Suena raro pero la ciencia lo avala: cada vez que tu perro se mueve el aire de tu casa empeora y afecta a tu organismo

Publicado el: 12 de marzo de 2026 a las 09:39
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Perro bajando unas escaleras en casa, relacionado con un estudio que analiza cómo los perros afectan la calidad del aire interior.

Si convives con un perro, conoces la escena cuando llegas a casa, te tiras en el sofá y tu compañero de cuatro patas se sacude, se rasca y viene directo a por caricias. ¿Te has parado a pensar qué pasa con el aire del salón en ese momento? Un nuevo estudio liderado por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) ha medido qué gases, partículas y microbios liberan los perros en interiores y concluye que, en varios contaminantes clave, las mascotas pueden influir en la calidad del aire de casa tanto como una persona adulta.

Para conseguirlo, el equipo trabajó con dos grupos de perros dentro de una cámara ambiental en Friburgo. Tres ejemplares grandes y cuatro chihuahuas compartieron ese espacio con sus dueños, mientras sensores de alta precisión registraban dióxido de carbono, amoniaco, partículas y microorganismos presentes en el aire.



Los resultados muestran que un perro grande en reposo puede emitir aproximadamente la misma cantidad de CO₂ y de amoniaco que un adulto. Este gas se genera al digerir proteínas y se libera a través de la respiración y de la piel, algo que encaja con lo observado por el equipo suizo y por otros medios que han difundido el trabajo.

La clave no está solo en lo que exhalan, sino en lo que levantan. Cada vez que los animales se sacudían, se rascaban o recibían mimos, los sensores detectaban ráfagas de contaminación dentro de la cámara con una mezcla de polvo y microbios que viajan pegados al pelo. En esas condiciones, los perros grandes llegaron a liberar entre dos y cuatro veces más microorganismos que la persona que compartía habitación con ellos, mientras que los más pequeños, más nerviosos y activos, generaban más partículas finas en suspensión.



Otro punto llamativo tiene que ver con el ozono, un contaminante que puede entrar desde la calle o producirse por aparatos domésticos como algunos purificadores o impresoras. En las personas, ese ozono reacciona con las grasas de la piel y forma nuevas sustancias y partículas ultrafinas. Los perros no producen exactamente las mismas grasas, pero sí acumulan restos de nuestra piel en el pelo cuando los acariciamos, y ese material también reacciona, aunque el estudio indica que incluso así los animales generaron de media alrededor de un cuarenta por ciento menos de derivados del ozono que los humanos.

¿Es todo esto una mala noticia para quienes comparten piso con un perro? No necesariamente. Los investigadores recuerdan que una mayor diversidad microbiana en el hogar no es en sí negativa y que algunos trabajos previos relacionan la convivencia temprana con perros con un menor riesgo de asma en la infancia, aunque los efectos concretos dependen de cada persona y de si existe alergia previa.

En España este tipo de resultados no son un tema menor. A mediados de 2023 había registrados más de diez millones de perros y unos 1,8 millones de niños de entre 0 y 4 años, según la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC) y el Instituto Nacional de Estadística (INE). Eso se traduce en millones de hogares en los que la calidad del aire interior ya no depende solo de la cocina, el tráfico o la factura de la luz, sino también de lo que hace el miembro peludo de la familia. No es poca cosa.

En la práctica, el mensaje no es sacar al perro del salón, sino ajustar mejor los hábitos. Ventilar con frecuencia, utilizar aspiradores con filtro HEPA, lavar con regularidad las mantas y camas del animal y evitar el humo del tabaco ayuda a mantener a raya el exceso de partículas y gases, algo especialmente relevante en casas donde viven personas con asma o alergias, y que encaja con la visión de la salud ambiental que recoge el Día Mundial de la Salud Ambiental 2025.

Como resume el investigador Dusan Licina, las mascotas forman parte de nuestro entorno interior y conocer mejor lo que aportan al aire permite construir modelos y estrategias de ventilación más realistas «sin culpar a los animales ni desanimar a quienes conviven con ellos». En otras palabras, nuestros mejores amigos también remodelan el aire de casa y ahora la ciencia empieza a medirlo con detalle.

El estudio científico completo ha sido publicado en larevista Environmental Science & Technology

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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