¿Tu gato pasa el día entre el sofá, la cama y sus juguetes de plástico? Un nuevo estudio con 70 gatos domésticos ha encontrado niveles medibles de bisfenol A (BPA) en casi todos los animales y, además, los que viven solo en interiores concentran bastante más que los que tienen acceso al exterior. Y eso se nota.
El BPA es un químico muy usado para fabricar plásticos duros y resinas epoxi, presente en envases de comida, botellas reutilizables, pequeños electrodomésticos, aparatos electrónicos, muebles o barnices. Su producción masiva y su capacidad para comportarse como disruptor endocrino han hecho que esté bajo la lupa de las autoridades sanitarias.
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Warmia y Mazury en Olsztyn, analizó por primera vez el BPA en pelo de gatos clínicamente sanos de entre 1 y 15 años. El pelo actúa como un registro de exposición de medio y largo plazo porque acumula el compuesto durante semanas y la toma de muestra es sencilla y poco estresante.
Los investigadores detectaron BPA en el 97 por ciento de las muestras, con valores que iban desde niveles muy bajos hasta 955,4 picogramos por miligramo de pelo. La media fue cercana a 68 pg/mg. En los gatos de exterior rondó los 26 pg/mg y en los de interior subió hasta unos 79 pg/mg.
También se observaron diferencias por edad. Los gatos jóvenes, de dos años o menos, mostraron las concentraciones más altas, los adultos las más bajas y los mayores un ligero repunte. En cuanto a la condición corporal aparecieron patrones inesperados, lo que, según los autores, confirma que aún sabemos poco sobre cómo metabolizan y acumulan este compuesto los gatos.
Aunque el estudio no midió efectos clínicos, recuerda que el BPA puede interferir con el sistema hormonal. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha reducido de forma drástica la ingesta diaria tolerable basándose en señales sobre el sistema inmunitario, mientras que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) mantiene que los niveles presentes en alimentos son seguros pero sigue revisando la evidencia. En paralelo, distintos actores políticos reclaman una eliminación más rápida del BPA en materiales en contacto con alimentos.
En la práctica, estos resultados refuerzan la idea de que los gatos son buenos “sensores vivos” de la contaminación doméstica. Revisar comederos y bebederos de plástico, evitar calentar comida en recipientes viejos, ventilar y limpiar el polvo con frecuencia y elegir productos sin BPA son pasos que, en buena parte, pueden reducir la exposición de toda la familia.
El estudio “Evaluation of Cat Exposure to Bisphenol A (BPA) Using Hair Sample Analysis” se ha publicado en la revista Animals.

















