Águila perdicera: el Covid disparó su éxito reproductor

Publicado el: 1 de diciembre de 2025 a las 08:54
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águila perdicera sobre un risco

Un estudio de la Universidad de Granada (UGR) concluyó que el confinamiento provocado por la pandemia de Covid-19 que redujo drásticamente la actividad humana, tuvo como consecuencia que una especie amenazada como es el caso del águila perdicera, presentara un aumento significativo en la tasa de reproducción.

En 2020, cada pareja tuvo un alto número medio de pollos nacidos, que fue el máximo registrado tras 30 años de seguimiento. Este éxito reproductivo es paralelo a la ausencia de humanos en las áreas de nidificación en las etapas más críticas, que son la incubación y el crecimiento de los pollos.



El estudio demuestra que el factor humano es la peor de las amenazas para la reproducción del águila perdicera y que su impacto es mucho mayor que las limitaciones naturales que pueden implicar la competencia por los recursos o la climatología.

Águila perdicera: el confinamiento revela su potencial reproductivo

El confinamiento por Covid durante la pandemia provocó un aumento de la reproducción de águilas perdiceras, una especie amenazada, debido a la ausencia de actividad humana durante aquella época, según una investigación de la Universidad de Granada.



Usando datos de más de 1.200 reproducciones de águilas perdiceras, los autores han evidenciado que su reproducción mejoró sustancialmente en 2020. Ese año, el número medio de pollos nacidos por pareja fue el máximo registrado en los 31 años de seguimiento.

Según José María Gil y Marcos Moleón, científicos del departamento de Zoología de la Universidad de Granada al frente de este trabajo, el confinamiento coincidió con etapas críticas de la reproducción: el final del periodo de incubación y todo el tiempo de crecimiento de los pollos en el nido.

Datos precovid, covid y poscovid para medir el impacto real

La ausencia de molestias por parte de las personas en las inmediaciones de los lugares de nidificación, dicen, se tradujo en una reproducción excepcional en estos tiempos, «pero que refleja lo que debía ser normal antes de que la presión humana alcanzara los niveles actuales«.

La investigación revela que el factor humano supone una amenaza mucho mayor para la reproducción que los elementos naturales, y que las actividades que afectan más negativamente son la caza de perdiz con reclamo y el tráfico.

 En cuanto a la caza, explican, conlleva un alto riesgo de mortalidad por disparos de águilas reproductoras, y de pollos por plumbismo o intoxicación por plomo, mientras que la segunda está relacionada con otras actividades secundarias, como el senderismo o el ciclismo de montaña.

Un estudio con 31 años de datos muestra un “baby boom” en 2020

Según los autores, desvelar el impacto real de la presencia humana en la fauna silvestre es complejo, ya que en condiciones normales no existe un punto de referencia sin actividades de las personas con el que poder comparar el alcance frente a otros posibles limitantes naturales, como las condiciones meteorológicas, la competencia con otras especies o la abundancia de presas.

En este estudio se han usado datos de tres periodos: precovid (1994-2019), covid (2020) y poscovid (2021-2024).

El análisis se basa en el seguimiento continuado de la población reproductora de águila perdicera en la provincia de Granada, que los autores iniciaron a comienzos de la década de 1990.

El trabajo, dicen, es innovador porque apenas hay evaluaciones científicas que aprovechen el confinamiento por Covid para examinar el impacto humano en Granada de la fauna silvestre, especialmente en especies amenazadas como el águila perdicera y fuera de entornos urbanos.

Medidas urgentes para conservar la especie en el sureste ibérico

Los resultados describen, entre las principales medidas a implantar para asegurar la conservación del águila perdicera en el sureste ibérico, la prohibición de la caza de perdiz con reclamo.

La regulación y control del acceso de senderistas, visitantes, ciclistas y escaladores en el entorno de los lugares de nidificación, especialmente durante el periodo de reproducción de las águilas, aproximadamente de diciembre a mayo.

Las actividades que más negativamente afectan al águila perdicera son la caza de perdiz con reclamo, puesto que puede provocar intoxicación por plomo (plumbismo) o muerte por disparos y el tráfico rodado causado por actividades como el senderismo y/o el ciclismo de montaña.

Este es un trabajo es pionero, puesto que aprovechó el cese de la actividad global por la pandemia como un experimento natural único que les permitió evaluar el impacto humano en la fauna silvestre amenazada y dar una serie de importantes y útiles consejos para la preservación del águila perdicera. Seguir leyendo en EFE / ECOticias.com