Un nuevo análisis genético a gran escala refuerza una idea que llevaba años dividiendo a la comunidad científica. Los primeros Homo sapiens habrían llegado a la antigua masa continental de Sahul (Australia, Tasmania y Nueva Guinea cuando estaban unidas) hace unos 60.000 años, no hace 47.000 o 51.000. La conclusión se apoya en el estudio de 2.456 genomas mitocondriales y otros marcadores, comparados con evidencias arqueológicas y climáticas.
La clave no es solo la fecha, también el “cómo”. Los datos apuntan a dos rutas de entrada casi contemporáneas, una desde el norte (vinculada a zonas que hoy asociamos al entorno del archipiélago filipino) y otra desde el sur (relacionada con islas de Indonesia). El trabajo encaja con el escenario de que un grupo humano se separó durante la dispersión por el sur de Asia y el sudeste asiático antes de dar el salto final hacia Sahul.
Qué cambia este estudio y por qué importa
Durante décadas, la discusión se movía entre una “cronología larga” (60.000 a 65.000 años) y una “cronología corta” (47.000 a 51.000). La novedad es el tamaño y la cobertura del muestreo, con linajes de poblaciones indígenas de Australia, Nueva Guinea y Oceanía, además de comparaciones regionales. El equipo combina el llamado “reloj molecular” con análisis de ADN mitocondrial y del cromosoma Y, y lo interpreta junto a datos arqueológicos y paleoclimáticos.
Martin Richards, uno de los autores, resume el peso del conjunto al señalar que se trata del análisis más completo hasta ahora sobre esta pregunta y que “apoya con fuerza la cronología larga”. En paralelo, la arqueóloga Helen Farr subraya que la información “respalda una herencia muy profunda” y que refleja vínculos con “Country y Sea Country” durante al menos 60.000 años.
El hilo ecológico que atraviesa la historia
Llegar a Sahul no fue un paseo. Implicó travesías marítimas y, por tanto, conocimiento del mar, de las corrientes y de un entorno costero que no era igual al actual. Sahul dejó de existir como gran bloque continuo cuando el nivel del mar subió tras la última glaciación, hace unos 9.000 años aproximadamente, y eso significa que parte del “mapa” de aquella expansión humana hoy está bajo el agua.
Aquí aparece la lectura ambiental. Si los primeros australianos y papúes construyeron una relación sostenida con la tierra y el mar durante decenas de milenios, la conservación del patrimonio natural y cultural no puede separarse. Proteger costas, arrecifes y paisajes marinos también es proteger archivos de historia humana, desde yacimientos costeros hasta huellas sumergidas que aún pueden estudiarse.
El estudio también menciona una posibilidad sugerente y delicada, la de contactos e hibridación con humanos arcaicos en la región, como Homo floresiensis o Homo luzonensis, aunque los propios investigadores advierten de que todavía no está claro en qué medida ocurrió. Es un recordatorio de prudencia científica y de algo más simple. Cuanto más entendemos el pasado, más evidente se vuelve que nuestra supervivencia siempre dependió de leer bien el entorno.
Imagen: JOHN BAVARO FINE ART/SCIENCE SOURCE.





















