Vacaciones económicas y ecológicas

Conocer y conservar la naturaleza de nuestra ciudad, disfrutar de ese entorno natural cercano que nunca visitamos por falta de tiempo… Pero también viajar al Ártico para ayudar a luchar contra el cambio climático, a Estados Unidos para observar a las mariposas monarca o a Tailandia para conservar los arrecifes de coral. Todas estas actividades pueden permitirnos disfrutar de unas vacaciones gratis o por muy poco dinero, contribuyendo de paso a reducir nuestro impacto ambiental e incluso a mejorar el entorno natural. En este sentido, las posibilidades son cada vez más diversas, si se cuenta con la información y las ganas necesarias.

 La forma más sencilla de ahorrar dinero y ser ecológicos en nuestras vacaciones es no viajar fuera de nuestro entorno habitual. De esta manera, se evita el impacto ambiental causado por el transporte, especialmente el del vehículo privado. Las ventajas de este «turismo ecológico local» son varias: con el dinero ahorrado en el desplazamiento, el consumidor puede entretenerse en su propia ciudad en los parques, actividades culturales y medioambientales, restaurantes, etc., más difíciles de alcanzar durante el resto del año. En algunos casos, incluso podrá descubrir rincones desconocidos, convirtiéndose en turista en su propia ciudad. Y si no vive en el típico destino turístico, podrá moverse y disfrutar de estas actividades con menos agobios, tanto a pie como en bicicleta, ya que el turismo convencional habrá atraído a sus conciudadanos a otros lugares.

En este sentido, quien se decida por esta opción no debe pensar que se aburrirá, ya que cada vez son más las ofertas culturales, y en concreto, ambientales, que ofrecen las ciudades, tanto en su propio centro como en los espacios naturales periurbanos. Los ejemplos son muy diversos: el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (MARM) organiza paseos al aire libre en el entorno de Valsaín (Segovia), englobados en la nueva oferta de actividades «A cielo abierto» del Centro de Educación Ambiental CENEAM; la Comunidad de Madrid ha creado un programa de 300 actividades gratuitas para acercar a los ciudadanos, tanto mayores como pequeños, a los espacios naturales de la región; la localidad de Andújar (Jaén) ofrece una serie de actividades para concienciar a los más jóvenes en el respeto a la naturaleza; la Diputación Foral de Bizkaia ha anunciado un nuevo centro dedicado a las energías renovables…

Las organizaciones ecologistas también son apropiadas para las personas que buscan disfrutar de unas vacaciones alternativas y económicas. Greenpeace organiza campamentos de verano en Alborache (Valencia) destinados a niños de entre 9 y 11 años. La belleza de la zona o el edificio bioclimático del centro de educación ambiental de Actio permitirán que los peques se lo pasen bien, estén a gusto y aprendan a conservar su entorno.

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En definitiva, una variada oferta al alcance de la mano si se sabe buscar la información adecuada. Para ello, lo mejor es acudir a las instituciones locales y provinciales donde uno reside, y contactar con los responsables de cultura y medio ambiente. Otra opción son los Centros de Educación Ambiental, donde además de organizar actividades, pueden ofrecer toda la información necesaria. Y para los que quieran unas vacaciones sin intermediación institucional, las diversas ONG ambientales, tanto de nivel nacional como local, cuentan con varios programas de ocio y voluntariado medioambiental. Asimismo, conociendo un poco la ciudad, cualquier persona puede organizarse sus propias actividades medioambientales de ocio, recorriendo los parques urbanos y periurbanos, los jardines botánicos, etc.
Viajar fuera de casa

Quedarse en casa no es la única opción para disfrutar de unas vacaciones ecológicas y económicas. Viajar, conocer otros lugares, otras regiones del propio país o de otros países resulta una experiencia muy enriquecedora, pero no siempre tiene que ser cara ni medioambientalmente nociva.

En primer lugar, hay que pensar en elegir el medio de transporte de menor impacto ambiental. Utilizar transporte público como autobuses o trenes es la mejor opción, mientras que el avión se debería dejar para viajes muy largos. Y siempre queda la posibilidad de compensar las emisiones de CO2 producidas por el viaje.

En el momento de elegir un destino, conviene evitar las ofertas convencionales de turismo y buscar otros lugares fuera de las clásicas guías de viajes. Contar con un amigo en el lugar de destino puede suponer ahorrarse no sólo los gastos de alojamiento, sino también las típicas – y caras- zonas turísticas, y acercarse al auténtico ambiente, tanto natural como cultural de la ciudad o pueblo que se haya elegido y comer, comprar y vivir como un lugareño más. Otra opción con numerosos seguidores es el denominado «Slow Travel», especialmente indicado para consumidores cansados de los paquetes turísticos que retan a visitar «10 ciudades en 10 días».

Internet puede ser una herramienta muy útil, ya que permite informarse de los posibles lugares de vacaciones, conseguir vuelos baratos, conocer personas con intereses comunes en cualquier parte del mundo, e incluso, la posibilidad de intercambiar casas para viajar. Y como consejo general, es conveniente planificar con antelación el viaje, ya que puede evitar sustos y ahorrar dinero.

Por otra parte, las posibilidades de voluntariado ambiental en el extranjero, especialmente en los países anglosajones, son enormes, además de gratuitas o muy económicas. La web «The Daily Green» ofrece varias propuestas de vacaciones ecológicas de bajo coste, e incluso, ideas para que los niños (y no tan niños) puedan pasar sus vacaciones, aprender y ayudar a mejorar el medio ambiente de forma divertida. Los ejemplos son tan diversos como curiosos, pero siempre económicos y ecológicos: programas concretos de observación de ranas, mariposas monarcas, setas, luciérnagas, gusanos, arañas, palomas, etc., en parajes naturales espectaculares; estudio del cambio climático en el Ártico; viajar por toda Europa para cuidar los bosques; llegar hasta Namibia para proteger a los leopardos; bucear en varios países paradisíacos para ayudar a conservar los corales; aprender a cultivar de forma ecológica en granjas orgánicas; estudiar los tiburones y cocodrilos en peligro de extinción en Belize; etc. Asimismo, los viajes y las escapadas solidarias, normalmente vinculadas a aspectos de conservación y proyección del medio ambiente, son otra opción a estudiar.

En cualquier caso, Doug Cutchins, uno de los autores del libro «Volunteer Vacations» recomienda ser realistas y coherentes con nuestra forma de ser, nuestras prioridades, afinidades y capacidades. No es lo mismo viajar al Ártico para ayudar a estudiar el cambio climático que apuntarse con un grupo de voluntarios para observar aves. También es muy importante saber qué tipo de personas va a convivir con nosotros durantes esos días, de manera que estemos más a gusto.
Ecológicos también en vacaciones

La conciencia medioambiental también debe acompañarnos a nuestro destino vacacional: viajar de forma ecológica es posible. Aunque nos hospedemos en un hotel, o estemos en un lugar en el que parece que los recursos naturales no escasean, debemos hacer un uso sostenible del agua, la energía, los alimentos, etc. Los residuos que generemos en nuestras vacaciones también se pueden y deben reciclar, más aún si se trata de espacios naturales donde el impacto ambiental puede ser mayor.

 

Alex Fernández Muerza – www.consumer.es – EROSKI

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