Los dinosaurios tenían la misma temperatura corporal que los humanos de hoy

El hallazgo, publicado en la revista ‘Science’, se ha logrado a través de los dientes de los dinosaurios. Concretamente, se analizó el esmalte de once piezas fosilizadas halladas en Tanzania y Estados Unidos, pertenecientes a las especies ‘Brachiosaurus brancai’ y ‘Camarasaurus’. Ambas pertenecen a los saurópodos, los herbívoros del período Jurásico, caracterizados por tener la cola y el cuello largos.

   Tras el análisis de los dientes, los científicos descubrieron que el gigantesco braquiosaurio, que se estima rondaba las 40 toneladas, tenía una temperatura corporal de 38,2ºC, mientras que el camarasaurio, de 18 toneladas, registró 2,5 grados menos. Los expertos observaron que, «independientemente del tamaño del animal, sus temperaturas son muy cercanas al promedio de los seres humanos, que es de 37 grados».

   Uno de los autores del estudio, el geoquímico John Eiler, ha explicado que se trata «de la primera vez que se mide este valor en dinosaurios» y ha explicado que, para lograrlo, los expertos se han basado en el principio químico de los isótopos –átomos de un mismo elemento pero con diferente cantidad de neutrones y, por tanto, distinto peso–. Este principio señala que los isótopos tienden a aglutinarse con otros de similar peso y que la fuerza de esos vínculos ente ellos varía según la temperatura a la que se hayan unido.

   Eiler ha apuntado que este proceso de agrupamiento «es más fuerte a temperaturas bajas y luego, a medida que aumenta la temperatura, los isótopos tienden a diseminarse dentro de la molécula o las estructuras que los contienen». «Este proceso permite conocer a qué temperatura se formó la molécula», ha apuntado el científico.

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   Así, estudiando los isótopos de carbono y oxígeno del esmalte dental, más concretamente de la bioapatita, un mineral que se encuentra en huesos y dientes, los científicos llegaron a cifras precisas. Aún así, Eiler ha apuntado que todavía «no se sabe con certeza si eran de sangre caliente o fría pero capaces de mantener temperatura estable por su volumen».

   Los animales de sangre caliente, como los mamíferos actuales, son capaces de autorregular la temperatura de sus cuerpos y mantenerla constante, mientras que los de sangre fría, como los reptiles, requieren fuentes externas de calor para mantener su metabolismo y poder desarrollar cualquier actividad o movimiento.

   Hasta la década de los años 60, la teoría más aceptada en el mundo científico era que los gigantescos animales prehistóricos se movían con esfuerzo y lentitud porque tenían sangre fría y requerían de calor acumulado que perdían por las noches o durante los inviernos. Ahora, esta teoría se ha reafirmado como falsa.

   Ahora, los científicos proponen estudiar a dinosaurios de menor tamaño para determinar su temperatura y poder comparar con las especies más grandes que poblaron el planeta.

ECOticias.com – ep

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