Las últimas tecnologías ayudan a salvar la fauna más amenazada

“Aún es pronto para saber si este registro disuade a un cetrero ilegal o a un coleccionista de trofeos desaprensivo –explica un agente del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil-, pero, sabiendo que incluso muchos años después del delito seguimos teniendo ADN que analizar y contrastar con las fichas oficiales, yo creo que muy pocos se van a arriesgar a partir de ahora”. La pista del ADN también es clave para conseguir la viabilidad de la exigua población actual de osos pardos. Los estudios sobre la genética del oso pardo, desarrollado, entre otros, por científicos del CSIC, están sirviendo para conocer la variedad de respuestas de estos mamíferos a una epidemia general o una hambruna, esto es, su capacidad de adaptarse a las circunstancias y sobrevivir. Los primeros resultados, como se temía, no son muy alentadores, y confirman la elevada consanguinidad y la escasa diversidad genética de los apenas 100 osos pardos españoles, especialmente grave en el núcleo oriental de la Cordillera Cantábrica y en Pirineos, y no tanto en la zona occidental de Asturias. Estos resultados obligan, en opinión de los científicos, a medidas de gestión “drásticas e imaginativas”, particularmente, la dispersión estudiada de individuos. Algunos plantígrados tendrán que empezar a hacer las maletas.

Tan amenazadas como el oso pardo y con un número de ejemplares que apenas alcanza las dos centenas, se encuentra en España el águila imperial. Esta rapaz, que hace unos décadas era considerada una “alimaña”, resulta aún enormemente desconocida para los expertos y éstos, junto a las administraciones públicas, han llegado a la conclusión de que es necesario conocerlas bien para encontrar la mejor forma de facilitar su reproducción y evitar las mortandades no naturales. Gracias a los sistemas de seguimiento radioeléctrico (mediante ligeros transmisores que llevan adosados durante algunos años) ahora sabemos que las dos causas de muerte principal de estas aves son los cepos envenenados y los postes eléctricos. Todo indica que los estudios desarrollados, entre otros, por la Junta de Extremadura, el CSIC o la fundación FUNGESMA, permitirán tomar en breve drásticas medidas -legales o de otro tipo- contra estas dos amenazas.

Caso parecido es el de la cigüeña blanca, que migra cada año desde Europa Occidental hasta África para invernar, y que se encuentra en franca regresión desde los años 70 dado que muchos ejemplares se quedan en el camino. ¿Por qué? Según un estudio de la Oficina de Anillamiento de la Dirección General para la Conservación de la Naturaleza, la razón se encuentra muy lejos de los espacios naturales donde habita entre vuelo y vuelo. “Analizando las posibles causas de este no retorno -se lee en el estudio-, se pudo determinar, según los datos obtenidos por la recuperación de las cigüeñas anilladas, que durante su vuelo entre el lugar de cría y el de invernada, un importante contin¬gente de ejemplares moría víctima de electrocu¬ciones y choques con los cables de los tendidos eléctricos, situados a lo largo de sus rutas migrato¬rias”. Una razón más para obligar a las compañías eléctricas a modificar los tendidos eléctricos de tal modo que los cables sean siempre perceptibles para las grandes aves y no inviten a posarse en los postes.

Más sofisticado aún es el estudio con técnicas aeroespaciales que ha realizado la Fundación Orangután sobre las poblaciones de este simio en Sumatra. Los orangutanes, que no hace muchas décadas ocupaban toda la isla del Extremo Oriente, ahora apenas suman 15.000 en todo el mundo. Para conocer la población de Sumatra -seguramente la mejor del mundo-, especialmente, su número, sus costumbres o sus áreas de distribución, la fundación británica, en colaboración con la NASA, ha utilizado un globo controlado a distancia con una cámara de infrarrojos. Con los datos de que se dispone ahora, la citada entidad conservacionista o el Plan de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) podrán acometer un plan de choque para salvar de la extinción al gran mono de los bosques templados.

 

 

Rafael Carrasco

Agencia Dossier

 

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