Hace no tanto, hablar del lince ibérico era hablar de una especie al límite, con menos de 100 animales contados a principios de los años 2000. Hoy el panorama es otro. El último recuento oficial suma 2.401 linces en toda la península ibérica y, además, el mapa empieza a parecer menos fragmentado.
La idea clave no es solo que haya más linces, sino que las poblaciones se están extendiendo y se trabaja para que dejen de funcionar como “islas”. ¿Por qué importa tanto ese detalle? Porque un lince aislado puede sobrevivir, pero una población conectada tiene más opciones de mantenerse fuerte a largo plazo. Y eso se nota.
Un récord que cambia el relato
El censo de 2024 contabiliza 2.401 linces ibéricos en España y Portugal. España concentra 2.047 y Portugal 354, con un aumento del 19% respecto al año anterior, según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
Dentro de España, los números se reparten sobre todo entre Castilla La Mancha (942) y Andalucía (836). Extremadura suma 254 y Murcia aparece ya con 15 ejemplares, tras iniciar reintroducciones en 2023.
El dato que suele pasar más desapercibido también dice mucho. En 2024 se registraron 22 núcleos de presencia estable y en 17 de ellos hubo reproducción, con un total de 470 hembras reproductoras o territoriales y 844 cachorros nacidos ese año.
La península deja de ser un puzle de manchas aisladas
Una parte del cambio se entiende mejor si dejamos de mirar fronteras administrativas y pensamos en corredores naturales. La estrategia ibérica de conservación habla de “metapoblación” en algunas zonas, que es la forma técnica de decir que varios núcleos pueden funcionar como una red conectada. En el fondo, el objetivo es que haya flujo de genes y movimientos naturales entre áreas.
Ese trabajo no sale de la nada. La coordinación entre administraciones españolas y el Instituto de Conservación de la Naturaleza y los Bosques (ICNF) de Portugal forma parte del propio esquema de seguimiento y gestión, con un grupo de trabajo conjunto que sostiene el censo anual.
Además, la Unión Europea ha señalado este caso como uno de los ejemplos de recuperación apoyados por proyectos LIFE durante más de 20 años, citando iniciativas como LIFE Safe crossing (2018 a 2023) o LIFE LynxConnect (2020 a 2025). Esto no es solo dinero, es planificación para que el territorio sea más “permeable” para la fauna.
El conejo, ese detalle que lo explica casi todo
El lince ibérico no es un depredador cualquiera. Es una especie muy especializada y el conejo de monte es su presa principal, con un peso enorme en su dieta, lo que hace que la abundancia de conejo sea el factor más determinante para su presencia y su éxito reproductor.
Esto ayuda a entender por qué la recuperación ha necesitado algo más que soltar linces. En la introducción del censo se recuerda que el descenso histórico estuvo muy ligado a la persecución humana y a la escasez de conejos. Si el “supermercado” falla, da igual lo bien que esté el resto del paisaje.
Y el hábitat, aunque tiene su preferencia clara por el monte y matorral mediterráneo, no es una postal inmóvil. La estrategia recoge que puede moverse por dehesas e incluso formaciones arboladas dispersas como olivares cuando hay parches favorables y alimento suficiente. Dicho de otro modo, el paisaje cotidiano también cuenta.
El gran enemigo sigue siendo el asfalto
Hay un dato que enfría el entusiasmo, porque pone el riesgo en el sitio más cotidiano posible. En 2024 se detectaron 214 muertes de lince ibérico y 162 fueron por atropello en infraestructuras viarias, es decir, alrededor de tres de cada cuatro.
Esto explica por qué la recuperación no va solo de criar y reintroducir. También va de desfragmentar el territorio, detectar “puntos negros” y aplicar medidas que reduzcan el impacto de carreteras y otras infraestructuras, algo que el propio MITECO vincula a estrategias de conectividad y conservación aprobadas recientemente.
Si vives en una zona rural, seguramente te suene la escena. Esa carretera comarcal por la que pasas cada día, con tramos rápidos y poca visibilidad, puede convertirse en una trampa. La conservación, muchas veces, se juega en detalles pequeños, como un vallado bien puesto o un paso de fauna donde toca.
Lo que toca vigilar a partir de ahora
El censo deja claro que la tendencia es buena, pero también que aún queda camino. El propio MITECO señala que una de las metas demográficas que se manejan para hablar de “estado de conservación favorable” incluye llegar a unas 750 hembras reproductoras, y ahora mismo el conteo está en 470.
La expansión a nuevas zonas también forma parte del plan para reducir riesgos. Murcia ya aparece en el censo tras las reintroducciones iniciadas en 2023, y el ministerio indica que en 2025 se iniciaron liberaciones en Castilla y León (en el Cerrato Palentino), movimientos que buscan repartir la población y evitar que dependa de pocos núcleos.
Y luego está lo que no sale en una tabla, pero decide el resultado. La colaboración con propietarios de fincas, gestores locales y sectores del territorio es una pieza repetida en el discurso oficial, igual que la financiación europea que ha sostenido muchos de estos proyectos. Sin continuidad, el avance se vuelve más frágil.
El informe oficial del censo ha sido publicado por el MITECO.










