Poblaciones de orcas de distinto tamaño cazan tiburones, focas y otros cetáceos y ocupan la parte más alta de la cadena alimentaria marina. No obstante, en aguas de Islandia hay un animal que puede hacer que se alejen incluso sin necesidad de atacarlas: el calderón común.
Un estudio publicado en enero de 2026 con ocho orcas marcadas, entre las que se encontraban Ariel y Javi, demostró que, al escuchar grabaciones de calderones, nadaban más deprisa, se alejaban de donde se escuchaba el sonido y nadaban de forma más cohesionada.
El pariente que las incomoda
El calderón común, también conocido como calderón de aleta larga, se trata, al igual que la orca, de un delfín de gran tamaño, aunque de menor tamaño que esta. La diferencia podría estar en el número, dado que forman grupos familiares muy cohesivos que pueden llegar a reunir decenas de individuos o incluso cientos de ellos.
Una prueba con sonidos
Anna Selbmann, de la Universidad de Islandia, dirigió el experimento que tuvo lugar en las aguas del archipiélago de las Vestmannaeyjar entre 2021 y 2023.
Los científicos colocaron dispositivos de ventosa en ocho orcas para realizar 15 pruebas, de las que ocho consistían en emitir llamadas de calderones. Todas las exposiciones duraron 15 minutos y los dispositivos de ventosa registraron sonido, profundidad y movimiento.
Las orcas cambiaron de marcha
Ante la percepción de los calderones, el promedio de velocidad de las orcas se incrementó de algo más de cinco hasta casi diez kilómetros por hora. El movimiento se tornó también más recto y orientado en el sentido opuesto al sonido.
Cuatro de ocho cambiaron de rumbo de forma clara, dos de ellas se alejaron y las otras dos aceleraron sin cambiar de rumbo de forma clara. Además, nadaron más cerca unas de otras y se alinearon más frecuentemente.
Un patrón observado durante años
La reacción es consistente con observaciones previas en Islandia, ya que un estudio hecho con datos recogidos entre 2007 y 2020 reportó interacciones en siete de cada diez días en los que coincidieron las dos especies. Durante las interacciones, los calderones se acercaban y las orcas generalmente se alejaban.
En torno a la tercera parte de las interacciones se dieron persecuciones rápidas. Además, un experimento previo mostró la tendencia contraria: cuando los calderones escucharon sonidos de orcas, se acercaban a ellos en lugar de alejarse.
La fuerza del grupo
Una de las explicaciones que puede sugerirse es la del acoso colectivo, o lo que es lo mismo, un comportamiento en el que son varios los animales los que se acercan a un depredador o rival hasta hacerle abandonar el área.
Los científicos no han constatado ataques físicos de calderones contra orcas. No parece existir un gran solapamiento en sus dietas. Es posible que intenten alejar de sus crías a un depredador ocasional, protegerlas o competir por los espacios.
Una alternativa es que las orcas quizás prefieran renunciar a enfrentarse a un grupo, ya que eso les impulsaría a gastar energía e interferiría con la caza.
Lo que falta por descubrir
El estudio presenta limitaciones. El seguimiento solo se realizó sobre ocho orcas de una población y se emplearon grabaciones de llamadas de calderones hechas en situaciones de aproximaciones de tipo hostil, de manera que otras llamadas podrían inducir una respuesta diferente (efecto de «expectativa», en la terminología de la psicología).
Asimismo, la mayoría de las orcas recuperó su comportamiento típico poco después de terminar el sonido. Los investigadores tampoco saben por el momento si estos encuentros repetidos influyen a largo plazo en su alimentación, gasto energético o uso del hábitat.El estudio principal se ha publicado en Scientific Reports.
El estudio principal se ha publicado en Scientific Reports.



