Medio Ambiente

Un nuevo mapa revela las ‘autopistas de agua’ invisibles que atraviesan el cielo y determinan dónde habrá inundaciones o sequías

Un nuevo mapa revela las autopistas invisibles de vapor de agua que condicionan inundaciones, sequías y lluvias en el planeta.

Un nuevo mapa revela las ‘autopistas de agua’ invisibles que atraviesan el cielo y determinan dónde habrá inundaciones o sequías

Los ríos atmosféricos parecen enormes carreteras de humedad suspendidas sobre nuestras cabezas. No se ven desde el suelo, pero pueden recorrer miles de kilómetros y alimentar lluvias torrenciales, grandes nevadas o inundaciones.

Ahora, un equipo internacional ha reconstruido su red global de transporte a partir de 84 años de trayectorias. El resultado muestra que estas corrientes no avanzan al azar, sino por un conjunto reducido de corredores que rodean el planeta, cambian con las estaciones y conectan regiones muy alejadas.

Qué son los ríos atmosféricos

Un río atmosférico es una franja larga y estrecha de la baja atmósfera donde se concentra un transporte anormalmente alto de vapor de agua. Estas estructuras cubren menos del 10 % de la superficie de la Tierra, pero trasladan cerca del 90 % de la humedad que avanza hacia los polos en las latitudes medias.

No siempre son destructivas. En muchas zonas aportan lluvia y nieve necesarias para llenar embalses, humedecer los suelos y sostener el suministro de agua durante los meses secos. El problema aparece cuando descargan demasiada humedad en poco tiempo.

¿Y cuando no llegan? También se nota. Su ausencia prolongada puede reducir las precipitaciones y agravar la sequía, de modo que el mismo sistema puede aliviar la falta de agua en una región y elevar el riesgo de inundación en otra.

Un mapa construido con 84 años

Tobias Braun, de la Universidad de Leipzig y el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, encabezó el trabajo junto con investigadores de Alemania y España. El equipo utilizó dos catálogos globales basados en el reanálisis ERA5, con registros de 1940 a 2023 y datos cada seis horas.

Después dividieron el planeta en miles de celdas hexagonales y contaron cómo pasaban las trayectorias de una celda a otra. La idea recuerda a una aplicación de navegación que identifica cruces, carreteras principales y rutas secundarias, solo que aquí los vehículos son bandas de vapor.

Los autores combinaron ambos catálogos para reducir la dependencia de un solo método. Aun así, advierten de que los datos anteriores a 1979 tienen menor calidad, sobre todo los previos a mediados de la década de 1950. El mapa no es una fotografía perfecta del cielo.

Autopistas alrededor de la Tierra

El análisis descubrió un cinturón casi continuo de “autopistas” atmosféricas en ambos hemisferios. En el norte, una gran rama atraviesa el noroeste de Norteamérica, cruza el Atlántico hacia Europa, continúa por Eurasia y llega al este de Asia antes de enlazar con la ruta transpacífica hacia Estados Unidos.

En el sur aparece otra gran vía que parte del este de Sudamérica y cruza el océano Austral. Desde ella salen ramales hacia el interior sudamericano, Sudáfrica y el sur de Australia, aunque algunos son más débiles que las rutas principales.

Estas trayectorias forman una especie de columna vertebral del transporte mundial de humedad. Los investigadores comprobaron que los ríos atmosféricos siguen esos corredores mucho más de lo esperado por azar y, una vez dentro, tienden a mantenerse en ellos.

España aparece en la red

La península Ibérica no queda al margen. El estudio identifica dos cuencas de entrada hacia Europa por Iberia y el Mediterráneo, además de una vía central hacia el interior europeo y otra más septentrional que alcanza las costas del Ártico.

La cuenca asociada al sur de la península presenta una frecuencia de penetración hacia el interior del 44,8 %, mientras que la costa mediterránea alcanza el 41,5 %. Son algunos de los valores más altos observados en el análisis global.

En la práctica, esto ayuda a entender por qué una corriente formada muy lejos puede terminar influyendo en las lluvias de España. Los ríos que llegan por el Atlántico suelen perder intensidad al acercarse a Europa, pero algunas rutas meridionales siguen ganando vapor sobre el norte de África y el Mediterráneo.

Los polos acumulan rutas

Uno de los resultados más delicados se encuentra en el Ártico y la Antártida. La red muestra que ambas regiones funcionan como zonas estructurales de acumulación para ríos atmosféricos persistentes procedentes de distintas partes del planeta.

Ese aporte puede provocar nevadas extremas, pero también episodios de lluvia o calentamiento capaces de favorecer el deshielo superficial. No es una contradicción. Más humedad puede añadir nieve en unas condiciones y acelerar la pérdida de hielo en otras.

Por eso, seguir estas rutas importa más allá del pronóstico de una tormenta. El agua que viaja por el cielo también influye en glaciares, capas de hielo y ecosistemas ya sometidos a un calentamiento rápido.

El Niño mueve las autopistas

Los corredores no permanecen fijos. Se desplazan con las estaciones y responden a patrones climáticos como El Niño y La Niña, que alteran la circulación atmosférica a escala planetaria.

Durante La Niña, el estudio detecta rutas más desplazadas hacia el norte sobre el Atlántico, con ramales que alcanzan el Ártico. El Niño favorece una vía más meridional que cruza el Mediterráneo, continúa hacia Oriente Próximo y el norte de India, y después asciende hacia Japón.

Braun lo explicó a Science News con una idea sencilla. “Si conoces las autopistas y cómo cambian con las estaciones, tienes pruebas sólidas de hacia dónde puede dirigirse un río atmosférico”. Y ahí está la utilidad potencial del mapa.

Una herramienta en desarrollo

El nuevo sistema no permite predecir por sí solo dónde caerá la próxima lluvia torrencial. Tampoco sustituye a los satélites, los modelos meteorológicos ni las observaciones locales que utilizan los servicios de predicción.

Lo que aporta es contexto. Saber por qué corredores suele moverse la humedad, dónde gana fuerza y qué regiones funcionan como cruces puede ayudar a mejorar futuros modelos de lluvias extremas, sequías y riesgos polares.

También quedan incertidumbres. Los algoritmos no detectan todos los ríos atmosféricos de la misma manera, las regiones tropicales siguen siendo difíciles y algunas medidas dependen de cómo se construyó la red. Los autores aclaran que han descrito una organización matemática del transporte, no un mecanismo físico nuevo.

Aun con esas cautelas, el mapa cambia la forma de mirar estos fenómenos. Ya no aparecen como tormentas aisladas, sino como piezas de un sistema mundial conectado. Una carretera de agua invisible que puede empezar sobre un océano y terminar días después en un embalse, una ciudad inundada o una placa de hielo polar.

El estudio oficial ha sido publicado en Earth System Dynamics.

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