Ciencia

Investigadores españoles proponen «sembrar» los océanos con hierro para acelerar la absorción de CO2 como ya hace el polvo del Sahara

Investigadores españoles proponen usar hierro para que el océano capture más CO2 imitando el efecto del polvo del Sahara.

Investigadores españoles proponen «sembrar» los océanos con hierro para acelerar la absorción de CO2 como ya hace el polvo del Sahara

La lucha contra el cambio climático vuelve a mirar al mar, pero no con una idea pequeña. Investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de la Universidad de Jiaotong, en China, proponen estudiar la fertilización del océano con hierro como una forma de acelerar la captura de dióxido de carbono de la atmósfera.

La propuesta parte de una idea sencilla, aunque delicada. Si algunas zonas del océano reciben hierro, el fitoplancton puede crecer más, hacer más fotosíntesis y retirar CO2 del aire. Luego, una parte de ese carbono podría hundirse hacia aguas profundas y quedar almacenada durante décadas o incluso más tiempo, según defienden los autores del comentario editorial publicado en Environmental Chemistry Letters.

El hierro como alimento del mar

El hierro no se plantea aquí como un fertilizante agrícola, sino como un nutriente escaso en grandes zonas del océano. En esos lugares puede haber luz y otros nutrientes, pero falta una pequeña pieza para que el fitoplancton crezca con fuerza. Esa pieza es, en muchos casos, el hierro.

El fitoplancton funciona como una especie de bosque microscópico flotante. Absorbe CO2 cuando realiza la fotosíntesis y sostiene buena parte de la vida marina. Si aumenta su actividad, también podría aumentar la cantidad de carbono que baja hacia capas profundas del océano.

La clave está en ese “podría”. No todo el carbono capturado por el fitoplancton acaba almacenado durante mucho tiempo. Una parte vuelve antes a la atmósfera, y por eso los científicos insisten en medir bien cuánto carbono se retira de verdad y durante cuánto tiempo.

Por qué no bastan las renovables

Los autores del trabajo son claros en el diagnóstico. Cambiar los combustibles fósiles por energías renovables es necesario, pero puede no ser suficiente para frenar a tiempo la acumulación de gases de efecto invernadero. Ellos lo resumen con una imagen muy directa, “cerrar el grifo no vacía la bañera”.

¿Qué significa esto en la práctica? Que aunque reduzcamos emisiones, el CO2 que ya se ha acumulado sigue ahí, calentando el planeta. Por eso se habla cada vez más de tecnologías de emisiones negativas, capaces de retirar carbono de la atmósfera y guardarlo.

En el fondo, la propuesta busca reforzar procesos que la naturaleza ya hace, pero a una escala y velocidad mayores. No es poca cosa. Tocar el océano exige prudencia, porque se trata de un sistema enorme, vivo y conectado.

Canarias entra en escena

Canarias aparece en esta historia por una razón muy concreta. Santiago Hernández León, catedrático de la ULPGC e investigador del Instituto de Oceanografía y Cambio Global, ha estudiado durante años la fertilización natural por hierro asociada al polvo sahariano. Ese polvo llega al Atlántico y aporta nutrientes al mar.

La ULPGC sostiene que las islas pueden ser uno de los mejores laboratorios del mundo para probar estas tecnologías marinas de eliminación de CO2. La razón está en su posición, en la influencia del polvo africano y en la experiencia científica acumulada en oceanografía.

En la práctica, Canarias ya vive mirando al océano. Pesca, turismo, biodiversidad, puertos y energía conviven en un territorio donde cualquier ensayo marino debe explicarse bien. No basta con que una técnica parezca prometedora en un gráfico.

Lo que todavía preocupa

La fertilización con hierro no es una barra libre para lanzar nutrientes al mar. El propio artículo reconoce que estas intervenciones siguen siendo debatidas por sus posibles efectos negativos. Ahí está el punto sensible de toda la discusión.

Entre las dudas aparecen cambios en las comunidades de plancton, impactos sobre redes alimentarias, posibles alteraciones químicas y la dificultad de comprobar cuánto carbono queda realmente secuestrado. No es una cuestión menor. Si no se puede medir bien, tampoco se puede vender como solución climática fiable.

Además, existe un marco internacional que pide cautela. La Organización Marítima Internacional recuerda que la fertilización oceánica queda bajo el Convenio y el Protocolo de Londres, y que las actividades distintas de la investigación científica legítima no deberían permitirse sin evaluación rigurosa.

Cómo se sabría si funciona

El gran reto no es solo provocar una floración de fitoplancton. Eso ya se ha observado en ensayos anteriores. La pregunta importante es otra. ¿Cuánto carbono baja realmente al océano profundo y cuánto tiempo permanece allí?

Un grupo internacional de expertos publicó en Frontiers in Climate que la fertilización con hierro es una de las técnicas marinas de captura de carbono con más historia de estudio, pero también recordó que los trabajos previos no fueron diseñados para medir bien la duración del almacenamiento.

Por eso hacen falta sistemas de vigilancia, modelos, boyas, satélites y campañas oceanográficas que sigan el proceso durante meses. NOAA también investiga cómo evaluar su eficacia, sus efectos no deseados y los sistemas necesarios para controlar el carbono capturado.

Un debate que acaba de empezar

La propuesta de Hernández León y Lichtfouse no dice que el hierro vaya a resolver por sí solo el cambio climático. Sería una lectura demasiado cómoda. Lo que plantean es que la reducción de emisiones debe ir acompañada de formas adicionales de almacenamiento de carbono.

Esto toca una pregunta incómoda. ¿Estamos dispuestos a investigar técnicas de intervención marina si el calentamiento avanza más rápido que las soluciones actuales? Para algunos científicos, no estudiarlas sería cerrar una puerta antes de saber si puede servir. Para otros, el riesgo está en abrirla demasiado deprisa.

Lo razonable, por ahora, parece estar en el punto intermedio. Más ciencia, más transparencia, controles públicos y ensayos limitados antes de hablar de despliegues masivos. El mar puede ser un aliado climático enorme, pero no un vertedero de urgencia para arreglar lo que hemos emitido durante décadas.

El comentario editorial ha sido publicado en la revista científica Environmental Chemistry Letters.

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