Los calamares criados desde que nacieron en agua con un pH de 7,8, similar a un escenario de acidificación previsto para finales de siglo, presentaban tras 90 días un cerebro con un 49 % menos de volumen que los animales de control. Las diferencias llegaron al 52 % en los lóbulos ópticos y al 62 % en los tractos ópticos. El tamaño corporal, sin embargo, no mostró diferencias apreciables.
El hallazgo es inquietante, pero necesita una precisión importante. Se trata de resultados preliminares presentados en un congreso y todavía no revisados por pares, por lo que no demuestran que los calamares salvajes estén perdiendo ya la mitad de su cerebro. Aun así, encajan con un estudio científico anterior del mismo equipo que detectó cambios en la caza, el metabolismo y la señalización neuronal bajo condiciones de acidificación.
No es un pulpo
El animal estudiado es Sepioteuthis lessoniana. Pertenece al mismo gran grupo de cefalópodos que los pulpos y las sepias, pero es un calamar. Esta especie habitual del Pacífico occidental está entre los invertebrados con sistemas nerviosos más complejos.
Para cazar no puede permitirse ver el mundo a medias. Sigue peces y crustáceos, calcula distancias y coordina movimientos rápidos, mientras sus cambios de color también le sirven para comunicarse. Por eso un daño en las zonas que interpretan la vista no es un detalle menor.
Así recrearon el océano futuro
Los científicos criaron ejemplares desde la eclosión en dos condiciones de agua. Una se mantuvo a pH 8,2, usada como control, y la otra a pH 7,8, un nivel empleado para simular la acidificación que podría alcanzarse hacia 2100 bajo emisiones elevadas.
Después de 90 días, analizaron las cabezas conservadas mediante resonancia magnética de difusión, una técnica que permite reconstruir los tejidos en tres dimensiones. Las diferencias aparecieron incluso después de ajustar los datos al tamaño corporal, que no mostró cambios significativos entre los grupos.
«Vi de inmediato que sus cerebros tenían la mitad de tamaño y tuve que comprobar el diagnóstico del programa. Fue una auténtica sorpresa», explicó Garett Allen, profesor de la Universidad de Acadia.
La vista recibió el golpe más fuerte
El volumen cerebral total fue un 49 % menor en el grupo expuesto al agua acidificada. Los lóbulos ópticos, que ayudan a procesar las imágenes, presentaban un volumen un 52 % menor, mientras que los tractos ópticos, las vías que transportan información visual, eran un 62 % menores.
Las pruebas previas indicaron que la respuesta visual básica de la retina se mantenía. En la práctica, el ojo podría seguir captando la luz, pero el cerebro tendría más problemas para convertir esas señales en una decisión útil, como localizar una presa y lanzarse sobre ella. Ahí está la preocupación.
Una caída de pH que engaña
El océano absorbe alrededor del 30 % del CO₂ liberado a la atmósfera. Parte de ese gas forma ácido carbónico y reduce el pH del agua, aunque el mar continúe siendo alcalino y no se vuelva ácido en sentido estricto.
Pasar de 8,2 a 7,8 parece un cambio pequeño en el papel. Pero la escala del pH es logarítmica, de modo que esa diferencia equivale aproximadamente a multiplicar por 2,5 la concentración de iones de hidrógeno asociada a la acidez. No es poca cosa.
Además, pH 7,8 no debe leerse como una cifra inevitable para cada rincón del planeta. Es un escenario experimental de finales de siglo y la química real variará según las emisiones, la región, la profundidad y las condiciones locales.
Cazar se vuelve más difícil
El nuevo escaneo ayuda a interpretar un resultado anterior. En el estudio revisado por pares publicado en enero de 2026, los calamares expuestos durante siete días a pH 7,8 fueron un 64,7 % menos propensos a intentar atacar una presa, y los criados durante 90 días en esas condiciones fueron un 42,3 % menos propensos.
Los expuestos durante siete días también tardaron unas 2,5 veces más en capturarla cuando sí iniciaban la caza. Sin embargo, su capacidad básica para responder a estímulos luminosos permaneció, lo que llevó a los autores a buscar el problema en la integración cerebral y no solo en el ojo.
El coste energético ofrece una posible explicación. Tras 90 días, el consumo de oxígeno del animal aumentó un 41 %, mientras en los lóbulos ópticos se redujo la expresión de genes vinculados con las mitocondrias y la señalización sináptica. El cerebro parece estar pagando una factura metabólica más alta, aunque todavía no se sabe si el menor volumen refleja un desarrollo limitado, daño oxidativo o ambas cosas.
El efecto puede subir por la cadena
Los calamares ocupan una posición central en muchas redes alimentarias. Comen peces y crustáceos, pero a la vez alimentan a peces grandes y mamíferos marinos, de modo que una menor capacidad para cazar o comunicarse podría mover piezas por todo el ecosistema.
¿Significa esto que los océanos perderán a sus calamares? Todavía no. El experimento se hizo en laboratorio, con una sola especie y una condición concreta de CO₂, sin reproducir al mismo tiempo todos los cambios del mar real, como el calentamiento, la falta de oxígeno o la disponibilidad de alimento.
Además, la respuesta puede variar entre especies, poblaciones e individuos. El propio estudio anterior observó una gran variabilidad en algunas medidas visuales, una señal de que no todos los animales reaccionan igual.
Lo que falta por demostrar
Las cifras del 49 %, 52 % y 62 % proceden de un trabajo en curso presentado en la conferencia anual de la Sociedad para la Biología Experimental en Florencia. Hasta que el análisis completo pase la revisión por pares, conviene tratarlas como una señal seria, no como la última palabra.
El equipo examina ahora calamares de 30 y 60 días para saber cuándo comienza la reducción cerebral. Esa cronología permitirá distinguir si el cerebro crece más despacio desde el principio o si pierde volumen después por estrés y daño celular.
Lo que el lector debe retener es sencillo. No hay pruebas de que todos los calamares estén encogiendo hoy, pero sí de que la acidificación puede alterar su conducta y su metabolismo, y ahora existe una primera señal anatómica difícil de ignorar mientras el reloj del océano sigue corriendo.
La nota de prensa oficial con estos resultados preliminares ha sido publicada por la Sociedad para la Biología Experimental en EurekAlert.



