La vuelta a casa de la tarántura mediterránea

La tarántula mediterránea (Lycosa tarantula) abandona su nido solamente por la noche para cazar, obtener materiales para construir la parte superior del nido y otras actividades; sin embargo es un animal que es también muy activo diurnamente pero no de forma espontánea. Joaquín Ortega, investigador del Departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid, está estudiando cuáles son los métodos que emplea este arácnido para orientarse y poder regresar a su hogar.

La tarántula mediterránea es nativa del sur de Italia, de Croacia y de España. Las hembras alcanzan los tres centímetros de longitud corporal, siendo más grandes que los machos, que nunca superan los dos centímetros. La parte inferior del abdomen tiene una mancha negra rodada de un perfil gris anaranjado; en ocasiones hay algunas modificaciones en este patrón más general.

Tiene hábitos tanto diurnos como nocturnos y es común en hábitats secos y rocosos, donde suelen cazar al acecho. Las hembras y los juveniles excavan madrigueras para resguardarse durante las horas del día y solo las abandonan por la noche para cazar; los machos adultos permanecen sólo unos días en el nido antes de alejarse definitivamente en busca de hembras. Pero ¿cómo hacen éstos arácnidos para orientarse y volver a su hogar?

Lycosa tarantula posee 8 ojos dispuestos en tres filas. Son sencillos, ojos tipo cámara como los de los humanos aunque su construcción interna es diferente. Se pueden dividir en: anteriores medianos, anteriores laterales, posteriores medianos y posteriores laterales. Los anteriores medianos los utiliza para detectar luz polarizada, los posteriores medianos detectan formas, los posteriores laterales revelan la aparición de nuevos estímulos y los anteriores laterales están en estudio. Salvo los ojos medianos anteriores que tienen un nervio único para ellos, el resto comparten axones y por tanto, tienen cierto grado de funcionamiento compartido.

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Debido a esta capacidad ocular, Joaquín Ortega, del Departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid, se ha planteado si esta tarántula, para volver a su madriguera, utiliza información visual o información propioceptiva, es decir, la recibida a través de sus receptores articulares de sus patas. En el trabajo llevado a cabo por este investigador y publicado en Naturwissenschaften (Naturwissenschaften (2009) 96:485–494), se realizaron diferentes estrategias para comprobarlo. En un primer experimento, se trató de que la tarántula se familiarizara con una rejilla de barras negras y blancas que estaban a ambos lados del nido, para ello, se la dejó unos días de habituación al nido, donde ella salía y entraba, dejaba hilos de seda…, es decir, pudo obtener información tanto visual como propioceptiva. A continuación, se la desplazaba activamente a una distancia de 20 cm, se la trasladaba a un pasillo paralelo sin nido con barras en el lugar donde debería estar el mismo. Sobra decir que ella nunca había estado antes en dicho pasillo. Se esperaba que regresara a buscar su madriguera. Sin embargo, el nido lo buscaba realizando movimientos con sus dos pares anteriores de patas. Recorría 20 cm, distancia a la que debería estar su morada. Si no lo encontraba se dedicaba a ir y venir. En condiciones más naturales, este animal realiza búsquedas en círculos cada vez de un radio mayor volviendo a la zona donde debería estar el nido según ella.

Otra estrategia empleada consistió en poner un vaso inmediatamente a la salida del nido, meterla dentro y desplazarla 20 cm (desplazamiento pasivo). Sin soltarla se la pasaba al otro pasillo y se la depositaba. En este caso, la tarántula tenía información visual de que la estaban desplazando pero no tenía información de que ella se estuviese desplazando. En este pasillo, las barras blancas y negras se encontraban a la altura a la que debía estar el nido, 10 cm más allá o 10 cm antes de la posición del nido. Incluso la información visual adelantada no sirvió para nada. La tarántula buscaba el nido en el lugar en que se le había depositado. No se desplazaba hasta donde estaban las barras porque ella no era “consciente” de haber sido desplazada. Por tanto, con estos resultados se puede concluir que para volver al nido, Lycosa tarantula necesita información propioceptiva.


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