El concepto de la africanización del clima no es otra cosa que el resultado de un riguroso estudio que advierte que el desierto ocupará el sur peninsular. Lo que hoy consideramos el norte atlántico y de grandes bosques caducifolios será el área puramente mediterránea. Eso supone una crisis global y es inentendible que aún siga pasando desapercibida para la sociedad y para los gobiernos.
El 2017 ha sido el año de mayores ingresos conocidos desde que AMUS, allá por la mitad de los años 90, es decir hace algo más de dos décadas, comenzara. Un sondeo por los centros ibéricos nos trasladan a una situación similar en la que las estadísticas coinciden y la sensación es la misma. Lo que hace saltar la alarma no es el sentirse desbordado ante más de 40 o 50 admisiones diarias sino el pensar y analizar la causa o factores que hacen que tantos animales salvajes tengan que ser atendidos.

No queremos ser catastrofistas, ni tampoco pretendemos cubrir de misterio algo que es tan real como que el cambio climático y las grandes modificaciones en el medio físico están alterando profundamente los ciclos de los organismos en el planeta, la biodiversidad.
El concepto de la africanización del clima no es otra cosa que el resultado de un riguroso estudio que advierte que el desierto ocupará el sur peninsular. Lo que hoy consideramos el norte atlántico y de grandes bosques caducifolios será el área puramente mediterránea. Eso supone una crisis global y es inentendible que aún siga pasando desapercibida para la sociedad y para los gobiernos.

Las modificaciones en los hábitos de muchas especies de animales y plantas son las primeras alertas que nos avisan de un gran desajuste en el clima y por ende en el medio físico: Cigüeñas, petirrojos, moritos, corredores saharianos, currucas, golondrinas…son un nimio ejemplo de especies de aves que o no se van o se desplazan en pos de un clima cada vez más caluroso.
De hecho, estamos inmersos en lo que se ha dado en llamar la sexta gran extinción por causas humanas superándose este año la lista roja de especies amenazadas.
Según la UICN la barrera de las 25.000 variedades de plantas y animales. Pero no vamos a irnos a la Antártida ni a un rincón remoto asiático. Basta asomarse al jardín de casa o al extrarradio de la población para comprobar que las especies comunes, las de siempre, ya tampoco están o hay muchas menos: gorriones, abejas, mariposas, lagartijas, insectos…

En todo este escenario los centros de recuperación se han convertido en los centinelas que llevan advirtiendo ya hace tiempo lo que ya tenemos delante. Los estudios epidemiológicos ya se han iniciado y advierten de los efectos de la perdida de hábitat, del impacto de las especies exóticas e invasoras y del cambio climático con el telón de fondo de la globalización de los problemas. Que en 40 años hayamos acabado con más de la mitad de animales que pueblan la tierra o que las EIE (Enfermedades infecciosas emergentes) hayan aumentado con graves riesgos para la salud humana y ambiental son hechos que ponen en alto riesgo el orden económico, social y ambiental mundial.

El sábado 23 de septiembre a las 19 h te esperamos en la ermita de San Isidro, en Hornachos (Badajoz) donde liberaremos varios animales ingresados y recuperados en nuestro hospital. Entre ellos está un águila culebrera que ingresó tras ser disparada y va provista de un emisor satélite que nos permitirá conocer su vida, sus desplazamientos, su adaptación y de cómo puede también afectarle los desordenes climáticos en la elección de sus territorios.
















