Parece una simple planta pero se trata de una peligrosa especie invasora que destruye ecosistemas marinos en Baleares

Publicado el: 23 de marzo de 2026 a las 20:46
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Pradera submarina de Halophila stipulacea, planta marina invasora detectada por primera vez en Baleares

¿Te imaginas meterte al agua en Mallorca y encontrarte, bajo la arena, una planta típica de mares más cálidos? Pues ya está pasando. Un equipo del Imedea (CSIC-UIB), junto con el CEAB-CSIC y el Centre Balear de Biologia Aplicada, ha confirmado por primera vez en Baleares la presencia de Halophila stipulacea, una fanerógama marina invasora de origen tropical. El hallazgo se ha localizado en la bahía de Palma y es el registro más occidental conocido de la especie en el Mediterráneo, además del primer registro documentado en España.

La primera observación se produjo en octubre de 2023, a unos tres kilómetros del puerto de Palma, tras un aviso del Centre Balear de Biologia Aplicada. Después llegaron las inmersiones y las prospecciones submarinas que confirmaron pequeños parches ya establecidos sobre fondos arenosos.



Qué nos está diciendo esta llegada (y por qué importa)

Los investigadores lo explican sin rodeos. “Este registro confirma que la invasión de la Halophila en el Mediterráneo continúa avanzando hacia el oeste”, señala el investigador del Imedea Andrés Arona, primer autor del trabajo. Y añade la clave que preocupa a muchos científicos: “es un indicio claro de la ‘tropicalización’ del Mediterráneo” porque, si la especie logra asentarse, “es porque las condiciones ambientales están cambiando”.

En la práctica, esto significa que el Mediterráneo se está volviendo, en buena parte, más amable para especies de aguas cálidas. La investigadora del Imedea Fiona Tomàs lo resume así: “Nos estamos ‘tropicalizando’. El Mediterráneo se está calentando y cada vez es más favorable para especies tropicales”. Y eso encaja con la tendencia que ya describen muchos informes sobre el calentamiento del mar.



Y ojo, que aquí entra un factor muy “de muelle” que cualquiera entiende. La cercanía a un puerto refuerza la hipótesis de que el transporte marítimo (anclas, cascos o aguas de lastre) actúe como vía de dispersión. Puede que la especie hubiera llegado antes, pero sin condiciones adecuadas no se habría establecido. Ahora, con temperaturas más altas, el escenario cambia.

Una invasora pequeña… con capacidad de cambiar el tablero

Halophila stipulacea procede del mar Rojo, el golfo Pérsico y el océano Índico, y está considerada una de las primeras especies “lessepsianas”, es decir, de las que colonizaron el Mediterráneo desde el mar Rojo tras la apertura del canal de Suez hace más de 150 años.

El estudio aporta un matiz interesante. En los primeros muestreos, los parches detectados en Palma no parecían estables. De hecho, el artículo indica que desaparecieron en la primera localización (noviembre de 2023) y se detectaron después en áreas cercanas meses más tarde (enero de 2024). También registran rasgos de la planta en esta fase inicial y apuntan que en invierno, con temperaturas mínimas registradas de 14,5 ºC, se observaron cambios en su morfología.

Que al principio vaya y venga no es necesariamente tranquilizador. Puede ser, simplemente, el comportamiento típico de una especie que está probando el terreno.

Impactos posibles, con “luces y sombras”

El equipo insiste en que el impacto ecológico dependerá de cuánto se expanda y qué hábitats termine colonizando. En fondos arenosos degradados, su presencia podría aumentar la complejidad del entorno, pero también desplazar especies propias de fondos blandos. Y no sería el primer aviso: el Mediterráneo y su entorno ya conocen bien el efecto de las especies exóticas cuando encuentran la puerta abierta.

La preocupación mayor aparece si llega a competir con praderas autóctonas. Tomàs lo explica con una comparación que se queda en la cabeza: “La posidonia es como una secuoya; la ‘Halophila’ es mucho más pequeña”. Y remata con lo importante: “No genera estructuras tan complejas ni almacena carbono en la misma magnitud. Un cambio en la dominancia de especies puede alterar profundamente el ecosistema”.

Por eso la detección temprana es clave. “Cuanto antes detectemos estas especies, más capacidad tendremos para entender cómo se expanden y qué efectos generan”, recuerda Arona, que también menciona el valor de la ciencia ciudadana y plataformas como Observadores del Mar para dar la voz de alarma a tiempo. Al final, es el tipo de vigilancia que ayuda a no repetir historias ya conocidas con otras invasoras marinas, en un contexto donde el calor del mar también se refleja en datos de Copernicus y en lo que pasa en nuestras costas.

El estudio científico más reciente sobre este hallazgo ha sido publicado en Mediterranean Marine Science.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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