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viernes, febrero 3, 2023

Ecología de la resurrección: qué es y cuáles son sus implicaciones

¿Ver la luz tras milenios enterrados?

Cuando sus propágulos latentes son preservados en el permafrost, en los suelos o en los sedimentos, estas especies pueden ser devueltas a la vida. La ecología de la resurrección permite a los investigadores identificar las distintas etapas de su evolución, mediante la comparación de las especies extintas resucitadas con sus descendientes vivos.

Este tipo de resurrecciones son relativamente recientes, pues se han conseguido por primera vez hace 12 años, experimentando con un crustáceo parecido al camarón llamado Daphnia, también conocido como pulga de agua. 

Los protagonistas recientes de este tipo de experimento incluyen un virus que infecta las amebas gigantes, el cual fue “revivido” después de pasar 30.000 años ​​congelado en el hielo siberiano y un musgo que estuvo enterrado en el hielo antártico durante más de 1.500 años. 

Entre los posibles candidatos de futuras experiencias, están el tigre de Tasmania, la paloma migratoria, la vaca marina de Steller y la mariposa azul de Xerces, aunque el mamut lanudo es el más inspirador para los científicos.

Comparando presente y pasado

La Daphnia es un microorganismo que se encuentra en la actualidad en lagos, estanques, arroyos y ríos. En el otoño producen los llamados “huevos de invierno”, que están encerrados en una cáscara muy gruesa. Algunos terminan enterrados en el fango, sin llegar a eclosionar. 

En 2004, los investigadores encontraron la manera de resucitar estos huevos que habían estado soterrados en el sedimento del lago Superior durante décadas, identificando así un repositorio de información genética y ecológica a largo plazo y sentando las bases de la ecología de la resurrección. 

Durante el mencionado estudio, los científicos se centraron en un huevo de 700 años de edad encontrado en el Center Lake en Minnesota y tras “resucitar” a la Daphnia, la estudiaron para entender cómo los antiguos crustáceos utilizaban el fósforo, en comparación con sus contrapartes de la era moderna. 

Los resultados coincidieron con los datos históricos: las concentraciones de fósforo en el lago aumentaron dramáticamente a finales de 1800, debido a su uso como fertilizante en las granjas cercanas y la Dafnia revivida era un testigo de dicha situación provocada por el ser humano. 

Resurrección y regeneración

De acuerdo con los investigadores que lograron la hazaña de regenerar plantas a partir de tejido de fruta de 30.000 años enterrados en el permafrost de Siberia y conservados de forma natural, este hecho demuestra que el permafrost es un «depósito» o una reserva genética muy antigua y que puede ser un recurso importante para los estudios evolutivos. 

Los científicos que descubrieron un virus gigante que ataca a las amebas y lo “revivieron”, señalan que «la reactivación de un virus sugiere que el deshielo del permafrost, ya sea por el calentamiento global o la explotación industrial de las regiones circumpolares, podría no estar exento de futuras amenazas para la salud humana o animal.

Un estudio publicado en 2014 por la revista Current Biology reveló que se había logrado revivir un antiguo musgo encontrado en Signy Island, cerca de la Antártida. 

Un equipo de científicos encontró esporas de dicha especie y las colocó en una incubadora a una temperatura y un nivel de luz normales para su desarrollo. Sorprendentemente, el musgo comenzó a crecer después de sólo unas pocas semanas.

Terminología

Algunos argumentan que la denominación «ecología de la resurrección» debe aplicarse a los estudios de huevos eclosionados de Daphnia, mientras que las otras resurrecciones deben estar dentro de la «biología de la resurrección.»

En este caso, la semántica puede llegar a ser complicada ya que la resurrección aplicada a la conservación en realidad se llama des-extinción, lo que equivaldría a revivir al tigre dientes de sable o al mamut lanudo.

Planteamientos éticos

Este tipo de experiencias van de la mano de un sinnúmero de problemas éticos y son tema de debate en varios ámbitos, ya que plantea una serie de dudas.

¿Estamos reviviendo microorganismos que pueden causar daño a los seres humanos, a las plantas o a los animales silvestres? ¿Estamos resucitando potenciales plagas de los cultivos? ¿Por qué traer de vuelta el mamut lanudo, mientras que su pariente más cercano, el elefante africano, se ve amenazada por la caza furtiva? ¿Hay que revivir especies que no pueden ser soportados por los hábitats existentes? 

El panorama futuro en cuanto al estudio de este tipo de organismos “traídos de vuelta a la vida”, genera un sinfín de oportunidades de investigación, pero sin dudas estos experimentos tienen su lado oscuro, por lo que los mismos científicos se preguntan: ¿dónde debemos poner el límite?

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