Café, ecología, y países pobres

Históricamente, el café ha sido explotado por Occidente de diversas maneras, puesto que se consume en los países ricos y se cultiva en los países pobres.

La explosión en el consumo de café en todo el mundo en las últimas dos décadas en general no ha beneficiado a los agricultores de granos de café en las naciones más pobres a lo largo del ecuador.

El cambio a la producción de café «tecnificado» en los años 1970 y 1980 ha generado consecuencias económicas y ecológicas más severas para las grandes naciones productoras de café, como Honduras, Colombia, Guatemala, Brasil, Vietnam y Etiopía.

«Históricamente, el café ha sido explotado por Occidente de diversas maneras, puesto que se consume en los países ricos y se cultiva en los países pobres», señala Alexander Myers, estudiante de doctorado en Sociología en la Universidad de Kansas (KU, por sus siglas en inglés), que estudia el comercio y la globalización.

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Esta investigación, que presentó este domingo el propio autor en la 110 Reunión Anual de la Asociación Americana de Sociología, analiza cómo el cambio al uso de la tecnología para la producción en masa de café y para satisfacer la demanda hace más daño a los campesinos de esos países y tiene una importante influencia ecológica allí, especialmente con la cantidad de agua necesaria para los cultivos.

Myers explica que el cambio a la producción de café tecnificado modificó el proceso para parecerse a otros más grandes como las tradicionales granjas de trigo o soja en Estados Unidos en lugar de permitir que las plantas de café crezcan en zonas sombreadas más pequeñas. El último proceso utiliza mucha menos agua, por ejemplo, y permite a los agricultores a diversificar sus cultivos y el uso de sus tierras para sembrar otras cosas.

La producción tecnificada requiere que agricultores cultiven exclusivamente café. «Especialmente, estos campesinos que tal vez tienen una pequeña parcela de tierra, dependen casi exclusivamente de las ventas de café para mantenerse a sí mismos», señala Myers.

Las principales caídas en los precios de los granos de café a alrededor de 0,50 dólares por libra de peso en 2001 casi exterminó las economías de esas naciones, por ejemplo. La tecnificación de la producción de café también requiere un nuevo tipo de grano de café para crecer con eficacia, además de mucha agua. Algunos investigadores ecológicos han estimado que una taza normal de café necesita 140 litros de agua para su crecimiento. «Es muy exigente con el medio ambiente», afirma Myers.

El movimiento de comercio justo en las últimas dos décadas ha ayudado a compensar un poco tanto los cambios económicos y ecológicos, especialmente para los agricultores más pobres de los países en desarrollo. Myers cree que estos movimientos pueden ayudar a crear conciencia sobre todo entre los bebedores de café en los países occidentales.

«Lo que hacemos importa. Las elecciones que hacemos, los productos que compramos tienen un impacto en alguien –recuerda–. A veces es un fuerte impacto. A veces es insignificante o negativo. Pero tienen impactos, por lo que sólo tratar de tener esto en mente es importante, sobre todo en la investigación de lo que está detrás de estas decisiones de consumo».

ep

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