Burro zamorano leonés se reinventa para evitar su desaparición, y lo hace en un momento decisivo en el que la supervivencia de esta emblemática raza autóctona depende ya no solo de la conservación genética, sino de su capacidad para encontrar un papel económico y ecológico real en el mundo rural del siglo XXI. La XXVI Feria del Burro Zamorano leonés, celebrada este fin de semana en San Vitero (Zamora), ha servido como escaparate de esta transformación silenciosa pero estratégica, en la que un animal históricamente vinculado al trabajo agrícola tradicional busca ahora nuevas funciones que justifiquen su mantenimiento.
Lo que hace apenas unas décadas parecía una especie condenada —con apenas 1.000 ejemplares registrados en su libro genealógico— muestra hoy signos de recuperación con alrededor de 1.700 individuos, una cifra aún modesta pero significativa si se tiene en cuenta el contexto de abandono rural, envejecimiento del sector y pérdida de explotaciones ganaderas. Sin embargo, el crecimiento numérico no oculta el verdadero desafío: mantener la raza viva requiere convertirla en una oportunidad económica viable, algo que sus criadores están intentando construir a base de innovación, diversificación y aprovechamiento sostenible.
Estas iniciativas no solo buscan preservar una raza en peligro, sino también recuperar su vínculo con el medio rural.
El burro pasa así de ser un animal en declive a convertirse en un aliado frente a desafíos actuales como el despoblamiento, la pérdida de biodiversidad y el aumento del riesgo de incendios.
Burro zamorano leonés se reinventa para evitar su desaparición con nuevos usos
De animal de carga a aliado contra incendios, productor de leche y defensor del ganado: la raza resurge, pero enfrenta un grave problema de relevo generacional.
Uno de los usos más relevantes es su papel en la prevención de incendios, un problema creciente en España, donde cada año se queman decenas de miles de hectáreas. El burro actúa como desbrozador natural, consumidor de matorral y regulador de biomasa; y esto reduce el riesgo de incendios y los costes de mantenimiento forestal.
En términos económicos puede sustituir parcialmente maquinaria y reducir gastos públicos.
Otro de los pilares del nuevo modelo es la producción de leche de burra, un producto con alto valor añadido que se usa para cosmética (cremas, jabones) y alimentación especializada. Sus características hablan de alta digestibilidad y una composición similar a la leche materna.
El problema actual es su producción limitada y la falta de estructura comercial, por eso los criadores plantean una solución clave que no es otra que crear una cooperativa para comercializarla.
El dato que preocupa: menos criadores y cada vez más mayores
A pesar de la recuperación de la cabaña ganadera, el sector enfrenta un problema estructural que es el envejecimiento de los propietarios. Según el presidente de ASZAL, Víctor Casas, cada vez hay menos criadores, la edad media aumenta y hay falta de relevo generacional. Esto implica un riesgo real de desaparición a medio plazo.
Más allá de su valor económico, el burro zamorano leonés cumple funciones ecológicas esenciales como el mantenimiento de hábitats, el control de vegetación y el apoyo a la biodiversidad. Además, como herbívoro contribuye al equilibrio de los ecosistemas y en las zonas rurales es parte del paisaje y del patrimonio natural.
Uno de los aspectos más valorados por los criadores es su comportamiento ya que a diferencia de otros équidos genera fuerte vínculo con su dueño, puede seguirlo sin cuerda y presenta carácter dócil. Esto abre nuevas oportunidades como terapias asistidas, turismo rural o educación ambiental.
De la feria al futuro: genética, subastas y supervivencia económica
La conclusión es clara: sin utilidad económica no hay futuro para la raza; por eso el cambio de modelo es urgente. De animal tradicional a recurso moderno.
La feria también ha servido para mostrar el valor genético de la raza con la exposición de ejemplares, la pasarela de animales y las subastas públicas. El objetivo es mejorar la calidad genética y aumentar el valor económico.
La conclusión es clara: sin utilidad económica no hay futuro para la raza; por eso el cambio de modelo es urgente. De animal tradicional a recurso moderno.
Aun así, los expertos advierten que el futuro de la raza dependerá de un apoyo continuado, tanto institucional como social. La diversificación de usos y la valorización de sus productos son pasos clave, pero requieren inversión, promoción y una mayor conciencia sobre la importancia de conservar el patrimonio ganadero.















