El cambio climático podría provocar la extinción del 20% de las especies de lagartos y lagartijas en 2080

La previsión establecida en el estudio es fruto de un modelo matemático de riesgo de extinción que ha sido validado con trabajos de campo en cuatro continentes. El estudio, en el que colaboran 26 científicos de 12 países, ha sido publicado en el último número de la revista Science.

Dirigido por el investigador de la Universidad de California, en Santa Cruz (EEUU), Barry Sinervo, la investigación cuenta con la participación del investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), en Madrid, Ignacio De la Riva. El biólogo del CSIC ha participado hoy, junto a Sinervo y al investigador del Centre National de la Reserche Scientifique Jean Clobert, en una rueda de prensa convocada por la revista científica en el marco del congreso Media for Science Forum organizado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología en Madrid.

La investigación comenzó con la constatación de que ciertas poblaciones de lagartija de turbera (Zootoca vivipara) de Francia se habían extinguido. Igualmente, miembros del equipo comprobaron, sobre un total de 48 especies de lagartijas mexicanas del género Sceloporus, que los animales habían desparecido en el 12% de las 200 localidades muestreadas, pese a que su hábitat permanecía aparentemente intacto. Sendos hallazgos llevaron al grupo a desarrollar un modelo artificial de lagarto con microchips que medía la temperatura operativa en diferentes condiciones durante cuatro meses, tanto en localidades donde las poblaciones de estos reptiles habían sobrevivido como en aquellas donde habían desaparecido. Los resultados de la prueba fueron concluyentes: en los lugares donde se habían producido extinciones, los lagartos no habrían tenido tiempo de alimentarse ni de reproducirse adecuadamente, ya que las altas temperaturas les obligarían a permanecer la mayor parte del tiempo guarecidos en sus refugios.

A partir de esta primera aproximación, los investigadores elaboraron el mencionado modelo matemático de riesgo de extinción que contemplaba las variables climáticas y las variables fisiológicas relacionadas con la regulación térmica de los reptiles. Sus resultados fueron validados en un trabajo de campo posterior realizado en Francia y en México. De hecho, estas prospecciones desvelaron que, en ciertos casos, las extinciones son más rápidas de lo esperado porque una especie capaz de adaptarse eliminaba por competencia a la que no lo era.

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¿Por qué analizar la temperatura y la fisiología de los reptiles? Ignacio De la Riva explica que numerosos lagartos y lagartijas de los cinco continentes presentan limitaciones fisiológicas que les impiden responder con celeridad al ritmo actual del incremento de las temperaturas. Muchos de ellos no son capaces de introducir variaciones en su fenología, es decir, en los ritmos y épocas de sus ciclos vitales, como la reproducción o su comportamiento.

Según apunta, la estrategia inevitable para eludir los efectos del calentamiento del clima es que los animales cambien su distribución geográfica, tanto altitudinal como latitudinal. “Esto ya se está observando en la actualidad en numerosas especies animales y vegetales. Pero esto no bastará para evitar la extinción de muchas especies de saurios de montaña, que, sometidas además a la competencia creciente con las especies de zonas más bajas, a menudo se quedarán sin hábitat a medida que asciendan en altitud”, señala el investigador del CSIC.

El último paso fue recopilar datos de las variables empleadas abarcando el mayor número posible de lugares y especies, para así poder realizar predicciones globales. De nuevo, los pronósticos se comprobaron sobre el terreno en poblaciones de lagartos de cuatro continentes. En total, se cruzaron datos de 1.216 poblaciones de 587 especies repartidas entre 34 familias de saurios. Los datos globales concluyeron que Madagascar podría ser ya una de las zonas más afectadas por el impacto del cambio global, con un 21% de poblaciones extintas. Además, el estudio prevé que las especies que ya están experimentando pérdidas de población a nivel local serán las más proclives a la desaparición.

Evitar extinciones
Muchas de estas extinciones, sobre todo las de aquellas especies que habitan en regiones montañosas tropicales, podrían evitarse si se tuviera éxito en la reducción de emisiones globales de CO2 para 2080. “En cualquier caso, la actual evolución del cambio climático sugiere que resultará inevitable que, en 2050, el 6% de las especies de saurios se haya extinguido. El modelo pronostica que para esa fecha habrá desaparecido el 16% de sus poblaciones locales, una cifra que llegará al 23% en zonas ecuatoriales”, concreta el investigador del CSIC.

Como explica De la Riva, “la pérdida de diversidad de lagartos y lagartijas tendrá consecuencias en cascada para toda la cadena alimentaria, dado que estos reptiles son presa frecuente de un gran número de depredadores, tanto mamíferos como aves, además de otros reptiles. Asimismo, los propios lagartos depredan activamente sobre invertebrados y pequeños vertebrados”.

El biólogo destaca que quedan muchas especies de saurios por descubrir. Lo ejemplifica con la situación de las lagartijas del género Liolaemus de los Andes Centrales, a las que ha dedicado parte de su trabajo, en colaboración con los investigadores del CSIC José Manuel Padial y Noemí Goicoechea. Este grupo, representado en la investigación que publica Science, incluye más de 200 especies descritas hasta la fecha. Un amplio número de ellas se caracteriza por gestar a sus hijos en el interior de sus cuerpos en vez de poner huevos, como adaptación a las frías temperaturas. “Aún queda multitud de especies por conocer, pero estos lagartos podrían estar encarando ya una pérdida importante de su diversidad. El modelo predice además el doble de riesgo de extinción para las especies de saurios vivíparas frente a las ovíparas”, afirma.

Impacto en España
“El cambio climático modificará la distribución de varias especies de saurios típicos de la Península Ibérica, poniéndolas en peligro en muchos casos”, estima De la Riva. De hecho, el estudio ya reporta extinciones locales en Europa para una de las lagartijas presentes en el país, la lagartija de turbera. “Un ejemplo del impacto podrá verse en una joya endémica peninsular, el lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi), que presenta ciertas poblaciones ya escasas y restringidas en el centro de España. Esta especie requiere temperaturas frescas y humedad y, por ello, las poblaciones en esas zonas son firmes candidatas a desparecer”, destaca De la Riva.

La investigación documenta un nuevo caso de declive y extinciones a gran escala, que se suma al de los anfibios. De la Riva, que lleva más de 20 años estudiando anfibios y reptiles tropicales, puntualiza que en este segundo caso las desapariciones se deben principalmente a la expansión de un hongo patógeno que causa una enfermedad mortal en muchas especies y cuya relación con el cambio climático es todavía tema de debate en el seno de la comunidad científica. “También murciélagos, aves y muchos otros tipos de organismos terrestres y acuáticos están siendo afectados directa o indirectamente por el rápido calentamiento global”, concluye el investigador del CSIC.

 

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