El COVID19 es consecuencia la venta de animales salvajes para el consumo humano

La Organización Mundial de la Salud regresó hace unos días de su misión en Wuhan (China), epicentro de la pandemia de coronavirus.

Los resultados de su investigación han excluido el rastro conspirativo de la fuga de laboratorio, considerado «extremadamente improbable», mientras que la hipótesis más realista sigue siendo el origen animal del virus. Aún no está claro qué especies habrían actuado como reservorio del virus, pero la sospecha sigue recayendo en murciélagos o pangolines, que habrían entrado en contacto con los animales salvajes comercializados para el consumo humano en los mercados húmedos.

En resumen, aunque aún se desconozca la dinámica exacta que llevó a la propagación de la COVID-19, la principal hipótesis formulada el año pasado permanece inalterada. No es casualidad que la explotación animal sea responsable de otras enfermedades, como el reciente virus Nipah, que se habría transmitido del murciélago al cerdo, y de éste al ser humano.

De hecho, en las granjas intensivas un virus puede actuar sin ser molestado y sin encontrar variantes genéticas que puedan prevenir su propagación, con el riesgo de que mute y luego se transmita a las personas.

Como el 70% de las enfermedades que afectan al ser humano, el coronavirus también es una zoonosis, es decir, se deriva de la interacción más o menos directa entre animales salvajes, especies domesticadas y humanos. Teniendo en cuenta las nuevas evidencias, no podemos dejar de exigir el cierre de las granjas industriales y el fin del tráfico y la explotación animal. Nuestra propia supervivencia está en juego.

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Para más información: Los mercados de animales y el origen del coronavirus COVID-19

Fuente: Faada

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