Un lugar para estudiar la Tierra primitiva

Ambas líneas de investigación buscan laboratorios naturales en la Tierra, ambientes actuales que muestran las condiciones que existieron durante la historia temprana del planeta y que se supone además existen o existieron en otras regiones del sistema solar.

Un laboratorio natural

Fernando Gómez trabaja en la Laguna Negra que forma parte del Complejo Salino de la Laguna Verde, localizada en la Puna de la Provincia de Catamarca. Estas lagunas se formaron luego de la última glaciación y desde entonces han sufrido intensa evaporación dada la extrema aridez, las temperaturas extremas (que van desde los –30 a los 25 grados) y la altura (4500 m.s.n.m.); lo cual la hace un ambiente análogo a lo que fue la Tierra primitiva.

Por esta razón fue el lugar elegido por el equipo que trabaja con Gómez en el Laboratorio de Análisis de Cuencas (LAC) del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (CICTERRA) de Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba.

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“En mi trabajo de campo tomo muestras de sedimentos, de agua, de precipitados minerales y muestras biológicas de matas o tapetes microbianos. En general son muestras biológicas y geológicas. Las estructuras que observo en los precipitados minerales son muy similares a las que se conocen como registro de vida del precámbrico. Yo estoy tratando de ver qué influencia tiene la actividad microbiana en el desarrollo de estas estructuras. Uno trata de estudiar esto en ambientes actuales y después interpretar el registro y pensar cómo fue la vida primitiva o incluso cómo podría ser la vida en otros planetas”, cuenta Gómez.

Un proyecto financiado por la NASA

Luego de recibirse de Doctor en Geología en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba, Gómez trabajó en un proyecto financiado por el Programa de Biología Planetaria de la National American Space Agency (NASA) y el Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad de Tennessee para el estudio de matas microbianas de la Puna.

“Hice mi doctorado estudiando rocas sedimentarias y me interesé en las relaciones entre la actividad biológica, los sedimentos y procesos físico químicos. Empecé estudiando rocas muy antiguas y luego me interesé en estudiar los ambientes actuales para poder entender los procesos ocurriendo in situ, ahí fue cuando encontramos este lugar en la Puna de Catamarca. Allí pueden estudiarse comunidades microbianas, sus interacciones con el ambiente y su registro geológico en forma de precipitados minerales. Estudiar esos sistemas acá y entenderlos bien puede ayudarnos a comprender lo que se observa en Marte o los registros que hay por las sondas en Marte. Este es un buen ambiente para entender tanto el registro de vida primitiva en la Tierra como para lo que pudo haber existido en otros planetas”, explica Gómez.

Grandes preguntas

En la base de estos trabajos se dejan ver grandes interrogantes acerca de los inicios de la vida, su evolución y distribución en el Universo. Al respecto, Gómez opina: “Cualquier científico se hace esas preguntas; cuando uno está tratando de entender las interacciones entre a vida y el planeta, cómo la Tierra influenció el desarrollo de la vida y a su vez cómo la vida influenció las condiciones del planeta, son preguntas fundamentales. Uno empieza siempre a ir más atrás y se pregunta por el origen de todo. Existen dos hipótesis, la vida es un fenómeno único que se dio sólo aquí o es un fenómeno más común de lo que uno piensa. Las condiciones, los elementos necesarios y las fuentes de energía para que se desarrolle la vida están, son comunes a todo el universo, entonces por qué se va a haber desarrollado sólo aquí… y si únicamente se desarrolló aquí por qué sucedió así, qué fue especial de nuestro planeta para que se diera de la forma que se dio”.

Pero además de buscar respuestas a grandes preguntas el trabajo de Gómez también puede tener aplicaciones concretas. “Las aplicaciones pueden ser muchas si uno logra entender los sistemas. Por ejemplo, algunos organismos precipitan o fijan metales pesados que son contaminantes y eso hace que no queden en solución disminuyendo así su toxicidad; otros pueden secuestrar dióxido de carbono al precipitar minerales carbonaticos. Si entendemos bien este proceso podemos desarrollar una técnica para secuestrar contaminantes y mejorar el ambiente”, señala Gómez.

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