hábitat puede escribir un final.

Cuando una colección guarda una especie sin nombre

Este hallazgo reivindica una idea sencilla, los museos no son almacenes de polvo, son bibliotecas de biodiversidad. Revisar colecciones, sumar nuevas piezas y cruzar datos entre instituciones permitió separar lo que se daba por hecho de lo que decían los huesos.

Hay además un componente de ciencia ciudadana que merece foco. Un cráneo encontrado por un espeleólogo y donado al museo terminó desencadenando la identificación de una especie «oculta a plena vista» durante décadas.

La publicación científica recoge la descripción formal de la especie y la comparación con material moderno y fósil. 

El estudio «New fossil koala (Marsupialia, Phascolarctidae) from the Pleistocene of Western Australia» ha sido publicado en Royal Society Open.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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