De cara al fuego y con las manos atadas

“El ochenta por ciento de los incendios se apaga en invierno. Estas palabras, dichas con tristeza por Paco, uno de los tantos que dan la cara al fuego con las manos atadas, son reveladoras de que las cosas no están haciéndose de la manera que deberían.”

Del conato al incendio

Existen tres tipos de incendios en el ámbito forestal: el llamado “conato” que abarca menos de una hectárea, el “incendio” propiamente dicho que va de una a quinientas hectáreas de terreno afectado y el llamado “gran incendio”, que supera las quinientas hectáreas siniestradas.

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El “conato”, si se coge a tiempo es el más fácil de reducir, siempre que afecte a sitios que tengan fácil acceso o al menos que sean conocidas por el personal encargado de controlar y extinguir las llamas. Cuanto más intrincada y desconocida sea la zona, mayor es el riesgo de que los incendios se propaguen y queden fuera de control.

Hay momentos en los que solo desde el aire es factible apagar o al menos controlar un incendio forestal, porque el lugar resulta inaccesible para la gente de “a pie” (o motorizada) y muchas veces éstos son víctimas de la impotencia al ver que con algunas medidas de prevención, estos siniestros de gran magnitud se podrían haber evitado.

¿Qué pasa con el personal de extinciones?

Una persona que ha de enfrentarse al fuego debe tener una preparación muy exhaustiva, que va desde el conocimiento de los diferentes tipos de fuegos y de las técnicas de extinción correspondientes, el funcionamiento y manejo de todos y cada uno de los materiales a utilizar hasta el cálculo y medición de los componentes externos, ya sean vientos, lluvias u otros elementos accesorios.

Además deben tener un estado óptimo de salud, una excelente forma física y una férrea disciplina; es fundamental que cada miembro del equipo sea capaz de funcionar de manera independiente y grupal. La confianza entre ellos es una necesidad, ya que sus vidas pueden depende de ello.

Al día de hoy además de los profesionales que luchan contra los incendios, existen muchos voluntarios en todas partes de España, que por recortes presupuestarios no reciben la formación que sería deseable (la que se impartía hasta hace unos años). A eso se le debe sumar que existe una gran rotación de personal auxiliar, que no siempre está bien preparado para el puesto asignado y eso genera desconcierto, pérdidas de tiempo y a veces hasta descoordinación.

La llave de todo es la prevención

Si se destinaran los recursos necesarios para la limpieza de montes, bosques y zonas forestales en general, la cantidad de incendios sería menor y resultaría más fácil controlarlos. No es lo mismo apagar el fuego al pie de un árbol en un sitio limpio de matas, que en lugares donde las llamas alcanzan con rapidez las copas y resultan imposibles de gobernar.

Por temas de falta de presupuesto solo hay vigilancia en las casetas de control forestal en los meses de verano; por otra parte y gracias a los recortes de recursos económicos hay muchas dotaciones que no pueden hacer el debido reconocimiento de las zonas que deben proteger.

En nuestro país se acostumbra a quemar rastrojos, habiendo formas más eficientes de deshacerse de tales deshechos. Se hace imprescindible educar a la gente en ese aspecto y darle alternativas viables para que no sigan usando el fuego para estas tareas, ya que si no se toman las medidas necesarias para hacerlo y aun tomándolas, pueden ser el foco que inicie un incendio forestal.

Los campings, las casas aisladas y las fincas de monte deben contar con un asesoramiento especial y con planes de emergencia que les permitan una rápida evacuación en caso de que se declare fuego cerca de sus hogares. También deben ser conscientes del papel que juegan en cuanto a prevención y cuidado del entorno.

La actuación de las administraciones públicas debe ser eficiente y funcional. De ella dependen: la gestión y dotación de los recursos, la legislación, la investigación, los programas que tiendan a sensibilizara la gente y la participación en los diversos procedimientos de tipo penal, si hubiera causa para ello.

Poderoso caballero Don Dinero

Muchas de las empresas que deben ejercer funciones auxiliares se han tercerizado y el personal que tenía la preparación necesaria, que conocía los sitios que debían limpiarse y controlarse, han sido sustituido por otros con menos preparación (a costos más accesibles).

Otro tema que preocupa es que el control que deben ejercer los entes estatales que pagan a con dineros públicos a esas empresas, no siempre es el más adecuado. Esto no quiere decir que las empresas lo hagan todo mal, ni mucho menos, sino que el contralor debería estar en manos de gente idónea que dicte las pautas de trabajo y corrobore que éstas se cumplan.

En resumen cuando vea a todas esas personas que se enfrentan a los incendios forestales con tesón y coraje, dándolo todo de sí y potenciando los recursos disponibles al máximo, piense que además de estar mal pagados, durante el resto del año nadie moverá un dedo para evitarles el mal rato, ni tan siquiera para hacerles la tarea un poco más fácil.

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