Ante la oleada de incendios que están sacudiendo al país, se ha planteado el debate sobre si se permite o no “limpiar” los montes de maleza seca o desbrozarlos, y se identifica a esto como uno de los detonantes de que España esté ardiendo, pero ¿qué dicen las leyes implicadas?, ¿qué puede hacer cada ciudadano para “limpiar” en sus terrenos?
Ley de montes. Esta norma de 2003 hace referencia a la necesidad de que las distintas Administraciones se coordinen para prevenir o combatir incendios.
La ley delega en las comunidades autónomas la labor de regular las actividades que puedan dar lugar a incendios y, en especial, las competencias para gestionar medidas de seguridad de prevención de incendios en zonas de interfase urbano-forestal.
Son las comunidades autónomas las encargadas de elaborar planes anuales de prevención de incendios, que deben incluir los trabajos de carácter preventivo permitidos, como podas, desrame, crear “áreas cortafuegos, vías de acceso y puntos de agua que deban realizar los propietarios de los montes de la zona, así como los plazos de ejecución”, explica el artículo 48.4.e) de la ley de montes.
No está prohibido “limpiar” el monte
No está prohibido “limpiar” el monte, cada Comunidad tiene sus criterios y regulaciones Varios expertos consultados coinciden en que gestionar y aprovechar los montes no está prohibido. Carlos Martín, bombero forestal de las Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales (BRIF), explica que la gestión “es una competencia transferida a las CCAA, por lo tanto, cada una puede tener sus diferencias y su regulación”. Considera un bulo afirmar que esté prohibida la ‘limpieza’ el monte.
Así también se expresa Miguel Ángel Soto: “Sí, hay autorizaciones. Lo que no te dejan es hacer lo que quieras, cómo quieras y de la manera que quieras”. Soto amplía que “para hacer un desbroce, una retirada de árboles, necesitas un permiso que solicitas a la consejería de la comunidad autónoma y luego un guarda forestal verifica qué tienes que hacer y cómo lo haces”.
El experto pone como ejemplo la presencia de un nido de una especie protegida; la solicitud se aprobará en función de la época del año, las limitaciones o que no resulte dañado. Lo mismo ocurre con la quema: “Se hace en días concretos, sin viento, con un nivel de humedad concreto, etcétera”.
Carlos Martín asegura que “habría que ver una por una las normas autonómicas y ver cómo de complejo es realizar cada una de las solicitudes” para las tareas de aprovechamiento. Dicho esto, asegura que no es verosímil afirmar, como los mensajes en redes sociales, que está prohibida la limpieza del monte público a lo largo del año.
Es uno de los trabajos encomendados a los bomberos forestales en los meses sin alto riesgo: “Es lo que debería hacer el 100% de los dispositivos con toda su plantilla”. Por ejemplo, en el caso de la ganadería extensiva, el bombero asegura que “en los montes públicos en general no tiene grandes problemas para desarrollar su actividad”.
La sobrerregulación de los montes es un ‘problemón’
Las limitaciones y la regulación del aprovechamiento de los montes bloquean muchas actividades, en opinión de los expertos.
Inés González Doncel asegura que “los vecinos no piden que limpien el monte [en referencia a la administración], lo que piden es aprovechar los recursos que tiene el monte, que es un matiz muy importante”.
Señala que “los montes están abandonados porque ya no resulta rentable aprovechar los recursos naturales por sus mercados fluctuantes” y que “hay políticas también proteccionistas, muchas veces muy restrictivas y, en consecuencia, aprovechar el monte es poco rentable”.
La ingeniera explica que, si bien “todas aquellas actividades que puedan generar riesgo de incendio están perfectamente reguladas y prohibidas”, existe una “sobrerregulación”.
Tal y como asegura, “la Ley de Montes sorprendentemente es muy proteccionista. Y sus homólogos autonómicos también lo son. En la búsqueda de la conservación y la perpetuación del monte hay un exceso de regulación”.
Además, en su experiencia, “la última pieza de la burocracia, son los forestales o medioambientales” y “queda un poco al criterio del agente forestal si considera que lo que se está haciendo es correcto o no es correcto”.
Para ella, existen dos visiones enfrentadas: “Una idílica de la naturaleza que se cuida sola y otra más profesional en donde consideramos que la naturaleza se debe conservar y cuidar, pero no venerar”.
Sin embargo, “la opinión pública está dominada por una mayoría de gente que considera que la naturaleza no se puede tocar, porque vivimos en las ciudades y lo que queremos cuando vamos al monte es ver una cosa en donde no aparezca el factor humano”.
Asegura que “hay una población urbana que presiona mucho, que se horroriza en cuanto se quiere cortar un árbol” cuando es algo que se recoge en los documentos de ordenación y en proyectos que tienen más de 50 años.
En cualquier caso, la experta expresa que “la administración autonómica tiene que ejercer una cierta labor de vigilancia y tutela” y que es un problema que “tanto los que actúan en el monte, como los que consiguen las autorizaciones, no tengan un criterio único y homogéneo”. ECOticias.com