Aunque en apariencia no ha evolucionado, decodifican el activo genoma de un fósil viviente

Científicos japoneses han decodificado el primer genoma de un braquiópodo linguloide —una língula anatina recogida en la isla de Amami, Japón--, considerada hasta ahora un fósil viviente.

El trabajo, publicado en Nature Communications, presenta los resultados del análisis de más de 34.000 genes que componen el genoma de L. anatina, y muestra que su genoma está evolucionando de forma activa.

Los braquiópodos son invertebrados marinos con conchas externas y un tallo. A menudo, se confunden con los moluscos; sin embargo, la semejanza es superficial. A diferencia de los bivalvos –almejas y mejillones– que tienen conchas en los lados de sus cuerpos, las conchas de braquiópodos se encuentran en la parte superior e inferior.

Los braquiópodos linguloides habían cambiado tan poco en apariencia desde el período Silúrico (hace 443-419 millones de años) que Darwin se refirió a ellos como «fósiles vivientes». Este término a menudo engaña a la gente, haciendo creer que estos animales no evolucionan más, pero este estudio demuestra lo contrario.

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Uno esperaría que los ‘fósiles vivientes’ se parecen mucho a sus antepasados fósiles, no sólo en apariencia, sino en el genoma también. Mientras que está cerca de verdad para los celacantos, otros famosos «fósiles vivientes», que tienen la tasa de evolución molecular más lenta entre los vertebrados, el genoma del língula ha ido evolucionando con rapidez, a pesar de la falta de cambios en la apariencia.

Las cáscaras de língula fósiles y vivientes muestran una considerable diversidad en la estructura química. El análisis de los tejidos blandos de los fósiles también sugiere cambios morfológicos entre los braquiópodos linguloides. Los autores del estudio también encontraron cambios significativos en la estructura y los genes genómicos familiares, lo que contradice la idea de un verdadero «fósil viviente».

Uno de los grandes misterios de la evolución animal es que los vertebrados y los língula, aunque evolutivamente distantes, utilizan fibras de fosfato de calcio y colágeno para la biomineralización. Sin embargo, las comparaciones genómicas muestran que língula carece de genes para la formación de hueso y tiene diferentes tipos de fibras de colágeno. Este estudio indica que língula y los vertebrados óseas han evolucionado independientemente y emplea diferentes mecanismos para la formación de tejido duro. Es un ejemplo interesante de la evolución paralela.

La decodificación del genoma del língula arroja luz sobre la historia evolutiva de los braquiópodos, así como del origen de la biomineralización, explica Noriyuki Satoh, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Posgrado de Okinawa, y autor principal del artículo.

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