Un joven español ha encontrado la forma de eliminar los plásticos agrícolas del olivar usando el propio residuo de la aceituna

Publicado el: 25 de febrero de 2026 a las 15:43
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Olivas verdes en un olivo andaluz, materia prima del biomaterial biodegradable INARI.

Quien haya caminado alguna vez entre olivos conoce bien la escena. Filas de árboles jóvenes rodeados de protectores de plástico, muchos rotos, otros medio enterrados, trozos sueltos que el viento lleva de un lado a otro. Al mismo tiempo, la industria del aceite sigue acumulando montañas de hueso de aceituna. Y la pregunta aparece sola. ¿Y si un residuo pudiera ayudar a resolver el otro?

En España el olivar ocupa en torno a 2,7 millones de hectáreas, lo que sitúa al país como líder mundial en superficie y producción de aceite de oliva. Esa potencia agrícola genera también un flujo constante de subproductos. Solo el hueso de aceituna supera el medio millón de toneladas al año y suele terminar en calderas para producir energía o, directamente, desaprovechado.



Un protector que nace del propio olivar

El joven diseñador Álex Zambudio Cobo conoce bien ese paisaje. Su familia procede del campo andaluz y ha trabajado entre invernaderos y olivares. De esa experiencia directa salió la idea de INARI, un protector agrícola para olivos jóvenes fabricado con un biomaterial obtenido principalmente a partir de hueso de aceituna.

Formado en la escuela de diseño ESDI Escuela Superior de Diseño, adscrita a la Universidad Ramon Llull, Zambudio explica que su motivación fue observar dos problemas al mismo tiempo. Por un lado, los restos plásticos de los protectores convencionales. Por otro, un residuo agrícola enorme y poco aprovechado. En sus palabras, quería una solución que naciera del campo y volviera al campo, sin dejar rastro más allá de un suelo algo más fértil.



Esa apuesta ya ha recibido reconocimiento. INARI figura como finalista nacional del James Dyson Award y ha obtenido una mención en los Premis Catalunya d’Ecodisseny 2025, promovidos por la Generalitat de Catalunya.

Del hueso al biocompuesto

El biomaterial de INARI se formula con alrededor de un 70 por ciento de hueso de aceituna y un 30 por ciento de aglutinantes y plastificantes de origen natural, como resinas vegetales u otros aceites. El resultado es un biocompuesto rígido, mecanizable y, al mismo tiempo, biodegradable y compostable.

El protector se diseña para rodear el brote del olivo durante sus primeros años de vida. Su superficie lisa y su altura dificultan que roedores y otros animales alcancen la parte tierna del árbol. La base algo más ancha permite alojar fácilmente un sistema de riego localizado. El agua cae justo donde hace falta, en la raíz del plantón, algo que los agricultores agradecen cuando la sequía aprieta y cada gota cuenta.

Según la ficha técnica del galardón de ecodiseño, una vez cumplida su vida útil, que se calcula en unos dos años, el material se va descomponiendo hasta integrarse en el suelo, aportando nutrientes en lugar de dejar restos inertes. No hace falta recogerlo ni almacenarlo en naves, uno de los trabajos menos agradecidos en cualquier campaña de plantación.

Menos plástico en los campos, más suelo vivo

El problema de los protectores de plástico no es solo estético. España generó en 2020 casi 50.000 toneladas de residuos plásticos asociados a agricultura intensiva, entre invernaderos, sistemas de riego y otros usos. Si se añaden envases y materiales auxiliares, la cifra se eleva hasta unas 160.000 toneladas. En algunos campos se han llegado a medir hasta 25 kilos de macroplásticos por hectárea, que con el tiempo se fragmentan en microplásticos casi imposibles de retirar.

Organismos internacionales advierten desde hace años de que los suelos agrícolas acumulan ya niveles preocupantes de estos microplásticos, a veces por encima de los registrados en ecosistemas marinos. Algo que no solo afecta a la biodiversidad del suelo, también a la calidad de los alimentos y al propio futuro del olivar.

En paralelo, la Comisión Europea impulsa la Estrategia Europea de Plásticos en una Economía Circular y el Pacto Verde Europeo, con el objetivo de reducir de forma drástica los plásticos de un solo uso y fomentar materiales reciclables o compostables en todos los sectores, incluida la agricultura. Proyectos como INARI encajan en esa hoja de ruta porque ofrecen una alternativa concreta a un problema muy visible en el campo.

Un ejemplo de economía circular a pie de olivar

La lógica que hay detrás es sencilla. El propio sector que genera el residuo, en este caso el olivar, lo convierte en materia prima para una solución que protege a los árboles y, cuando deja de hacer falta, vuelve al suelo como recurso. Es la economía circular aplicada de verdad, no solo en folletos.

Para los agricultores hay, además, una ventaja práctica. No tener que retirar miles de fundas de plástico al cabo de unos años supone ahorrar horas de trabajo, combustible y costes de gestión de residuos. En un contexto en el que la rentabilidad del campo se resiente, cualquier reducción de tareas que no aportan valor directo se nota en la cuenta final.

Según datos del propio sector, INARI también puede fabricarse de forma local cerca de las almazaras, lo que reduce el transporte de materiales y facilita que cooperativas y pequeñas empresas puedan sumarse al proyecto sin grandes inversiones iniciales.

Lo que viene ahora

El desarrollo del biomaterial y del diseño del protector ya ha pasado por fases de laboratorio, prototipado y pruebas en exteriores con condiciones reales de viento, lluvia y calor. Los siguientes pasos pasan por afinar la durabilidad, comprobar tiempos de degradación en distintos tipos de suelo y cerrar acuerdos con cooperativas y fabricantes que permitan producir a escala.

Si funciona como esperan sus impulsores, la idea podría adaptarse a otros cultivos leñosos, desde almendros hasta viñedos o frutales, reutilizando residuos agrícolas cercanos al lugar donde se fabrican y se utilizan. No resolverá por sí sola la crisis de los plásticos ni del olivar, pero sí apunta a un camino claro. Menos residuos, más valor añadido en el territorio y una agricultura que cuida mejor el suelo del que vive.

El comunicado oficial del proyecto INARI, con todos los detalles de diseño y las pruebas realizadas hasta ahora, ha sido publicado en la página del propio James Dyson Award,

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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