Sueltan 24 conejos y acaban multiplicándose por 600 millones y transformaron 5,3 millones de km² de suelo fértil en áreas degradadas

Publicado el: 7 de febrero de 2026 a las 15:31
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Ratón utilizado en estudios científicos sobre reproducción con múltiples padres y supervivencia de la especie.

Parece un chiste, pero no lo es. En 1859, la suelta de unos pocos conejos europeos en Australia, pensada para tener “un toque de casa” y algo de caza, acabó convirtiéndose en una de las invasión biológicas más dañinas del país. En su pico, las estimaciones sitúan la población en torno a 600 millones de animales, con un impacto directo sobre campos, pastos y ecosistemas enteros.

¿El resultado en la práctica? Suelo desnudo, menos vegetación nativa y más erosión. Y eso se nota.



Por qué se descontrolaron tan rápido

El conejo europeo combina dos “ventajas” para una invasión: se reproduce a gran velocidad y se adapta con facilidad. En condiciones favorables, una sola pareja puede generar una población de 184 conejos en 18 meses. Cuando además hay comida disponible y pocos depredadores capaces de frenar el crecimiento de forma constante, la expansión se vuelve explosiva.

De hecho, en apenas unas décadas los conejos llegaron a dominar cerca del 70% de la masa continental australiana (unos 5,3 millones de km²). Es una cifra tan grande que cuesta imaginarla, pero ayuda a entender por qué el problema no fue (ni es) solo rural. Afecta a paisajes completos.



Cómo degradan el suelo y la vegetación (sin que lo parezca al principio)

El daño no se limita a “se comen el pasto”. Los conejos muerden brotes y plantas jóvenes, justo la parte que permite que la vegetación se regenere. Cuando esa regeneración se rompe, el terreno pierde cobertura vegetal y queda expuesto.

Ahí empiezan los efectos en cadena: más erosión por viento y lluvia, menos materia orgánica y peor calidad del suelo. En zonas productivas, esto se traduce en pastos más pobres y más presión sobre el campo, algo que puede acabar notándose hasta en la economía local.

Para ponerlo en números sencillos, en algunas estimaciones 7 conejos equivalen a una oveja “seca” en consumo de vegetación. Parece poco, pero multiplica eso por cientos o miles de animales y el “mordisqueo” se convierte en un cambio real del paisaje.

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Vallas y virus: lo que funcionó (y lo que perdió fuerza)

Australia probó de todo. Una de las respuestas más llamativas fue la Rabbit-Proof Fence en Australia Occidental, iniciada en 1901, con tramos que superaron los 1.800 km y un sistema total que rondó los 3.256 km. Era una idea clara: frenar el avance hacia zonas agrícolas. El problema es que una barrera así exige mantenimiento constante y no evita la recolonización.

Luego llegó el biocontrol. La mixomatosis en los años 50 redujo poblaciones de forma drástica (en algunos lugares, más del 90%), pero con el tiempo apareció resistencia. En los 90 se extendió el virus de la enfermedad hemorrágica del conejo (RHDV) y, más recientemente, se han introducido nuevas variantes como RHDV1 K5 (liberado a nivel nacional en 2017) para intentar recuperar eficacia.

La lección es incómoda pero útil: esto no es un “arreglo y ya está”. Es una carrera evolutiva.

Qué conviene tener en cuenta a partir de ahora

La experiencia australiana deja una idea muy clara para la gestión ambiental: prevenir la introducción de especies cuesta muchísimo menos que contener una invasión cuando ya ocupa millones de kilómetros cuadrados. Y también recuerda algo muy cotidiano: cuando hay alimento y refugio, el rebote poblacional puede ser rápido, incluso después de grandes caídas.

El impacto sobre el campo no ocurre aislado, y se cruza con otros retos como la restauración de terreno plagas y la necesidad de recuperar la fertilidad del suelo. Al final, son piezas del mismo puzle.

El estudio y la explicación científica más reciente sobre el biocontrol y la magnitud del problema han sido publicados por CSIRO en su página sobre control biológico del conejo en Australia.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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