El fuego devora sin piedad las joyas ecológicas de España. Un informe de la Universidad de León revela que casi el 30 % de la superficie que arde pertenece a espacios naturales protegidos.
Hasta finales de agosto de 2026 han ardido 297.600 hectáreas en todo el país. Lo más indignante de todo es que cerca de 88.800 de esas hectáreas corresponden a zonas de máxima protección ambiental.
El desastre de Navaluenga arrasó el 80 % de la Reserva Natural del Valle de Iruelas. La nefasta prevención oficial ha condenado a los parques naturales a las llamas cada verano que pasa.
Con 40.000 hectáreas quemadas solo en los parques naturales, el modelo actual de prevención ha fracasado estrepitosamente. Sin la ganadería extensiva ni la biomasa gestionada correctamente, cada año veremos más espacios calcinados.
Los incendios en espacios naturales protegidos se disparan
Cerca del 30% de la superficie quemada en España en lo que va de año corresponde a espacios naturales protegidos; es lo que ha revelado un nuevo estudio de la Universidad de León (ULe).
Leonor Calvo y José Manuel Fernández Guisuraga, del Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección de la ULe, son los responsables de esta investigación en la que se ha podido constatar que hasta el 24 de agosto ardieron 297.000 hectáreas en España, de las cuales cerca de 88.800 quedan situadas dentro de los parámetros de algún espacio natural protegido.
Destaca, como no, el incendio de Navaluenga, en Ávila, donde el 80% de la Reserva Natural del Valle de Iruelas, uno de los enclaves de mayor valor ecológico del Sistema Central, quedó reducido a cenizas.
La metodología utilizada fue la superposición de la cartografía de los espacios naturales protegidos con los perímetros de los incendios registrados durante la temporada, mostrando las zonas afectadas.
Parques naturales y Red Natura 2000 afectados
Cerca de 40.000 hectáreas se han quemado en los espacios protegidos españoles, un número que supone el 14.6% de la superficie total quemada en España y el 45% de superficie afectada en espacios naturales protegidos.
Los espacios de la Red Natura 2000 acumulan cerca del 29% de la superficie quemada dentro de los espacios protegidos y un 9.3% de toda la superficie calcinada durante 2026, lo que se traduce en unas 25.560 hectáreas de espacios protegidos incendiados.
El incendio de Navaluenga es un claro ejemplo de la vulnerabilidad de los espacios naturales protegidos. Iniciado en julio, el fuego afectó a unas 42.458 hectáreas y entró de lleno en la Reserva Natural del Valle de Iruelas, según indicó el EFFIS. Las estimaciones realizadas indican que casi un 80% de la superficie de la reserva ardió.
El 2025 ya se llevó el 25.6%
Los investigadores han recordado que el año pasado una superficie equivalente al 25.63% del territorio que se quemó en España pertenecía a algún espacio natural protegido.
En 2025 destaca el incendio que se originó en Barniedo de la Reina, que acabó afectando al Parque Nacional de los Picos de Europa en su parte leonesa. Toda la zona del noroeste peninsular se vio afectada por algún incendio.
La conservación y protección efectiva de los espacios naturales españoles debe pasar por una prevención y gestión eficaz de los incendios forestales, teniendo en cuenta las características de cada zona y adaptando las medidas a ella. Recuperar la ganadería extensiva, la correcta gestión de la biomasa y la conservación de los paisajes son solo algunas de las medidas urgentes que se deben tomar para evitar más catástrofes.
El fuego es un aliado, hasta que deja de serlo
El equipo recuerda que el fuego es un gran aliado de los ecosistemas mediterráneos, ya que muchas especies vegetales cuentan con mecanismos de protección o de regeneración gracias al rebrote y la germinación de semillas. Es por ello que sería un error garrafal considerar las hectáreas afectadas como territorio ecológico muerto.
El problema es la alteración de los incendios. Los ecosistemas mediterráneos están adaptados a determinada clase de fuego, pero cuando estos se vuelven muy virulentos o se producen de manera muy frecuente, pueden afectar a la capacidad de recuperación.
Es por este motivo que, para poder realizar una correcta gestión de los espacios naturales protegidos, no solo se contabilicen las hectáreas afectadas, sino que urge saber cómo han ardido, qué ecosistemas se han visto afectados y cuál es su capacidad de recuperación tras el incendio.



