La manzanilla de Sierra Nevada no es una planta cualquiera. Es pequeña, aromática y vive en uno de los lugares más duros de Andalucía, donde el frío, el viento y las piedras mandan más que el calendario. Durante años se ha repetido que quedaban menos de 2.000 ejemplares. Pero el último seguimiento oficial matiza la foto y sitúa el mínimo localizado en 3.500 ejemplares adultos. La buena noticia tiene truco.
La conclusión principal es sencilla. La Artemisia granatensis ha ganado visibilidad científica gracias a nuevas prospecciones, pero sigue arrastrando amenazas muy claras. La recolección ilegal, el pisoteo, los herbívoros y la presión sobre la alta montaña siguen ahí. Por eso la literatura científica la trata como una especie críticamente amenazada y la normativa la mantiene protegida como especie en peligro de extinción.
Una joya de alta montaña
La manzanilla de Sierra Nevada, también llamada manzanilla real, es un endemismo de Andalucía. Eso significa que no aparece de forma natural en cualquier sitio, sino en un territorio muy concreto. Sus poblaciones se concentran en el Espacio Natural de Sierra Nevada, con localidades en Granada y Almería.
No hay que confundirla con la manzanilla común que se compra en bolsitas. Esta es una hierba vivaz, de apenas 5 a 12 centímetros, con flores tubulosas de color púrpura oscuro. Crece entre rocas silíceas y pastos de alta montaña, casi siempre en zonas pedregosas.
El detalle importante está en el censo. La ficha oficial más reciente recoge 95 localidades dentro de la zona protegida ZEC Sierra Nevada y estima entre unos 3.500 y 6.200 individuos. El mínimo localizado en el último censo de 2020 a 2024 fue de 3.500 ejemplares adultos. No es poca cosa.
La cifra tiene truco
¿Por qué se habla entonces de menos de 2.000 plantas? Porque esa cifra apareció en trabajos anteriores y todavía se repite cuando se resume su situación. El Inventario Español del Patrimonio Natural y la Biodiversidad recogía que los individuos contabilizados no superaban los 500, aunque la cifra real debía ser algo mayor e inferior a 2.000 por la dificultad del terreno.
La actualización oficial no dice que la planta se haya multiplicado sola de repente. En buena parte, dice que los técnicos han buscado más y mejor, también en zonas remotas. La propia ficha explica que el incremento se debe a la ampliación e incorporación de nuevas localidades.
Esa diferencia importa. Un lector podría pensar que el problema ya está resuelto, pero no es así. Algunas localidades han desaparecido y muchas siguen en estado preocupante o alarmante, sobre todo por el pisoteo, la transformación del terreno y la recolección ilegal.
La amenaza viene de lejos
La historia de esta planta es también la historia de una mala relación entre la naturaleza y el mercado. Durante siglos se le atribuyeron usos medicinales, sobre todo en infusiones para problemas digestivos, y esa reputación la convirtió en una especie buscada. El problema llegó cuando se arrancaban plantas enteras, incluida la raíz.
La revisión científica publicada en 2024 señala que la sobreexplotación ha sido el gran problema de conservación de la especie. Según ese trabajo, su uso está documentado desde la Edad Media y la presión de la recolección se hizo especialmente fuerte en los siglos XIX y XX. Al final, una planta famosa puede acabar siendo una planta perseguida.
A esa presión se suma algo más cotidiano para quien camina por la montaña. Un paso fuera del sendero puede parecer poca cosa, pero en una zona de cumbres puede aplastar ejemplares jóvenes que casi no se ven. Además, el ganado y los herbívoros silvestres consumen tallos reproductores.
El laboratorio ayuda
Aquí entra la parte esperanzadora. La conservación ya no depende solo de cerrar el monte o poner carteles, aunque esas medidas siguen siendo necesarias. Los bancos de semillas, los jardines botánicos y los protocolos para multiplicarla permiten guardar una especie cuando en el campo todo se complica.
La Universidad de Granada ya había informado de trabajos para poner en cultivo la manzanilla real y estudiar sus principios activos. En aquel proyecto se consiguió multiplicarla a partir de dos plántulas y se pusieron a punto cultivos controlados. No suena tan romántico como encontrarla entre las piedras, pero puede ser decisivo.
La ficha oficial andaluza también menciona la conservación de semillas en el Banco de Germoplasma Vegetal de Andalucía y el trabajo para crear una colección de conservación o reserva genética. En la práctica, esto significa mantener plantas fuera del medio natural para reforzar el futuro de las poblaciones silvestres si hace falta.
No basta con encontrar más
El nuevo proyecto en Sierra Nevada añade otra capa. La UGR participa en «Orgullosos de nuestras flores», una iniciativa de tres años para reforzar poblaciones de manzanilla, narciso, cineraria y tirañuela. La manzanilla es la más delicada del grupo.
Julio Peñas, catedrático de la Universidad de Granada e investigador del proyecto, lo resumió con una advertencia sencilla. «Si no hacemos nada en los próximos años, sus ecosistemas únicos podrían cambiar tal y como los conocemos». Y eso afecta a la flora, pero también a la identidad natural de Andalucía.
¿Qué puede hacer alguien que visita Sierra Nevada? Lo primero es no recogerla, ni aunque parezca seca, pequeña o abundante en una zona concreta. Lo segundo es no salirse de los senderos marcados en áreas sensibles. A veces, conservar una especie empieza por una decisión tan simple como no pisar donde no toca.
El reto pendiente
La manzanilla de Sierra Nevada sigue siendo una especie protegida, escasa y muy vigilada. El nuevo censo mejora la fotografía, pero no borra el daño histórico ni elimina el riesgo de que el mercado ilegal vuelva a apretar. La montaña no se recupera al ritmo al que la usamos.
El estudio científico de 2024 sobre la sobreexplotación de Artemisia granatensis ha sido publicado en la revista Diversity.













