Un reino animal de otra época

La Sala de las Tortugas tiene catalogadas 15.000 piezas, pero sólo expone 700 y en un espacio muy reducido. Aún así, está llenas de historias. Si conocemos el idioma de la Ciencia, los animales del pasado nos cuentan que los cocodrilos se querían comer a las tortugas. Por fortuna para ellas, no en todos los casos lo consiguieron y por eso nos encontramos con un caparazón “taladrado” por el diente de uno de ellos, pero el suceso sólo dejó como secuelas heridas que cicatrizaron. Esto ocurrió hace 42 millones de años en Corrales del Vino (Zamora), cuando los cocodrilos dominaban ríos y tierras en un escenario tropical de corrientes de agua que desembocaban en lagos interiores.

La mayoría de las piezas proceden de Zamora y Salamanca y han sido recopiladas gracias al trabajo liderado por Emiliano Jiménez y varios colaboradores de dentro y fuera de la Universidad de la Universidad de Salamanca. Precisamente, los descubridores de aquella “tortuga lisiada”, Luis Alonso Andrés y su hijo, Luis Alonso Santiago, son responsables también de uno de los hallazgos más llamativos de los últimos años, el cocodrilo Duerosuchus piscator, un nuevo género catalogado a partir de un cráneo encontrado también en Corrales.

Sin embargo, los cocodrilos más abundantes son el Iberosuchus macrodon, el Asiatosuchus y el Diplocynodon. Algunos de ellos tenía como menú predilectivo una buena tortuga triturada. En la carta de sus restaurantes había platos como Neochelys salmanticensis y Neochelys zamorensis, nombres que indican claramente la procedencia de estas especies y que han sido estudiadas gracias a la labor que durante décadas ha realizado el grupo de investigadores que puso en marcha la colección.

Las joyas de la colección

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Entre las joyas están la tortuga mordida de Cabrerizos (Salamanca), la especie Allaeochelys casasecai (de Casaseca de Campeán, en Zamora) o las tortugas gigantes de Arévalo (Ávila), que seguramente nunca entraron en ningún menú por no encontrar un depredador de su tamaño. También podemos citar un curioso ejemplar de tortuga deforme que los investigadores han bautizado como “bisexual” por parecer en parte hembra y en parte macho por su cintura pélvica, un ejemplo más de cómo la lucha por la vida siempre se abre paso. Pero como no sólo de tortugas y cocodrilos vive el científico, la sala también incluye coprolitos, peces, hienas e incluso algunos esqueletos de especies actuales.

Todo este tesoro de la Paleontología nos permite conocer el pasado del reino animal, leer en sus fósiles la historia de una época muy anterior a nosotros que despierta nuestra curiosidad y nuestra imaginación. Tal vez sólo haría falta un museo bien acondicionado que volviese a “desenterrar” metafóricamente estos diamantes en bruto del conocimiento.

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