En 1940 una serpiente se coló en un avión militar y provocó el mayor desastre ambiental en la isla de Guam: eliminó las aves y aumentó la población de arañas

Publicado el: 31 de marzo de 2026 a las 18:57
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Lagarto en bosque tropical de Guam, ecosistema afectado por la serpiente invasora que eliminó aves nativas.

Una serpiente escondida en un cargamento militar parece un detalle menor. Pero en Guam se convirtió en el inicio de un colapso ecológico que aún se intenta reparar. La ecóloga Anna Traveset lo recordó esta semana en una entrevista en la Cadena SER, usando un ejemplo que pone los pelos de punta por lo fácil que empezó todo.

La idea de fondo es incómoda, pero muy real. En un ecosistema aislado, una especie invasora puede romper engranajes que dábamos por sentados, como la dispersión de semillas o el equilibrio entre depredadores y presas. Y cuando eso pasa, restaurar no es cuestión de “plantar cuatro árboles” y listo.



Una llegada accidental con efectos enormes

Traveset explicó que Guam tiene una base militar estadounidense y que la serpiente llegó “escondida en cargamentos militares procedentes de Papúa Nueva Guinea”. A partir de ahí, “esa especie explotó” y, en palabras de la científica, “eliminó a todas las aves de Guam”, dejando “bosques silenciosos”.

Ahora bien, aquí conviene poner contexto, porque las palabras en radio suelen ir al grano. Los estudios y fichas técnicas matizan que no desaparecieron todas las aves, pero sí ocurrió algo casi igual de grave, la desaparición de la mayor parte de las aves forestales nativas. El Servicio Geológico de Estados Unidos describe que en Guam se eliminaron diez de las doce especies de aves forestales y las otras dos quedaron muy reducidas.



Además, el problema no se queda en la biodiversidad “bonita” de ver. La documentación oficial también vincula esta serpiente con impactos en otras especies y con daños económicos, incluso en la infraestructura eléctrica y en el día a día de la población.

Por qué un bosque sin aves se atasca

“¿Cómo se regenera ese bosque?”, preguntaba Traveset en la entrevista. Su explicación es directa, en muchas islas tropicales una parte enorme de las plantas depende de animales, sobre todo aves, para mover semillas y permitir que el bosque se renueve.

En la práctica, sin aves pasa algo muy poco “natural”. Hay investigaciones divulgadas por la National Science Foundation que describen que, en bosques sin aves, muchas semillas se quedan cerca del árbol “padre” en lugar de viajar a otros puntos del bosque, como sí ocurre donde los pájaros siguen presentes. Eso puede cambiar la supervivencia de las plántulas y el futuro de especies de árboles que antes se renovaban solas.

Y luego llega el efecto dominó. Si faltan dispersores, cambia la composición del bosque. Si cambia el bosque, cambia la comida y el refugio para otros animales. Es el tipo de cadena que no se arregla con una sola medida. Y eso se nota.

Restaurar es posible, pero cuesta tiempo y precisión

Traveset lo resumió con una idea muy terrenal sobre cómo se toman decisiones cuando el presupuesto no es infinito. “Cuando hay recursos limitados para recuperar un ecosistema yo creo que es mejor invertirlos en algo que realmente se pueda recuperar y que será un ecosistema funcional”, dijo en la Cadena SER.

En Guam, parte del esfuerzo actual pasa por “plantar plántulas” e “introducir aves” que se sabe que vivieron allí o en islas cercanas. Es decir, manos en la tierra y, a la vez, ciencia para no meter otra especie que vuelva a desajustar el sistema.

En paralelo, hay una lección que Guam aprendió por las malas y que otros territorios intentan no repetir. Según el USGS, Estados Unidos invierte cada año varios millones de dólares inspeccionando cargamentos que salen de Guam para evitar que la serpiente llegue a otras islas del Pacífico. Suena caro, pero es el precio de entender que prevenir es muchísimo más barato que reconstruir un ecosistema roto.

La pista esperanzadora que llega desde la conservación

Aunque Guam siga siendo el ejemplo clásico de “isla silenciosa”, también hay señales de trabajo bien hecho. Un caso muy simbólico es el sihek (martín pescador de Guam), una especie ligada culturalmente a la isla y que desapareció en libertad por la presión de depredación de la serpiente invasora.

En septiembre de 2024, un programa de conservación consiguió liberar ejemplares de sihek en Palmyra Atoll, un lugar elegido por estar libre de depredadores invasores, como paso para recuperar una población silvestre y aprender antes de un posible retorno a Guam. Es el tipo de proyecto que te recuerda que la restauración existe, pero es lenta y exige coordinación entre agencias, científicos y gestores.

La ficha oficial más reciente sobre la serpiente arbórea parda (brown treesnake) y sus impactos, además de recomendaciones de control y prevención, está publicada por el USDA APHIS.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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