Ciencia

España pone el grito en el cielo: Marruecos va a sembrar nubes para modificar el clima y los agricultores andaluces temen una bajada drástica de la humedad 

Marruecos acelera la siembra de nubes para ganar lluvia mientras crece el debate sobre su impacto en el sur de España.

España pone el grito en el cielo: Marruecos va a sembrar nubes para modificar el clima y los agricultores andaluces temen una bajada drástica de la humedad 

Marruecos no está esperando a que la lluvia vuelva por casualidad. Después de años de estrés hídrico, el país ha reforzado Al Ghait, su programa de siembra de nubes, con una inversión de 160 millones de dírhams, unos 14,7 millones de euros, para sacar más agua de las nubes que ya pasan por su territorio. El dato que más llama la atención es el aumento de precipitaciones del 14 al 17 % en zonas objetivo, una cifra citada por el ministro Nizar Baraka a partir de evaluaciones realizadas entre 1984 y 1989.

La clave, sin embargo, está en el matiz. La siembra de nubes no fabrica lluvia de la nada ni puede apagar una sequía como si fuera un interruptor. Puede ayudar cuando existen nubes adecuadas, pero Marruecos la está usando como una pieza más junto a desaladoras, presas y trasvases. Y eso cambia bastante la lectura.

Qué ha cambiado en Al Ghait

Al Ghait no es un experimento de última hora. Marruecos lleva décadas trabajando con esta tecnología, pero la crisis del agua la ha devuelto al centro de su estrategia hídrica.

En 2024, el país realizó unas 70 operaciones de siembra de nubes en solo diez meses. Según Nizar Baraka, 30 fueron terrestres y 40 por vía aérea. Desde 2020, Marruecos ha sumado 163 operaciones, frente a una media de 23 al año entre 2020 y 2023. No es poca cosa.

El programa cuenta con 20 puntos equipados con generadores en tierra, repartidos entre Béni Mellal, Azilal y El Hajeb. Además, el plan prevé nuevos centros en Taza, Tensift, Souss-Massa-Drâa y Khénifra, junto con más equipos y un avión adaptado para estudiar la microfísica de las nubes.

Cómo se exprime una nube

La idea parece sencilla, aunque la ciencia detrás no lo es tanto. La siembra de nubes consiste en introducir partículas en nubes ya formadas para favorecer la lluvia o la nieve.

En Marruecos se citan sustancias como el yoduro de plata y el cloruro de sodio. Estas partículas actúan como pequeños puntos de apoyo para que las gotas o los cristales de hielo crezcan y terminen cayendo. Dicho de forma sencilla, no se crea la nube, se intenta empujarla para que descargue mejor.

La Organización Meteorológica Mundial recuerda que la modificación del tiempo actúa en escalas locales o regionales. También advierte de que no existe base científica sólida para prometer grandes efectos, como crear sistemas de lluvia desde cero o cambiar los vientos para llevar vapor de agua a una zona seca.

La cifra del 17 % necesita contexto

El aumento del 14 al 17 % suena potente, sobre todo cuando los agricultores miran al cielo y ven campos secos. Según la información citada por Baraka, aquellas evaluaciones también hablaban de un aporte cercano a 4 millones de metros cúbicos de agua al año en zonas objetivo.

Pero conviene no leer ese porcentaje como una garantía automática. La propia OMM indica que los resultados dependen de las características naturales de las nubes y que una prueba no se puede aplicar sin más a otro territorio. Cada nube tiene su carácter, por decirlo de una forma simple.

En la práctica, esto significa que Al Ghait puede sumar agua en momentos concretos, pero no sustituye a una política completa de gestión hídrica. Si no hay nubes útiles, no hay mucho que sembrar. Así de claro.

La sequía no se vence desde un avión

Marruecos declaró en enero de 2026 el final de una sequía de siete años tras un invierno lluvioso. Las lluvias habían subido un 95 % respecto al año anterior y estaban un 17 % por encima de la media estacional, mientras los embalses alcanzaban un llenado medio del 46 %.

Ese alivio no debe confundirse con una victoria exclusiva de la siembra de nubes. La lluvia llegó por una temporada húmeda, y el país venía de años muy duros, con restricciones, daños en la agricultura, caída de cosechas y presión sobre el abastecimiento.

Por eso la estrategia marroquí no se queda en el cielo. En el fondo, lo que busca es reducir la dependencia de la lluvia natural, que cada vez llega de forma más irregular. Y eso, en un país seco, pesa mucho.

El agua también llegará del mar

Marruecos está acelerando las desaladoras, los trasvases y las nuevas presas. Según Reuters, el país operaba 17 plantas desaladoras en 2025, tenía cuatro en construcción y planeaba otras nueve para alcanzar una capacidad de 1700 millones de metros cúbicos al año en 2030.

El objetivo es que el agua desalada cubra hasta el 60 % del suministro de agua potable en 2030. A cambio, el agua de los embalses podría reservarse más para las zonas interiores y agrícolas. Es una forma de repartir mejor una manta que se ha quedado corta.

Además, Marruecos quiere extender grandes conducciones de agua y alimentar desaladoras con energía renovable. En casa se entiende rápido. Cuando el grifo preocupa, nadie se queda con una sola llave.

España mira de reojo

La cercanía con el sur de España hace que cualquier intento de «tocar» las nubes genere dudas. ¿Podría Marruecos quitar lluvia a la Península? Es una pregunta que aparece cada vez que se habla de este tema.

La AEMET ha explicado que, en las escalas limitadas en las que suelen actuar estas técnicas, la siembra de nubes no afecta a las precipitaciones de áreas vecinas. También recuerda que los resultados dependen del tipo de nube, la humedad, la estabilidad atmosférica y la orografía.

Eso no elimina la necesidad de transparencia. Cuando un país interviene sobre la atmósfera, aunque sea de forma local, los vecinos quieren datos, controles y explicaciones claras. Es normal. El agua ya no es solo un recurso, también es una cuestión diplomática.

Lo que queda por demostrar

Al Ghait puede ser una herramienta útil dentro de una estrategia mayor. Pero su éxito real dependerá de cómo se mida, de cuántas operaciones se evalúen con rigor y de si los datos permiten separar la lluvia provocada de la que habría caído igualmente.

La OMM recomienda revisar periódicamente los programas de modificación del tiempo, evaluar riesgos y beneficios, y contar con asesoramiento lo más independiente posible. También señala que los impactos no deseados, incluidos los efectos a sotavento y ambientales, requieren más investigación.

Marruecos ha convertido la escasez de agua en una prioridad nacional. La siembra de nubes puede ayudar en días concretos, pero la gran batalla seguirá estando en ahorrar, reutilizar, desalar, proteger acuíferos y planificar mejor el campo. El cielo suma, pero no lo resuelve todo.

El comunicado del Ministerio de Equipamiento y Agua de Marruecos, recogido por MAP, ha sido publicado en TelQuel.

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