El jardín global

La Lista Roja de especies amenazadas 2006 de la UICN revela nítidamente el continuo deterioro de la biodiversidad del planeta y el impacto que tiene la humanidad en la vida sobre la tierra.  En esta lista se incluyen 16.119 especies amenazadas conocidas en todo el planeta, que corresponden a 7.725 especies animales y a 8.390 especies de plantas. Lenta pero inexorablemente, los desiertos se están quedando sin su vida silvestre diversa y especializada, la selva amazónica desaparece al mismo ritmo vertiginoso en el que engordan los beneficios de las multinacionales que lo explotan, las selvas de Borneo, África, India, el Mundo se extinguen, y con ellas miles de especies que sustentaron durante siglos, la cultura,  la economía y la medicina de sus pobladores. La extinción es irreparable y quizás esa extinción, muy seguramente, produzca estragos en la cadena alimenticia, afectando directa o indirectamente a los humanos. Por desgracia los humanos occidentales siempre tardan más tiempo en enterarse de esto que las poblaciones humildes del planeta que desaparecen tras el rastro de infertilidad que deja el Atila del primer mundo.

Salvar la diversidad biológica no puede ser tarea exclusiva de los ambientalistas; debe convertirse en responsabilidad de todos aquellos que tengan el poder y los recursos para actuar. En la actualidad los jardines botánicos de todo el mundo desempeñan un papel fundamental dentro de los diversos esfuerzos para frenar la extinción de especies, así como en la clasificación, conservación, evaluación y uso sostenido del patrimonio genético vegetal.

Un oasis de belleza

Plaza de Murillo, junto al museo del Prado, la ciudad inhóspita por su exceso de hormigón y ruido presenta al caminante un visión de oasis. En pleno corazón de Madrid se yergue un hermoso pulmón verde, una aldea global de plantas venidas de todos los rincones del planeta. No es un espejismo, al atravesar sus puertas, la belleza de uno de  los reinos más hermosos, el de los vegetales, nos inunda el iris y por unas horas la ciudad desaparece y la naturaleza nos envuelve.

Bienvenidos al Real Jardín Botánico de Madrid, bienvenidos a la biodiversidad, bienvenidos a la ciencia unida a la belleza.  250 años de historia  hacen de este lugar uno de los más visitados después del Museo del Prado, el Reina Sofía y el Museo Thyssen. Nos encontramos ante  un museo de seres vivos, ante una institución donde se conjugan la conservación, la educación y la investigación (forma parte del  mayor organismo público de investigación del país (CSIC)). Les invitamos a  descubrir el Real Jardín Botánico por dentro y por fuera, conocerlo a través de los que conservan, divulgan e investigan en este hermoso lugar.

Jardín de exhibición

Lo primero que uno se encuentra cuando cruza las puertas de Murillo son las distintas colecciones de plantas del Jardín Botánico que constituyen el fruto del trabajo de botánicos y jardineros a lo largo de sus más de dos siglos de existencia. Sus más de 3.000 especies vegetales diferentes permiten contemplar en vivo una representación de la flora del mundo, desde China hasta el corazón del desierto mexicano. Esta diversidad permite cubrir objetivos didácticos muy diferentes que se plasman en distintos recorridos autoguiados que se pueden hacer en el Jardín.  Al pie de cada uno de los ejemplares se encuentra un cartel informativo que da detalles y características principales de la especie.

El Jardín  de exhibición se reparte en varias terrazas y dos invernaderos divididos en cuatro estancias. El más moderno, el de Exhibición, tiene tres compartimentos de exigencias climáticas bien diferenciadas: tropical, templado y desértico. El Invernadero de Graells es una estructura del siglo XIX, donde se exhiben actualmente plantas tropicales, acuáticas y briófitas. El ambiente de los invernaderos es misterioso, el vao de la humedad, la respiración silenciosa de las plantas tomando oxígeno del aire y expulsando dióxido de carbono, la serenidad de las plantas del desierto, los rayos de luz atravesando miles de formas y tamaños, le hacen sentirse a uno testigo de un reino profundo y desconocido.

Exposición de otoño, autor: la naturaleza

A lo largo de las estaciones el RJB recomienda no perderse los distintos acontecimientos únicos de cada ciclo. Como decía Goethe el ser humano es el más exacto instrumento para observar la naturaleza así que afinemos la herramienta perceptual y en este mes, de entrada al otoño, no se pierdan el caer de las hojas de algunos árboles como el abedul (Betula alba) que nos indica que las plantas se preparan para la llegada del frío. También podrán encontrar colores muy vistosos como los de la Fuschsia riccartonii, y algunos bulbos otoñales como el Colchicum o la Amarillis belladona reviven ahora mostrando sus flores de color púrpura rosado. También podemos observar al alquequenje (Physalis alkekengi) con las curiosas envolturas rojas de sus que cubren sus frutos en forma de corazón.  Y si estamos despiertos notaremos  el viento fuerte del otoño dispersando las semillas de las gramíneas, como es el caso de los plumeros (Cortaderia selloana).

El Jardín que no se ve

Tras los telones donde la floresta representa su obra magna nos encontramos en este polifacético Jardín otros espacios que tejen la urdimbre de esta institución, acciones propias de esta bella ciencia de la botánica. Los botánicos afirman que es necesario conocer  para poder conservar. Y que para poder conservar hay también que  divulgar el conocimiento. Así, junto al Jardín de exhibición hay otras áreas  que el público no puede ver, pero sin las cuales los científicos no  podrían desarrollar su función. Se necesita consultar libros, también  revisar las láminas que dibujaron los antiguos expedicionarios, y, sobre  todo, colectar nuevos ejemplares y compararlos con los recolectados  anteriormente por otros investigadores.

El herbario

El Herbario del Real Jardín Botánico-CSIC es uno de los pocos del mundo que supera el millón de pliegos de plantas secas. Desde su creación en 1846, el herbario se ha nutrido con las aportaciones traídas de las expediciones científicas. Desde el siglo XVII hasta la actualidad poco ha cambiado en cuanto a los procesos de recolección y secado de las plantas. Esencialmente los científicos siguen los mismos protocolos: se colecta la planta, se anota (ahora ayudados con GPS) las coordenadas del lugar de procedencia, se identifica (si es posible con su nombre científico y el vulgar) y se prensa y seca con aire caliente. Entre los cientos de miles de pliegos que se custodian en el Herbario, las piezas más preciadas son los “tipos”, es decir, el patrón-oro a partir del cual se identificó la especie para la ciencia. El tipo es el modelo al que se remiten los botánicos de todo el mundo para comparar sus hallazgos. Hay unos 25.000 tipos en el Herbario del Hortus Regius Matritensis, que así se llama oficialmente.

La biblioteca

La biblioteca del Real Jardín Botánico es la más importante de España en lo que se refiere a libros y publicaciones en torno a la ciencia botánica. Actualmente, los fondos de la biblioteca, que están especializados en todo lo que concierne a la botánica, constan de aproximadamente 30.000 libros, 2.075 títulos de publicaciones periódicas, unos
26. 000 folletos o tiradas aparte, 3.000 títulos en microfichas, 2.500 mapas y 100 CD-ROM. La consulta de los fondos de la biblioteca es gratuita y libre para los investigadores y para el público en general, ya que sólo es necesario obtener un carné de usuario en las propias instalaciones del Real Jardín.

Para favorecer la difusión del conocimiento de la botánica, y aprovechando las nuevas tecnologías, ya está funcionando la Biblioteca digital, a la que se puede acceder desde la página web del Real Jardín (www.rjb.csic.es) .


El archivo

En lo que respecta al archivo, guarda desde 1.775 la abundante documentación generada por el propio Jardín, más la que se ha ido agregando, por depósito o donación, de las distintas expediciones botánicas de los siglos XVIII y XIX, y de algunos archivos personales. En el archivo se custodian las láminas botánicas de las expediciones científicas históricas, auténticas joyas, como las levantadas por Celestino Mutis en sus expediciones a la Nueva Granada (Colombia, Venezuela y Ecuador) a finales del siglo XVIII.

El Real Jardín Botánico de Madrid como centro de investigación

La actividad investigadora es la que hace que un arboreto o parque adquiera la condición de jardín botánico. Como en cualquier otro jardín botánico, en éste, las líneas de investigación giran en torno a lo que se conoce por Biodiversidad, esto es, biología de las especies de seres vivos orientada a estudiar su variedad, distribución y relaciones evolutivas. 

Hablamos de todo ello con Gonzalo Nieto Feliner, director del RJB desde abril del 2006. Doctor en Biología (Botánica) por la Universidad Complutense de Madrid. Ingresó en 1981 en el Real Jardín Botánico y ha desarrollado su carrera en la institución. Desde 2003 es profesor de investigación del CSIC. Desde 1994 hasta su nombramiento como director del Real Jardín Botánico fue vicedirector de Investigación del mismo.

¿Cual debería ser la función de un Real Jardín Botánico en la actualidad? ¿Qué debería ofrecer a la sociedad?

La respuesta es que no puede hablarse de una única función, sino de varias muy relacionadas. Hay tres bloques básicos en cuanto a objetivos y actividad: investigación, educación/divulgación y conservación. La investigación es el fundamento de la existencia de cualquier jardín botánico, porque el ser establecimientos científicos garantiza la calidad de la información que se ofrece y pone el énfasis en la documentación de la plantas que se cultivan (origen, identificación, y todos los datos asociados a la especie en cuestión).

La educación y divulgación son las facetas que conectan más directamente con la sociedad y quizá las que dan un mayor sentido y justificación a un jardín botánico hoy en día. No en vano, son las facetas que más se vienen desarrollando en los JJ.BB. de nuestro entorno en los últimos años. Esta faceta es diversa porque incluye desde el etiquetado y correcta identificación de las plantas vivas que el público ve, hasta la biología de las plantas que aprende en los talleres temáticos, pasando por la cartelería que da relieve y contenido a lo que representa pertenecer a una especie determinada. Pero también abarca la divulgación de la investigación científica a través de nuestra página web, exposiciones permanentes o temporales (Feria de la Ciencia, Semana de la Ciencia), conferencias, cursos, etc.

El tercer bloque es el de la conservación. Los JJ.BB. son actores destacados en la implementación de las medidas de conservación de la Biodiversidad resultantes del Convenio de Rio de Janeiro (CBD). Para canalizar este papel en conservación se suele hablar de los bancos de semillas, donde puede conservarse una parte de la variabilidad genética de las especies, particularmente las amenazadas. Pero hay otras medidas importantes que tienen que ver también con la educación y que van encaminadas a concienciar a la sociedad que se puede y debe convivir sostenidamente con otras especies en este planeta. 

¿Qué supone para la biodiversidad los derechos de propiedad intelectual, que permiten patentar las semillas?

Si no se tuviera en cuenta todo lo que rodea a esto, tal vez hasta me pudiera parecer aceptable. Pero recuerda otros intentos de adquirir derechos sobre el conocimiento científico en biología como los de patentar genes cuando se estaba secuenciando el genoma humano. Creo que es un despropósito –salvo para los beneficios económicos de las empresas implicadas—  porque se inunda el mercado de semillas de alta productividad pero muy homogéneas genéticamente, con poca atención a factores de adecuación de la planta a condiciones ambientales particulares. Esto representa un empobrecimiento de la variabilidad genética en las especies que son útiles para la especie humana y un riesgo cara al futuro porque esa variabilidad permite afrontar con más garantías cambios en condiciones medioambientales. Pero lo peor es que estas empresas introduzcan factores de esterilidad artificialmente en esas semillas para que los individuos adultos sean estériles y los agricultores dependan de tales empresas cada año. Creo que es un ejemplo magnífico de caso en el que los estados deben intervenir para impedir estas prácticas.

Una de las facetas del RJB es la conservación de la colección de plantas  vivas, ¿se nota el cambio climático a la hora de mantener los jardines?

Varios de los jardines botánicos que integramos la Asociación Ibero-Macaronésica de JJ.BB. (españoles y portugueses, incluyendo las islas atlánticas) están haciendo seguimientos fenológicos para comprobar si las épocas de floración, fructificación o brotación están registrando cambios significativos. No están elaborados aún y además pretendemos tener registros de un número mayor de años consecutivos.  Pero hay datos puntuales muy llamativos como el mantenimiento de hojas verdes a lo largo del invierno en especies caducifolias como Quercus robur o Platanus hispanica. Además, son previsibles cambios particularmente en jardines botánicos ya que las plantas no autóctonas, y la mayoría de las cultivadas lo son, suelen más reactivas, menos conservadoras, frente a los cambios de condiciones ambientales a escalas temporales pequeñas. Por ejemplo, si las temperaturas suben antes de tiempo es más probable que se desencadene la floración en plantas cultivadas fuera de su lugar de origen que en aquellas que están en su casa. 

¿Cómo investigador científico qué es el conocimiento para usted?

Los humanos tendemos a compartimentar la percepción de la realidad en mundos o aproximaciones (la filosofía, la religión, los sentimientos o la propia ciencia); el ansia clasificatoria de nuestro cerebro es insaciable. Cada uno de estas perspectivas de aproximación permiten interpretar la realidad en función de las propias reglas y asunciones y además tiene sus propios mecanismos protección (o blindaje) frente a las otras perspectivas. El conocimiento científico para mi es la forma menos distorsionada de acercarse a la realidad y es, claro, una necesidad vital.

Pero la adquisición de conocimientos –el descubrimiento de algo que tú no conoces y tal vez tus colegas de especialidad tampoco— es más que una forma de aproximarse a la realidad. Es una de las mayores satisfacciones que te da la vida a partir de cierta edad. Supongo que las raíces de esa satisfacción pueden tener que ver con la sensación breve que produce el que nuestro cerebro sea capaz de entender una pequeña parcela del mundo. Pero también contribuye el reforzar nuestra conciencia de individualidad, con la impresión, tal vez falsa pero muy humana, de que no somos simplemente un individuo más de la especie.

La investigación en el RJB

 
Según Gonzalo Nieto “Si tuviera que resumir las líneas de investigación en una frase diría simplemente que investigamos para comprender la diversidad del mundo vegetal y fúngico y las causas que lo han provocado.”  Nos vamos pues a descubrir el lado más científico del jardín, el edificio de investigación dependiente del CSIC que se encuentra en una de las esquinas superiores del Jardín Botánico. Esta es la sede en donde se desarrollan las tres tareas: Educativa, investigadora y de conservación. Ahora nos centramos en el aspecto más científico que se desarrolla en torno a dos departamentos y un banco de semillas.

El Departamento de la Biodiversidad y Conservación  trabaja en todo lo relacionado con la diversidad vegetal, en concreto de las plantas vasculares, tanto del ámbito mediterráneo como del tropical y subtropical. En la reconstrucción filogenética y estudio del papel evolutivo de la hibridación. En la biología de las plantas acuáticas. En la cartografía botánica, la conservación y gestión de zonas húmedas, la etnobotánica y la palinología…

El Banco de Germoplasma, está constituido por semillas de origen natural conocido, que  se conservan para largo plazo. Un verdadero tesoro de biodiversidad, más valioso que el oro, pues el oro no se come. Desde su fundación el Jardín Botánico mantiene un intercambio de semillas con otras instituciones de todo el mundo. A partir de 1987 con la construcción de una cámara frigorífica se mejoraron las condiciones de conservación de las semillas, donde se pueden guardar a baja temperatura, desecadas y herméticamente cerradas. Esta mejora permitió ampliar el plazo de viabilidad de las semillas, por lo que se decidió realizar campañas de recolección por todo  el territorio de la península y las islas.

Y finalmente en el Departamento de Micología, descubrimos la línea de investigación en la que como dice Blanca Landazuri, del gabinete de prensa del RJB, se revela que lo más pequeño es a veces también lo más hermoso. Hablamos con María Teresa Tellería Jorge,  anterior directora del RJB-CSIC y desde el año 1988 directora, como Investigadora Principal, del Proyecto Flora Micológica Ibérica.

¿Cómo traduciría lo que esta investigación aporta al ciudadano de a pie?

Los proyectos de investigación en el departamento de Micología se articulan en torno a las siguientes líneas: florística, sistemática, filogenia, evolución y biogeografía. Abarcan estos estudios la totalidad de los organismos que en un sentido amplio llamamos hongos, pues además de los propiamente dichos, estudiamos los Myxomycetes y los Omycetes. Si bien llevamos a cabo, por lo general, una investigación básica, no está expresamente orientada a la solución de problemas concretos o a la búsqueda de un beneficio determinado, la labor que realizamos tiene indudablemente repercusiones directas para el ciudadano pues la investigación propicia el avance del conocimiento y éste genera bienestar.

En primer lugar los hongos están en el grupo de organismos peor conocidos. Apenas si tenemos noticia del 10% de las especies que se suponen probables. A la vista de lo que hasta ahora sabemos se puede afirmar que los hongos juegan un papel fundamental en el mantenimiento de los ecosistemas, sin ellos no sería posible la vida en la tierra con la profusión de diversidad con la que la conocemos.

Su interés en la agricultura, en la arboricultura, en la piscicultura, en la industria alimentaria, farmacéutica, cosmética, en la fabricación de pasta de papel o en la industria turística, en la gastronomía, en la sanidad o directamente en la investigación incluso en otros campos de la biología algo alejados del nuestro como la microbiología o de la biomedicina son algunos son algunos de los aspectos en los que los hongos influyen directamente en nuestra vida. Y todo esto con solo un 10% del conocimiento de las especies ¿qué será cuando logremos completar el capitulo relativo a los hongos del catálogo de la vida?. En esa tarea estamos, catalogar las especies, estudiar  su evolución y relaciones filogenéticas y analizar los patrones que rigen su distribución.

Más allá del Jardín. La conservación Ex situ

Herederos de los grandes expedicionarios de la Ilustración, los científicos del Real Jardín Botánico siguen realizando constantes expediciones para colectar nuevos ejemplares de plantas, para obtener y catalogar sus semillas, para traer pliegos de plantas secas y estudiarlos, así como para favorecer el conocimiento de su riqueza vegetal a los países menos desarrollados. En definitiva, se trata de una carrera contra el tiempo para identificar y estudiar científicamente algunas especies antes de que desaparezcan. Hablamos con

¿De que manera este tipo de expedición ayuda  a mantener la biodiversidad en el país al que viaja?

Actualmente se realizan expediciones a varios países de América Latina y África con ese interés de colaborar en el conocimiento y en la conservación de su patrimonio vegetal. Entre los países que más necesitan de la colaboración de los científicos españoles están Bolivia (donde se desarrollan periódicas campañas de recolección y una estrecha colaboración con los botánicos locales para la catalogación de su flora) y Guinea Ecuatorial. La cuantificación completa de la diversidad biológica de los bosques tropicales de lluvias es muy costosa, tanto en tiempo como en dinero, y en la actualidad esto se ha desarrollado sólo en algunas zonas o sólo alcanza a determinados grupos taxonómicos. Esta falta de conocimiento es especialmente grave si tenemos en cuenta que, aproximadamente, el 0,43% de la superficie de bosque de lluvias desaparece cada año, principalmente debido a tareas agrícolas, a lo que hay que añadir un 0,7% más provocado por las talas selectivas, lo que se traduce, en términos absolutos, en unos cinco millones de hectáreas de bosque primario que desaparecen cada año. Este desconocimiento es aún más grave en nuestros tiempos, ya que estamos inmersos en una “crisis de la biodiversidad” en la cual continuamente desaparecen especies y con ellas unos recursos de incalculable valor.

Los trabajos florísticos en las regiones tropicales, por tanto, van más allá del descubrimiento de nuevos táxones, son una herramienta imprescindible para desarrollar un uso sostenible de los recursos y la base para futuros trabajos (etnobiológicos, farmacológicos, etc. …). Dentro de los campos de acción de la taxonomía y florística los beneficios son obvios, si tenemos en cuenta los importantes avances corológicos y sistemáticos que encierran estos territorios.

La cultura científica

Hemos contemplado la enseñanza silenciosa de las flores en el Jardín de exhibición, la labor de investigación de los distintos departamentos, la conservación in situ y ex situ de las expediciones, sólo nos queda descubrir cómo se crea cultura científica alrededor de la botánica, alrededor de este reino que desaparece al ritmo implacable del progreso a ninguna parte. Hablamos con Esther García Guillén, Jefe del área de didáctica y divulgación del RJB

¿Cuáles son las herramientas que utiliza el RJB para introducir al no iniciado en este ámbito de la realidad?

«Cultura científica» es un término relativamente  moderno que, en mi opinión, resume el esfuerzo de investigadores y comunicadores por integrar la ciencia dentro de la cultura general de los ciudadanos. Últimamente el protagonismo en este sentido lo tiene la propia sociedad, que muestra un interés progresivo por el conocimiento científico, y que reclama una formación que le permita participar de forma responsable en las decisiones que nos afectan a todos, a nuestro futuro y al de nuestro planeta. Alimentos transgénicos, cambio climático, ADN, biodiversidad, etc, son términos que se han ido incorporando al vocabulario común, y es preciso que las instituciones, como los museos de ciencia, respondan a la demanda social por comprenderlos y hacerlos accesibles. En el caso del Real Jardín Botánico, como museo de ciencia, su labor de difundir la cultura botánica está además íntimamente relacionada con nuestro compromiso con la conservación y protección de la diversidad vegetal y del medio natural. Creemos que para generar actitudes conservacionistas es esencial partir del conocimiento, y sobre esta premisa, estructuramos el programa de divulgación que dirigimos al público general.

Para llevarlo a cabo contamos con unas herramientas muy efectivas: las magníficas colecciones científicas del Jardín, el propio centro de investigación botánica, uno de los más importantes del país, y un estupendo equipo de monitores. Además nos apoyamos en una valiosa cualidad de nuestros más de 400.000 visitantes; su curiosidad e interés por el mundo de las plantas. Nuestro objetivo es intentar responder a sus preguntas y que su paso por el Jardín les genere otras nuevas. Ofrecemos actividades expresamente diseñadas para los diferentes colectivos que nos visitan, como escolares, familias, adultos, niños, donde la relación con el público se establece de una manera interactiva y directa. Talleres de botánica, visitas guiadas al jardín, itinerarios autoguiados, jornadas de puertas abiertas y visitas al centro de investigación, son nuestras actividades más demandadas. También participamos en eventos de divulgación como la Semana de la Ciencia y la Feria de la Ciencia, organizados por la Comunidad de Madrid, y proporcionamos apoyo a otras instituciones que nos lo solicitan.

¿Creen que el publico que visita el RJB, y la sociedad en general es consciente de la importancia crucial que tiene las plantas para la  supervivencia del planeta tierra?

En general, creo que aunque aún no haya una conciencia clara de su importancia, de lo que representan como fuente de recursos para la vida en el planeta, sí que existe preocupación en lo relacionado con su conservación, que se plasma en la inquietud que los desastres ecológicos, como incendios, vertidos, talas, urbanizaciones masivas, etc, generan en la población. En mi opinión, en esa preocupación van por delante de las administraciones, y aunque cuesta introducir actitudes respetuosas con el medio ambiente en nuestra vida diaria, a veces lo que falla son los mecanismos institucionales para canalizar esa inquietud y transformarla en respuestas conservacionistas activas.

Llevo varias horas en el Jardín, el de adentro, el de afuera, el que se ve, el que no se ve, me siento junto al ciprés, sabio antiguo de su especie y reflexiono que son sobre todo los botánicos y las sociedades para la conservación de la naturaleza quienes son conscientes y lamentan la eliminación de muchas de nuestras plantas más raras, tales como la anémone, la fritilaria y numerosas orquídeas, la disminución de ranúnculos, margaritas mayores, campánulas, primaveras, saxífragas de los prados, narcisos trompones silvestres, en fin, de casi todo lo que antaño florecía en nuestros prados. Con cada una de ellas desaparece un canto único de la naturaleza, desaparece una forma más de esa armonía que resplandece hacia fuera en la belleza inexplicable de las flores. Desaparece no sólo una forma, un tacto, un futuro mástil, una posible casa, una medicina que cura, una comida que da fuerzas, una cultura asociada, desaparece como dice Lord Northbourne “la posibilidad de una experiencia que puede, en una medida mayor o menor, sacarnos «fuera de nosotros», al darnos un vislumbre de algo más grande que nosotros, aunque su vehículo fuera tan sólo una humilde flor”. Y en ese salirnos fuera de nosotros encontrar, quizás, la humildad necesaria para recordar que en este maravilloso tejido cósmico en el que estamos imbrincados nuestro lugar es el de guardianes, depositarios de una herencia natural que no nos pertenece, que como dice la sabiduría indígena es un préstamo de nuestros hijos.

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