Adiós al parque de los monos

Publicado el: 27 de diciembre de 2010 a las 16:23
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Adiós al parque de los monos

El zoológico de Barcelona se inauguró el día de la Merced de 1892. Veintisiete años antes, Lluís Martí-Codolar i Gelabert, ilustre prócer y banquero barcelonés, había comenzado a juntar animales curiosos en su Granja Vella, finca del Vall d’Hebron que hoy acoge un seminario salesiano. Tenía de todo, incluso avestruces, jirafas y hasta un elefante. Caído en bancarrota, Martí-Codolar puso en venta la colección en 1891. El Ajuntament de Barcelona la compró por 30.000 pesetas y la instaló en un espacio de la antigua Ciutadella, vacante tras la Exposición de 1888. Había nacido el Parc Zoològic de Barcelona, que sigue en la Ciutadella.

El zoo barcelonés ha cambiado mucho desde entonces, claro. Ha vivido etapas difíciles, como la guerra civil, con los animales desatendidos y famélicos. Y momentos de relumbrón, con la fama de su gorila albino dando la vuelta al mundo. Ahora la Ciutadella le queda estrecha y, encima, el zoo actual molesta al Parlament de Catalunya, que está justo al lado. Hay que replantearse las cosas. Algunos propusieron cerrarlo. Los animales deben vivir en libertad y, además, ya no llaman la atención, sostenían. El caso es que, determinadas especies, más que vivir, mueren en libertad. Y sí que siguen interesando: más de un millón de catalanes y forasteros acuden cada año al zoo barcelonés.



El concepto de zoo ha cambiado. Ahora responde a un espacio gratificante donde los animales viven seguros y en buenas condiciones, donde se garantiza la conservación de especies amenazadas, donde se investiga para hacer posible su reintroducción, donde se recuperan individuos que sufrieron accidentes o agresiones en libertad y donde la ciudadanía, además de esparcimiento, halla una oferta cultural especialmente fascinante para los más jóvenes. Desde luego también hay parques de feria, con animales que representan un penoso espectáculo de fauna domesticada, pero eso no son zoos.

El Ajuntament ha optado por una remodelación del zoo de Barcelona bastante singular. Reduce y mejora las instalaciones de la Ciutadella, que se dedicarán a la fauna terrestre (10 hectáreas, frente a las 13 actuales), y las complementa con nuevas instalaciones de fauna acuática, mayormente marina, que se ubicarán en el litoral, al final de la Mar Bella, en el espacio que se remodeló con el Fòrum 2004 (8 hectáreas). La correspondiente plataforma que avanza la línea de costa destinada a acogerlas ya está construida. Barcelona dispondrá pronto, pues, de un zoo de nueva generación, en dos subsedes.



Esa clase de zoológicos son otra cosa, tal como un AVE lo es respecto de un tren convencional. Son paisajes con fauna intercalada. Los recorridos permiten visiones inusuales de animales que se mueven libremente, observables desde muy diferentes ángulos, incluidos los subacuáticos. Cuentan con espacios de interpretación y pequeñas instalaciones museográficas complementarias. El nuevo zoo marino barcelonés tendrá un invernadero con mangles auténticos, manatíes, corales vivos y fauna varia de los litorales tropicales, por ejemplo. Por entero, se organizará por grandes unidades biopaisajísticas: las aguas mediterráneas, la insularidad, los bosques de algas gigantes del Pacífico, las aguas oceánicas, las aguas circumpolares o los ya citados manglares y arrecifes de coral tropicales. Las jaulas con animales alicaídos quedan ya muy lejos…

Una gran conurbación, que además vindica la capitalidad del Mediterráneo, no puede renunciar a un equipamiento de esta categoría, de igual modo que reputa de irrenunciables equipamientos culturales como CosmoCaixa, el Museu Picasso o el Museu Nacional d’Art de Catalunya. Sin los frescos románicos y las exposiciones de la Pedrera, el CCCB o CaixaFòrum, Barcelona perdería sentido e interés. A la lista, habrá pronto que añadir el nuevo zoológico, que ahora no echamos en falta tal como creíamos no necesitar CosmoCaixa cuando aún no disponíamos de un gran museo de la ciencia. Cuando Carlos III creó el zoológico de Madrid en 1770 (uno de los primeros de Europa), dotó a la ciudad de una atracción que nadie pedía entonces y de la que nadie aceptaría ahora prescindir.

El zoo marino estará al lado del nuevo Museu d’Història Natural de Catalunya, que ya se está instalando en el Edifici Fòrum. Parece que finalmente se ha encontrado un destino para ese enorme triángulo azul que cierra la Diagonal por el extremo del Besòs. Las colecciones naturalizadas de este museo, procedentes de los antiguos Museu de Geologia y Museu de Zoologia de Barcelona, se complementarán con los animales vivos y la vegetación del zoo marino. La Diagonal, pues, se cerrará con cluster museográfico de la biodiversidad. Una espléndida expectativa.

sostenible.cat

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