La protección de suelos quemados es fundamental para la regeneración de los ecosistemas

En este sentido, ha subrayado la necesidad de «detectar dónde hay riesgo de erosión y poner ramas secas encima del suelo o paja, para que la lluvia no impacte directamente y llegue al suelo de forma más suave».

La protección de los suelos quemados es «fundamental» para la regeneración de los ecosistemas, ya que los incendios eliminan la cobertura vegetal y si se erosionan por las lluvias, ni plantas ni animales pueden regresar porque sus hábitats han desaparecido, según ha explicado a Europa Press la portavoz de incendios forestales de WWF en España, Lourdes Hernández.

En lo que va de año, un total de 52.227 hectáreas de superficie han sido arrasadas por incendios forestales, bastante más del doble que en el mismo periodo de 2013, cuando se quemaron 20.947, y también más que en 2014, cuando ardieron 37.584 hectáreas, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

En el caso de los riesgos a los que se enfrentan las superficies quemadas, Hernández ha indicado que si la capa superficial de estos suelos se erosiona, se desplazará por la red fluvial, aumentará la escorrentía, añadirá sedimentos a la red fluvial, contaminará las aguas y alterará la red hidrológica, tal y como sucedió en Galicia en el año 2006, donde las intensas lluvias tras los incendios dejaron el suelo «totalmente desprotegido», ocasionando riadas en municipios de la costa y perjudicando a los pescadores, ya que el marisco quedó cubierto de sedimentos y lodo durante semanas».

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«No puede perderse suelo, ni desaparecer organismos como invertebrados, polinizadores o descomponedores de materia orgánica, porque son necesarios para la recuperación del ecosistema», apunta la portavoz de incendios de WWF.

Por ello, para evitar el peligro que supone la desaparición de los suelos que han sido arrasados por las llamas, Hernández plantea como primera acción, después de un incendio, valorar los daños que ha sufrido el suelo y evaluar la necesidad de su protección antes de las lluvias, aunque, también apunta que, a veces, no da tiempo como ocurrió en el caso de Galicia.

Por su parte, el investigador especialista en incendios del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Juli García Pausas ha explicado a Europa Press que «lo peor es la erosión, porque es muy difícil regenerar el suelo, y en caso de perderlo se hablaría de degradación, desertificación y su recuperación sería más complicada».

En este sentido, ha subrayado la necesidad de «detectar dónde hay riesgo de erosión y poner ramas secas encima del suelo o paja, para que la lluvia no impacte directamente y llegue al suelo de forma más suave».

OBJETIVO: RETENER EL SUELO

«Lo importante es retener el suelo después del incendio o pocos días más tarde. En general, si pasan las lluvias del otoño, tras el fuego en verano, y el suelo no se ha erosionado, se puede considerar que está a salvo, aunque no como antes de las llamas», añade.

También ha destacado que no se debe retirar la madera quemada porque implica la entrada de maquinaria para cortar troncos en lugares susceptibles de ser erosionados y además, los árboles muertos crean un microclima que mantiene la humedad. «Sólo cuando haya plagas de insectos puede ser recomendable cortarlos», matiza.

Sin embargo, cada hábitat presenta unas características y no todos responden del mismo modo tras el fuego. En este sentido, la portavoz de WWF apunta que algunos se recuperan con una mínima intervención humana, como un encinar que lleve años sin quemarse, puesto que tiene capacidad para regenerarse.

En cambio, otros ecosistemas sí necesitan dicha intervención, como las zonas con riesgo de erosión, donde hay que colocar albarradas y fajinas para evitar que el suelo se pierda, e incluso, introducir especies incapaces de recuperarse por sí mismas tras un fuego.

Además, ha agregado que tanto las medidas como el tiempo de recuperación dependen de la intensidad del incendio, la frecuencia de fuegos, si el ecosistema ha perdido o no su capacidad para regenerarse, así como de las especies. Por ejemplo, una zona de matorral se recupera «relativamente» rápido, entre 3 ó 5 años, mientras que un bosque frondoso de encinares o alcornocales tarda 50 años en ser maduro.

Por su parte, el investigador del CSIC ha indicado que la recuperación de los ecosistemas difiere según la zona y ha puesto de ejemplo un sistema mediterráneo, de baja altitud y adaptado a los incendios, en el que la biodiversidad se recupera en poco tiempo y aunque la estructura del bosque tarda más, va aumentando la vegetación, frente a un sistema de montaña, a mayor altitud, donde la recuperación es «más difícil» porque ha sufrido menos incendios.

Esto se produce por la vegetación propia de cada uno de ellos. Tal como apunta el investigador, hay plantas que rebrotan a partir de las raíces y otras que, aunque mueren completamente, sus semillas depositadas cada año en el suelo quedan protegidas y germinan rápidamente tras el fuego. Este tipo de mecanismos se encuentra en las plantas mediterráneas a diferencia de las especies de alta montaña que, debido a la menor frecuencia de incendios, no suelen presentarlos.

LA FAUNA HUYE

García ha indicado que la fauna y las plantas también se ven afectadas por los incendios y aunque algunos animales logran escapar, como los que se mueven fácilmente, como grandes mamíferos o pájaros; otros como insectos, serpientes o topos se protegen a uno o dos centímetros bajo el suelo, ya que éste es aislante del calor y sobreviven; y algunos se quedan en refugios o islas que se forman dentro del incendio.

«Los más eficientes en escapar son los que sobreviven frente a los más débiles, enfermos o que tienen menos capacidad para protegerse», ha comentado el investigador del CSIC.

Por su parte, la portavoz de incendios de WWF sostiene que, incluso, los que tienen capacidad de dispersión ven difícil su huida si se dan cambios bruscos en la dirección del viento. Asimismo, ha apuntado que, a falta de estudios sobre la cuestión, «casi con toda seguridad, el fuego genera a los animales un estrés importante, puesto que ven amenazadas sus vidas».

Hernández ha añadido que en los incendios en espacios protegidos o dentro de la Red Natura 2000, donde hay altas tasas de biodiversidad, «suele haber un mayor porcentaje de animales afectados; frente a otros lugares, como masas monoespecíficas forestales o pinares de repoblación, donde hay menos especies y no hay tantas pérdidas».

Algunos animales, según la portavoz de WWF, se ven perjudicados y no pueden volver porque su hábitat ha sido destruido o tan alterado que ya no tienen alimento ni refugio y no siempre encuentran un lugar adecuado en el que instalarse. «Por ejemplo, un ciervo que se desplaza a otras zonas donde la población de su especie es elevada, se puede encontrar con que no hay alimentos para todos. Por lo que al final, se altera el equilibrio local de los ecosistemas», ha añadido.

Otros, según García, se ven beneficiados, como los pájaros, al quedar los ratones a la vista por la escasa vegetación. En este sentido, ha dicho que la estructura del hábitat se rompe y, al principio, cuando empieza a ser colonizado de nuevo, las especies de animales pueden ser diferentes a las que había antes, atraídas por un lugar menos cerrado por la vegetación, como las aves de estepa, que permanecen aquí mientras que aparece la boscosidad.

Finalmente, el investigador se ha referido a las plantas y árboles, ya que son el combustible del fuego y ha explicado que suele quemarse su parte aérea, pero hay especies que tienen gruesas cortezas, como el alcornoque, cuyo corcho lo aísla y protege.

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