El bacalao del Báltico está al límite: para 2027, Bruselas plantea recortes de hasta el 88 % en las cuotas de pesca del bacalao.
Los científicos alertan de que, sin frenos drásticos en las capturas, la recuperación del bacalao será del todo imposible, ya que la especie se encuentra al borde del colapso ecológico tras años de sobreexplotación y contaminación de sus aguas.
Para apaciguar a los pescadores, se han autorizado aumentos en la pesca del arenque y el espadín, especies cuyas poblaciones no están tan castigadas como la del bacalao.
A finales de octubre, la Unión Europea decidirá el futuro del Báltico: restaurar el ecosistema marino sin asfixiar a las comunidades pesqueras.
El bacalao del Báltico está al límite
La Comisión Europea empezó la semana soltando un verdadero jarro de agua fría a los armadores del Báltico: de cara a 2027 toca pescar menos bacalao. Eso sí, para disimular el golpe, han aflojado un poco la cuerda con las capturas del arenque y el espadín.
Las medidas se respaldan en los informes de los biólogos y suponen topes de captura para diez especies locales. Una propuesta que no ha sentado bien entre las comunidades pesqueras, que ven amenazado su sustento económico.
La comisión ha pactado un recorte del 88 % en la franja occidental y otro del 51 % en la zona oriental. Según la comunidad de pescadores, esto podría suponer una auténtica ruina para los barcos que dependen de este pez.
Las restricciones a la pesca accidental tampoco se mueven. En Bruselas insisten en que las reservas están tocadas de muerte y que no se pueden tomar medidas veladas.
Advierten que los márgenes para esas capturas involuntarias van a seguir cayendo en función de los balances que entregue cada país en 2025. El motivo es simple y doloroso: desde 2019 los peces no se recuperan y la paciencia de los técnicos se ha acabado.
Aun con todo, la comisión no se ha olvidado de los pescadores y ha propuesto un aumento para el arenque del Báltico central que sube un 49 %, en el golfo de Riga un 11 % y en los caladeros de Bosnia arañan un tímido 3 % más.
A esto se le suma un respiro para los barcos de espadín, que verán ampliado su margen de trabajo con un incremento del 44 % en las cuotas.
Para la platija y el salmón no hay cambios a la vista: la idea es congelar las cifras actuales tanto en la cuenca principal como en el golfo de Finlandia.
Desde la UE se defienden asegurando que el Báltico no da para más. Su estado es lamentable por la contaminación y hay que elegir entre dejar respirar al mar o arriesgarse a que no quede un solo pez que pescar.
Costas Kadis, comisario de Pesca, intentó suavizar el ambiente advirtiendo que los recortes de estos años por fin dan la razón a los científicos en algunas especies, e instó a no desviarse del camino marcado para no tirar por la borda todo el esfuerzo hecho.
Aun así, el propio Kadis admitió que no conviene lanzar las campanas al vuelo porque los biólogos no ven una recuperación clara de los ecosistemas todavía, así que toca actuar con cautela.
La batalla definitiva llegará a finales de octubre, cuando los ministros de Pesca se reúnan a negociar sobre los TAC. Lo que salga de ahí se adoptará por los Estados miembros de forma oficial durante el mes de noviembre.



