El papel de España en la ola de incendios en Indonesia

Según la Agencia Nacional de Gestión de Desastres, entre enero y agosto de este año se han quemado más de 328.700 hectáreas, en lo que se considera el peor daño a los bosques desde 2015 cuando la cifra alcanzó los 2,6 millones.

Las fotografías y vídeos del cielo de la isla de Sumatra teñido de rojo han sido la cara visible de la devastadora oleada de incendios forestales que arrasan Indonesia desde principios de septiembre.

La intensidad de estos incendios que han puesto al país en emergencia vuelve a encender alarmas sobre el rol de las grandes corporaciones que continúan desoyendo las advertencias con respecto a sus prácticas insostenibles.

En especial, aquellas empresas enfocadas a la industria del aceite de palma o del papel, como es el caso de Asia Pulp & Paper (APP) del Grupo empresarial Sinar Mas o APRIL del grupo empresarial RGE.

Aunque la culpa no solo es de aquellos que explotan los recursos descuidando las graves consecuencias medioambientales, sino también de aquellas empresas extranjeras que mantienen sus lazos comerciales e incrementan la demanda de estos productos.

Como es el caso de las compañías españolas, que también juegan un papel en lo que está sucediendo en Indonesia.

La crisis actual de incendios en Indonesia es el resultado de décadas de inacción y de falta de medidas para frenar la destrucción ilimitada de turberas por parte de los grandes grupos empresariales que operan en la región.

Las causas de esta nueva oleada de incendios apuntan nuevamente a las concesiones de aceite de palma, papeleras y madereras. Lo que no resulta sorprendente, teniendo en cuenta que en 2015 Greenpeace ya había denunciado que los focos de los incendios habían tenido lugar principalmente dentro de las plantaciones de papel.

El Grupo Sinar Mas, controlado por la familia indonesia Widjaja, es uno de los principales grupos industriales de Asia y las acusaciones en su contra por prácticas de deforestación son bien conocidas.

La consolidación del grupo estuvo fuertemente marcada por el fortalecimiento de los acuerdos comerciales entre Indonesia y China que sirvieron como marco para que Sinar Mas obtuviera el respaldo necesario para financiar su expansión.

Dichos lazos le facilitaron, por ejemplo, la obtención de préstamos por parte del Banco de Desarrollo de China y del ICBC.

El conglomerado reúne a la papelera Paper Excellence, controlada por Jackson Widjaja e involucrada en múltiples escándalos en Canadá; y a su socio clave, Asia Pulp & Paper, que también ha sido blanco de críticas por parte de grupos ambientalistas como Greenpeace por su rol en la deforestación y los incendios de turberas.

Esta última es la filial de pulpa y papel del conglomerado y es el mayor productor de Indonesia.

Asia Pulp & Paper logró una rápida expansión en la década de los 90 gracias a los préstamos otorgados por los bancos nacionales de China.

Se cree que desde su fundación, la empresa ha sido responsable de transformar un millón de hectáreas de selva tropical en pasta de papel.

En 2013, la empresa cedió a las presiones de los grupos ambientalistas y se comprometió a adoptar nuevos compromisos en conservación. Aunque su compromiso duró poco y meses después la compañía anunció la construcción de una tercera planta de celulosa a gran escala en Indonesia, financiada con 2.500 millones de dólares en préstamos de bancos estatales de China.

La transacción, presenciada por los presidentes de Indonesia y China, Susilo Bambang Yudhoyono y Xi Jinping, fue vista como una de las más grandes entre ambos países.

Esto coincidió también con la publicación de imágenes satelitales por parte de Greenpeace que probaban que la compañía había talado casi 8.000 hectáreas de bosques y turberas mientras se jactaba de haber adoptado una política de conservación forestal.

Mientras la compañía sigue afrontando denuncias por su implicación en la tala ilegal y destructiva en Indonesia, sus productos se siguen consumiendo en gran parte del mundo, inclusive en España.

En 2012, a pesar de todas las denuncias públicas sobre las prácticas de la compañía, España se posicionaba como el principal mercado para los productos de Asia Pulp and Paper en Europa, utilizados para suministrar a los sectores del envase, artes gráficas y editorial y administraciones públicas, entre otras.

Aunque desde hacía tiempo que los grupos ambientalistas venían advirtiendo sobre ello. Precisamente fue en 2006 cuando Greenpeace España evidenció la presencia de papel procedente de APP en el mercado español.

Su denuncia apuntaba a Idisa como la responsable de la introducción de papel de oficina procedente de la deforestación en Indonesia. Lo que llevó a Idisa a terminar todo tipo de relaciones con APP.

Años más tarde, en 2010, la ONG publicó un estudio titulado “La destrucción de selvas en Indonesia para fabricar papel” en el que nuevamente documentó la complicidad del sector de envases y embalajes de cartón en España con la deforestación.

En aquel entonces, la ONG denunció que ciertas empresas como Servicios Papeleros Celiber, Carpapsa S.A. o Grafiques Argent utilizaban productos papeleros de APP, provenientes de la fábrica de pasta y papel de la compañía en la isla de Sumatra. Greenpeace también involucró en este escándalo a Puig, a quien acusó de utilizar papel procedente de APP para la confección de estuches de perfumes.

Aún al día de hoy, muchos de los productos que se consumen, desde papel higiénico, bolsas y embalajes de perfumes, provienen de Asia Pulp & Paper.

Es por ello que, más allá de las medidas que deben ser tomadas por el gobierno indonesio para poner fin a la crisis de bosques, los clientes de las grandes corporaciones multinacionales también deben asumir la responsabilidad de revertir esta situación.

La conclusión que deja el ejemplo en particular de la expansión de APP es que por más lejano que parezca, lo que está sucediendo actualmente en Indonesia, con el respaldo de China, tiene una relación directa con las decisiones que toman las compañías europeas.

Es responsabilidad de estas, decidir también sobre el origen de sus materias primas y determinar de qué lado de la historia deciden pararse.

De lo contrario, se continuará fomentando una práctica sumamente dañina para el medio ambiente. Ya no es cuestión de las consecuencias que esto podrá tener en un futuro.

La realidad está a la vista y es tan clara como las imágenes del escenario postapocalíptico que ha quedado plasmado en las imágenes del cielo teñido de rojo en Indonesia.

Autora: María Fernández

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