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sábado, enero 28, 2023

Las zonas de Galicia que registraron incendios de alta intensidad sufrirán erosión incluso dentro de seis meses

Los expertos en la materia coinciden en que la severidad (condicionada por la confluencia de altas temperaturas, vientos y baja humedad) es un factor clave para determinar el grado de erosión que sufrirá el monte, de acuerdo con estudios consultados por Europa Press.

Las zonas de Galicia que registraron incendios con una intensidad alta el pasado mes de octubre sufrirán erosión del suelo incluso ocho meses después del fuego, es decir, el próximo junio todavía experimentarán desgaste ante fenómenos meteorológicos como el viento y la lluvia.

Los expertos en la materia coinciden en que la severidad (condicionada por la confluencia de altas temperaturas, vientos y baja humedad) es un factor clave para determinar el grado de erosión que sufrirá el monte, de acuerdo con estudios consultados por Europa Press.

Uno de ellos, elaborado por los profesores Xavier Úbeda y Maria Sala, de la Universitat de Barcelona, establece que la intensidad del fuego es un elemento «determinante» en las tasas de escorrentía y erosión. En el área baja, la cubierta de hojarasca evita la escorrentía y el impacto directo de la lluvia contra el suelo.

En el de intensidad media, la escorrentía y la erosión decrecen gradualmente con el tiempo, mientras que en el área alta «aparecen picos de erosión incluso ocho meses después del incendio».

«Si el fuego ha sido poco severo y quedan herbáceas, hojas y demás, en semanas puede volver a estar verde. Pero esto no debe engañarnos: la erosión se produce hasta que al menos un 60% de la superficie del suelo esté cubierta por vegetación», explica el biólogo e investigador del CSIC Serafín González, presidente de la Sociedade Galega de Historia Natural.

Por su parte, Xosé Santos, de Amigas das Árbores da Limia, avisa de la contaminación que el arrastre de cenizas está produciendo ya en aguas de manantial de montaña. Él mismo grabó este jueves imágenes en la Serra da Meda, en aguas tributarias del río Avia, entre los ayuntamientos de Coles y Xunqueira de Espadanedo.

LA XUNTA ACTÚA DONDE «SE VE»

En declaraciones a Europa Press, tanto González como Santos apuntan a superficies de la provincia de Ourense, en el parque natural de O Xurés y el Macizo Central, como ejemplos de espacios de brañas que fueron azotados por las llamas durante días y con virulencia en octubre.

También en Os Ancares, en Lugo, los incendios estuvieron fuera de control muchas horas, en un escenario de sequía prolongada. Y es en estos lugares, menos poblados, donde González estima que el Gobierno gallego no está invirtiendo lo que debería para proteger los suelos. «Las tareas de intervención postincendio están focalizándose de modo que sean visibles», denuncia.

Por su parte, Xosé Santos lamenta esta «crónica anunciada» de la eliminación de la capa superficial de la tierra, «como la piel» de los humanos, y la llegada de las cenizas a ríos y acuíferos. Frente a ello, critica, las administraciones «no hicieron nada».

Dos meses después del bautizado ya como ‘domingo negro’ (el 15 de octubre), en el que los fuegos ocasionaron cuatro muertes, las fuertes lluvias de la borrasca ‘Ana’llegaron otro domingo, esta vez el 10 de diciembre.

La Xunta comenzó a trabajar para intentar evitar daños mayores, y Augas de Galicia aseguró que «de momento» no se detectó afección a la calidad del agua, ni en puntos de captación para consumo humano ni en los bancos marisqueros.

En las desembocaduras de los ríos, mientras, los profesionales se preparan para combatir lo que significarían cuantiosos daños a las puertas de la campaña de Navidad.

LA «ESPIRAL»

«Los daños son importantes porque se está perdiendo la capa más fértil y productiva del suelo», avisa el representante de la Sociedade de Historia Natural, después de que los incendios de hace dos meses calcinasen 49.000 hectáreas en apenas 72 horas.

Advierte de la «espiral de degradación» y «empobrecimiento» en que entran los ecosistemas que arden de manera recurrente, puesto que el suelo pierde también capacidad para almacenar agua y, por tanto, es más fácil que arda.

José Antonio Vega, ingeniero de montes y durante años director del centro de investigación forestal de Lourizán (Pontevedra) –el que lidera las actuaciones de la Xunta en este ámbito–, comenta varios supuestos en su artículo ‘Bases ecológicas para la restauración preventiva de zonas quemadas’.

Así, en eucaliptales quemados, la presencia de hojarasca supuso una pérdida de suelo «cinco veces menor» que cuando no estaba. Otro estudio en pinares «mostró que cuando el mantillo no desaparece la erosión puede ser muy pequeña».

Al problema medioambiental se suma el perjuicio económico por la bajada del precio de la madera, al tener que sacarse la quemada y saturarse la oferta. «Estamos condenando a las comunidades de montes a que se queden sin recursos, y sin eso no se puede cuidar las plantaciones, lo que lleva al abandono y de ahí el fuego», mantienen los comuneros consultados.

LAS VENTAJAS

El hecho de que los fuegos del ‘domingo negro’ fueran «muy rápidos» tiene un contra (es más difícil de extinguir) pero también un pro, según González, por cuanto el suelo y la vegetación, sobre todo semillas y bulbos, «sufren poco».

Por mencionar otras ventajas, en Galicia, «los suelos forestales se caracterizan por presentar una susceptibilidad a la erosión muy baja, debido principalmente a su textura predominantemente gruesa, a sus altos contenidos en materia orgánica y a la elevada estabilidad de los agregados», según Elena Benito, María Rodríguez Alleres y María Eufemia Varela, de las universidades de Vigo y Aveiro.

Junto a esto, el clima suave y húmedo de la comunidad «favorece que se recupere más» la vegetación, y el tiempo que pasó desde la ola de fuegos hasta los primeros diluvios, este año «excepcionalmente largo», también ayuda, según González.

COMUNIDADES DE MONTES

El presidente de la Organización Galega de Comunidades de Montes Veciñáis en Mán Común, Xosé Alfredo Pereira, resalta que, tras los incendios hacen «lo que –tienen– que hacer: intentar asegurar la zona y evitar la erosión», si bien lamenta que cada una actúa «por su cuenta» y no de forma coordinada.

En este sentido, aunque reconoce que tienen «el apoyo» de la Xunta, nota «ese fallo en la coordinación», a lo que se suma que aún no hay un plan completo acerca de «cómo se puede evitar que el mal de los incendios se multiplique con el mal de la erosión», lo que ya ha ocurrido con el último temporal de lluvia porque el suelo no está fortalecido.

El presidente de la comunidad de montes de Chandebrito, Víctor Manuel Vidal, agrega que la erosión se ha producido «sobre todo en zonas con pendiente y sin vegetación»; no obstante, reconoce que por el otoño y el viento de días previos la mayor parte del suelo estaba cubierta con hojas, lo que ofrece «una protección bastante buena».

Después de que el fuego provocase la práctica desaparición de vegetación en el entorno del castro, comprometiendo la estabilidad de varias piedras de gran tamaño, Vidal defiende que la comunidad se adelantó y ya pidió presupuestos, si bien todavía no tienen los resultados del estudio encargado por la Xunta, para saber si hay peligro real y dónde hay que actuar.

MEDIDAS XUNTA

Como reacción a lo ocurrido en la ola de incendios, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, anunció en el pleno del Parlamento 30 medidas en ámbitos como el forestal y la persecución de incendiarios.

Algunas de ellas han sido incluidas en la ley de acompañamiento de los presupuestos (como las relativas a franjas de seguridad y actuación en tierras abandonadas), otras como la red de videovigilancia han sido abordadas en el Consello –con el objetivo de estar lista en mayo–, mientras todavía se desconoce cómo se desarrollarán varias propuestas (la puesta en marcha de equipos forestales de investigación o de vigilancia para supervisar medidas de prevención).

ep

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