¿Puede el océano enfriar el planeta sin que nadie toque un botón? Un nuevo estudio propone que los cambios del nivel del mar movieron una pieza clave del termostato natural de la Tierra durante los últimos 60 millones de años.
El mecanismo conecta el fosfato, la vida marina y el carbono enterrado bajo el fondo oceánico. Cuando esa cadena funcionaba con más intensidad, retiraba dióxido de carbono de la atmósfera y favorecía el enfriamiento, aunque a un ritmo de millones de años.
El fosfato mueve el termostato
El fosfato, una forma del fósforo, es un nutriente esencial para las algas y otros organismos marinos. Se parece al fertilizante de un jardín, ya que una mayor cantidad puede impulsar el crecimiento de la vida en el océano.
Con el nivel del mar muy alto, grandes zonas de la plataforma continental quedaban inundadas. Esa plataforma es la franja poco profunda que bordea los continentes, y sus sedimentos atrapaban el fosfato antes de que alcanzara las aguas abiertas.
El océano recibía entonces menos nutrientes, producía menos materia orgánica y enterraba menos carbono. El dióxido de carbono permanecía en la atmósfera y el planeta tendía a mantenerse más cálido.
Qué ocurre cuando baja el mar
Al descender el nivel del mar, las zonas costeras capaces de retener fosfato se reducían. Como la marca de suciedad que queda al vaciar una bañera, el área de depósito se desplazaba y ocupaba menos espacio, dejando escapar más nutrientes hacia el océano.
Ese aporte alimentaba el crecimiento del plancton y de otros seres microscópicos. Cuando morían y sus restos se hundían, la descomposición consumía oxígeno del agua y favorecía la aparición de zonas con poco oxígeno.
Ahí empezaba el bucle. Las aguas pobres en oxígeno liberaban más fosfato de los sedimentos, aumentaba de nuevo la productividad marina y una cantidad mayor de carbono orgánico terminaba sepultada en el fondo.
Un punto óptimo inesperado
El equipo calculó que el enterramiento de carbono alcanzaba su mayor intensidad cuando el mar estaba aproximadamente entre 10 y 40 metros por encima del nivel actual. En ese intervalo, las aguas con poco oxígeno coincidían con sedimentos costeros ricos en materia orgánica.
Si el mar bajaba demasiado, esas aguas profundas dejaban de rozar las plataformas donde había más fosfato disponible. El proceso perdía fuerza y evitaba, al menos en parte, que el enfriamiento continuara acelerándose sin límite.
Por eso los autores hablan de un termostato, pero no de un interruptor rápido. El trabajo reconstruye procesos de millones de años, por lo que no plantea una solución capaz de frenar el calentamiento actual en unas pocas décadas.
Cómo leyeron océanos antiguos
Ros Rickaby y Thomas Wood, de la Universidad de Oxford, trabajaron con Zunli Lu, de la Universidad de Syracuse, y Christian J. Bjerrum, de la Universidad de Copenhague. El equipo reunió registros geológicos de 60 millones de años y comparó el enterramiento de carbono, la acumulación de fósforo y el oxígeno del océano.
Para reconstruir ese oxígeno usaron restos de foraminíferos, organismos microscópicos cuyas conchas quedan conservadas en los sedimentos. La relación química entre el yodo y el calcio de esas conchas funciona como una huella de las aguas en las que vivieron.
El laboratorio de Lu realizó parte de las mediciones con un espectrómetro de masas financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos. En la práctica, este instrumento permite medir componentes químicos diminutos y reconstruir condiciones que ya no pueden observarse directamente.
El Eoceno encaja en el patrón
El Eoceno, situado entre hace unos 56 y 34 millones de años, ofrece una prueba importante. El nivel del mar era muy alto, las plataformas continentales estaban ampliamente inundadas y gran parte del fosfato quedaba atrapado cerca de la costa.
El océano abierto tenía menos nutrientes, enterraba menos carbono orgánico y conservaba más oxígeno. Con ese freno debilitado, el dióxido de carbono se acumuló en la atmósfera y la Tierra se mantuvo dentro de un estado climático cálido.
“Sabemos que el dióxido de carbono atmosférico disminuyó mucho, pero entendíamos muy poco dónde terminó ese carbono”, explicó Rickaby. Los resultados apuntan a que su enterramiento en sedimentos marinos tuvo un papel mayor del que se calculaba.
Una hipótesis de hace dos décadas
La conexión no surgió de la nada. Bjerrum y otros investigadores ya exploraron en un modelo publicado en 2006 cómo el nivel del mar podía cambiar el enterramiento de fósforo y carbono, pero faltaban registros suficientes para comprobarlo a escala planetaria. “Por fin hemos reunido los registros geológicos necesarios para poner a prueba esta hipótesis”, señaló Lu.
El nuevo trabajo combina aquellas ideas con datos más completos y con una forma reciente de estimar el oxígeno antiguo. La misma técnica apareció en una investigación publicada en Nature Geoscience en enero de 2026, que halló un patrón de oxígeno invertido en los océanos tropicales de una etapa muy antigua de la Tierra.
El estudio principal se ha publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.



